Mandíbula prehistórica.

El hallazgo de Girona que cambia lo que se sabía sobre los primeros Homo sapiens en Europa

Un fósil descubierto hace más de un siglo y analizado con tecnología 3D cambia su clasificación y reabre el debate sobre la llegada de Homo sapiens al continente y su relación con los neandertales

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Un fósil hallado hace casi 140 años en Banyoles (Girona) vuelve a ocupar un lugar central en la investigación sobre la evolución humana.

La mandíbula, descubierta en 1887 en una cantera de la localidad catalana, ha sido reevaluada con técnicas de imagen y análisis morfológico de última generación.

El resultado ha llevado a un equipo internacional de investigadores a descartar que pertenezca a un neandertal y a situarla dentro del linaje de Homo sapiens, un cambio que modifica el escenario conocido sobre la presencia de nuestra especie en Europa.

Girona: un fósil que permaneció décadas bajo otra clasificación

Durante buena parte del siglo XX, la mandíbula de Banyoles fue considerada un resto de neandertal o de una población humana arcaica europea. La interpretación parecía coherente con la cronología estimada del hallazgo, ya que se pensaba que en ese periodo el continente estaba ocupado exclusivamente por neandertales.

Sin embargo, el desarrollo de la tomografía computarizada y de la morfometría geométrica tridimensional permitió reconstruir digitalmente las partes ausentes del fósil y compararlo con decenas de mandíbulas pertenecientes a distintas especies humanas.

Ese trabajo concluyó que el ejemplar carece de los rasgos anatómicos característicos de los neandertales, aunque presenta algunas particularidades poco habituales entre los humanos modernos, como la escasa presencia de mentón.

Los autores del estudio sostienen que la mandíbula representa a un individuo del Pleistoceno tardío que no puede atribuirse a los neandertales. Aunque reconocen que su anatomía conserva rasgos poco comunes, el análisis sitúa el fósil mucho más cerca de Homo sapiens que de cualquier otra población europea conocida de la época.

Una cronología que cambia el mapa de la expansión humana

Las diferentes técnicas de datación aplicadas durante las últimas décadas sitúan la antigüedad del fósil aproximadamente entre 45.000 y 66.000 años.

Esa horquilla temporal coincide con una fase clave de la expansión de los humanos modernos por Eurasia y resulta especialmente relevante porque se solapa con los últimos milenios de presencia de los neandertales en gran parte del continente.

Hasta ahora, varios yacimientos europeos habían aportado algunas de las evidencias más antiguas de Homo sapiens, entre ellos la cueva rumana de Peștera cu Oase, la búlgara de Bacho Kiro o la francesa de Grotte Mandrin.

La mandíbula de Banyoles pasa a formar parte de ese reducido grupo de fósiles que documentan las primeras poblaciones humanas modernas en Europa occidental y obliga a revisar los modelos tradicionales sobre cómo se produjo esa expansión.

Los especialistas consideran que estos resultados apuntan a un proceso de colonización mucho más complejo de lo que se creía hace apenas unos años.

En lugar de una llegada rápida y uniforme, los datos sugieren diferentes oleadas de dispersión y una mayor diversidad entre las primeras poblaciones que alcanzaron el continente europeo.

El debate sobre la convivencia con los neandertales sigue abierto

La nueva interpretación del fósil también tiene implicaciones para comprender la relación entre Homo sapiens y los neandertales.

La ausencia de algunos rasgos típicos de los humanos modernos, como un mentón claramente desarrollado, ha llevado a plantear distintas hipótesis sobre la diversidad biológica de aquellas primeras poblaciones.

Los investigadores advierten, no obstante, que el fósil por sí solo no demuestra un cruce directo entre ambas especies.

La mandíbula carece de contexto arqueológico suficiente para reconstruir con precisión la vida de su propietario y, además, todavía no ha sido posible obtener ADN antiguo que permita aclarar su parentesco genético. Por ese motivo, el trabajo defiende la necesidad de combinar futuras investigaciones genéticas con nuevos análisis morfológicos para responder a las incógnitas que aún permanecen abiertas.

El caso de Banyoles ilustra cómo un hallazgo conocido desde el siglo XIX puede adquirir un significado completamente distinto gracias a las herramientas científicas actuales.

La digitalización en tres dimensiones, las nuevas técnicas de datación y la comparación con un registro fósil mucho más amplio están permitiendo revisar piezas históricas que parecían definitivamente clasificadas.

Lejos de cerrar el debate, la mandíbula de Girona se ha convertido en una referencia para futuras investigaciones sobre los primeros humanos modernos que llegaron a Europa.

Cada nuevo estudio ayudará a definir con mayor precisión cuándo se produjo esa expansión, cómo se distribuyeron las primeras poblaciones y qué tipo de relación mantuvieron con los neandertales durante uno de los periodos más decisivos de la evolución humana.

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