Petra, el templo tallado sobre la roca en Jordania.
Fachada de Petra, en Jordania.

El secreto de Petra, la capital nabatea que un explorador suizo devolvió al mundo

Cómo Jean Louis Burckhardt descubrió la ciudad secreta de los nabateos

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Entre los desfiladeros de tierra rojiza del desierto de Jordania, se esconde uno de los lugares más enigmáticos y deslumbrantes de la Historia antigua, se trata de Petra, la capital del reino nabateo.

Su nombre evoca misterio, piedra tallada y esplendor, y su Historia —que es una mezcla de leyenda y arqueología— sigue fascinando a todos aquellos que cruzan el estrecho paso del Siq para encontrarse de frente con el majestuoso Tesoro de Al-Khazneh, que se trata de la icónica fachada tallada en roca que la ha convertido en todo un símbolo universal del patrimonio humano.

Durante siglos, Petra fue mantenida como un secreto que ha sido celosamente guardado por las tribus beduinas, que conocían su ubicación exacta pero que era todo un misterio para el resto, allí entre los valles y montañas del sur jordano.

Los constantes terremotos que azotaron la región y el cambio de las rutas comerciales contribuyeron en gran medida a su abandono y al olvido. Pero aquel silencio se rompió en el año 1812, cuando un explorador suizo, Jean Louis Burckhardt, logró engañar al destino -y a sus pobladores- y descubrirla para el mundo moderno.

Burckhardt, conocedor profundo de la cultura árabe, se hizo pasar por un peregrino musulmán que acudía con el deseo de sacrificar una cabra en honor de Aarón, el hermano de Moisés, cuya tumba —según nos habla la tradición— se encontraba en una montaña cercana.

Acompañado por guías beduinos, recorrió el estrecho cañón del Siq hasta que, al final del camino, se abrió ante él, de forma majestuosa, la monumental fachada "dorada" de una ciudad perdida.

Su descubrimiento devolvió a Petra a la Historia, y desde entonces su imagen se convirtió en todo un ícono y en una de las más admiradas del mundo antiguo.

Petra, el secreto de los nabateos

Los nabateos, un pueblo árabe nómada que prosperó entre los siglos IV a.C. y I d.C., transformaron Petra en un centro comercial que un nivel o escala internacional.

Merced a su poderosa ubicación estratégica entre zonas como Arabia, Egipto, Siria y el Mediterráneo, por ella pasaban hasta siete rutas comerciales que conectaban las caravanas que iban cargadas de mercancías tales como incienso, especias, tejidos y metales preciosos.

La riqueza acumulada permitió el desarrollo de una arquitectura de tipo e ingenio monumental sin parangón, en la que templos, tumbas, teatros y viviendas fueron talladas y esculpidos directamente en la roca arenisca, de tonos rosados, naranjas y dorados, dignas de ver.

El Monasterio de Ad-Deir, con sus 47 metros de anchura y 48 de altura, y el Tesoro, tallado hace más de 2.000 años, es una de las dos obras maestras más reconocibles del conjunto arqueológico.

Pero no son las únicas pues también está el teatro nabateo, con capacidad para más de 3.000 espectadores, y el Gran Templo, que albergaba ceremonias de carácter religioso así como de reuniones políticas, demostrando el avanzado nivel de organización urbana que alcanzó la ciudad.

Historiadores del prestigio de Estrabón o Plinio el Viejo dejaron testimonio del asombro que causaba Petra en su época. La describieron como una urbe “de los muertos”, no por estar en estado de abandono, era por la magnificencia de su necrópolis real, en la que los monarcas competían por erigir tumbas cada vez más majestuosas.

Aquella rivalidad artística transformó el valle en un museo al aire libre, en el que cada fachada es una lección de historia y arte.

No obstante el esplendor de Petra comenzó a apagarse hacia, aproximadamente,  el siglo VI. Desastres como terremotos así como el desvío de las rutas comerciales hacia el mar Mediterráneo condenaron a la ciudad al olvido. Los beduinos, sabedores de su gran valor, decidieron mantener su ubicación en secreto durante siglos.

Hoy, Petra está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1985 y también fue elegida como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, de nuevo vuelve a recibir visitantes de todo el planeta, si bien es una zona, por los países cercanos, dada a los conflictos.

Petra es una mezcla de ingeniería, arte y misticismo, un lugar que sigue asombrando a arqueólogos y viajeros. Caminar entre sus cañones así como contemplar cómo el sol enciende las paredes de arenisca es poder revivir la grandeza de un pueblo que, hace más de dos mil años, talló sobre la piedra su destino.