Ciudad de Babilonia de fondo y en primer plano la figura de Alejandro Magno.
Alejandro Magno en Babilonia.

El misterio de la muerte de Alejandro Magno sigue sin resolverse: las teorías que dividen a los historiadores

Las fuentes antiguas discrepan sobre la fecha exacta de su fallecimiento y las hipótesis sobre la causa continúan abiertas entre enfermedades y teorías de envenenamiento

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La muerte de Alejandro Magno, ocurrida en Babilonia en el año 323 a. C., continúa siendo uno de los mayores enigmas de la historia antigua.

Más de dos milenios después, los especialistas siguen debatiendo tanto la fecha exacta de su fallecimiento como la enfermedad o las circunstancias que acabaron con la vida del conquistador macedonio cuando aún no había cumplido 33 años.

La ausencia de un heredero con autoridad suficiente para sucederle transformó aquel episodio en un punto de inflexión que cambió el mapa político del Mediterráneo y de buena parte de Asia.

Alejandro Magno: un final inesperado en el centro de su imperio

Las fuentes clásicas no coinciden plenamente sobre el día en que murió Alejandro. Mientras una parte de los autores antiguos sitúa el fallecimiento el 13 de junio, otros lo adelantan al 10 del mismo mes.

Sí existe un mayor consenso en que los últimos días del rey transcurrieron en el palacio de Nabucodonosor II, en Babilonia, ciudad que se había convertido en uno de los principales centros de su inmenso dominio.

Poco antes de caer enfermo, Alejandro había asistido a un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Los relatos conservados indican que, tras consumir abundante vino, comenzó a sentirse gravemente indispuesto.

Desde ese momento su estado empeoró de forma progresiva durante varios días, hasta que finalmente falleció sin recuperarse.

El hecho de que muriera precisamente en Babilonia ha contribuido a alimentar el interés histórico por el episodio. La ciudad representaba el proyecto político que Alejandro pretendía consolidar: un imperio capaz de integrar tradiciones griegas y orientales bajo una misma administración. Su muerte interrumpió de forma repentina ese plan antes de que pudiera completarse.

Enfermedad o asesinato: las teorías que siguen abiertas

Las causas del fallecimiento han sido objeto de debate desde la Antigüedad. Una de las hipótesis más conocidas sostiene que Alejandro fue envenenado. Autores clásicos como Justino y Curcio, además de referencias recogidas por Plutarco, relacionaron esa posibilidad con los hijos de Antípatro, entre ellos Casandro y Yolas, este último encargado de servir la bebida al monarca.

Sin embargo, buena parte de la historiografía moderna considera poco probable esa explicación. Los investigadores recuerdan que entre el banquete y la muerte transcurrieron alrededor de diez días y que no se conocen venenos disponibles en aquella época capaces de provocar un efecto tan prolongado con las características descritas por las fuentes antiguas.

Frente a la teoría del asesinato, numerosos especialistas apuntan a causas naturales. Entre las posibilidades más citadas figura una pancreatitis aguda, compatible con un consumo elevado de alcohol, aunque también se ha planteado una recaída de malaria, enfermedad que Alejandro habría padecido años antes durante sus campañas militares.

Otras investigaciones han propuesto diferentes diagnósticos, pero ninguno ha podido confirmarse de forma definitiva debido a la ausencia de restos que permitan un análisis científico.

Un legado, el de Alejandro Magno, marcado por un misterio sin resolver

La desaparición de Alejandro desencadenó una profunda crisis política. Sin un sucesor adulto que asumiera el control, sus principales generales iniciaron una larga lucha por el poder que terminó con la fragmentación del imperio en distintos reinos helenísticos. Aquella división modificó el equilibrio político del mundo antiguo durante generaciones.

Al mismo tiempo, otro interrogante permanece abierto: el paradero de su tumba. A pesar de las numerosas expediciones arqueológicas y de las distintas hipótesis planteadas durante siglos, el lugar donde descansan los restos del conquistador sigue sin localizarse con certeza.

Esa combinación de documentos incompletos, testimonios contradictorios y ausencia de pruebas materiales explica que la muerte de Alejandro Magno continúe despertando el interés de historiadores, arqueólogos y especialistas.

Más allá de las dudas sobre cómo murió, su figura mantiene una influencia excepcional por la expansión de la cultura helenística, que dejó una huella duradera en ámbitos como la política, la filosofía, el arte y la ciencia del mundo antiguo.