Mujer escribiendo caracteres japoneses.
Difícil escritura japonesa.

El sistema de escritura más complejo del mundo sigue vivo: el secreto del japonés que fascina a millones

La escritura japonesa: un entramado milenario de símbolos, sonidos y significados

Actualizado:

Desde los albores de la civilización, la escritura ha sido el vehículo que ha permitido al ser humano trascender el tiempo, conservar su memoria y compartir el conocimiento.

No obstante, no todas las escrituras nacieron iguales: mientras los alfabetos simplificaron la representación del habla, otros sistemas conservaron estructuras más complejas.

Entre estos últimos, la escritura japonesa destaca como uno de los más sofisticados aún en uso, resultado de siglos de evolución cultural, adaptación lingüística e influencias extranjeras.

Antes del siglo V d. C., el japonés carecía de un sistema de escritura propio. Fue a través del contacto con monjes budistas y eruditos chinos que los japoneses conocieron los caracteres chinos, denominados kanji.

En un principio, estos símbolos fueron adoptados para registrar el idioma japonés, pero la estructura gramatical del japonés —basada en partículas y conjugaciones— pronto evidenció la incompatibilidad con el modelo puramente logográfico del chino.

De ese conflicto lingüístico surgió la creatividad. Para adaptar los caracteres a su lengua, los japoneses desarrollaron un sistema intermedio, el man’yōgana, que asignaba a ciertos kanji un valor fonético en lugar de semántico.

Con el tiempo, esta simplificación dio origen a los dos silabarios fonéticos modernos: hiragana y katakana. Así nació una de las combinaciones más singulares del mundo: una escritura que integra tres sistemas simultáneamente.

Tres escrituras, una lengua

El japonés contemporáneo utiliza kanji, hiragana y katakana, cada uno con funciones específicas que se complementan.

Los kanji representan conceptos o ideas, mientras que los hiragana indican partículas gramaticales, sufijos y flexiones verbales.

Los katakana, por su parte, se emplean para escribir palabras extranjeras, onomatopeyas y nombres técnicos.

El hiragana, compuesto por 46 signos, posee trazos suaves y curvos, descendientes directos de la escritura cursiva de los kanji. Es el sistema que todo estudiante japonés aprende primero.

El katakana, también de 46 caracteres, tiene líneas más angulares y se usa, por ejemplo, para escribir términos como (kompyūta, “computadora”).

Esta estructura triforme no solo cumple una función fonética, sino también semántica y estética. En un mismo texto, los tres sistemas pueden coexistir, generando una armonía visual que refleja la riqueza lingüística de Japón.

Kanji: la complejidad hecha símbolo

El sistema de kanji es, sin duda, el componente más complejo del japonés. Se calcula que existen más de 50 000 caracteres, aunque en el uso cotidiano se manejan unos 3 000.

El Ministerio de Educación japonés establece una lista oficial de 2 136 caracteres básicos, los Jōyō kanji, que los estudiantes deben dominar al finalizar la educación obligatoria.

Cada kanji puede tener varias lecturas: la on’yomi, basada en la pronunciación original china, y la kun’yomi, la lectura japonesa nativa.

Por ejemplo, el carácter 山 (“montaña”) puede leerse como yama (kun’yomi) o san (on’yomi), dependiendo del contexto.

Memorizar ambas formas, junto con su trazo exacto, requiere años de estudio y práctica caligráfica.

Aun así, dominar los kanji no solo es un acto académico, sino también cultural: su trazo encierra una estética ancestral que ha inspirado el arte de la shodō, la caligrafía japonesa.

Leer en japonés: un reto de miles de signos

Para leer un periódico japonés con fluidez, se necesita reconocer al menos 2 000 kanji, además de manejar con soltura los dos silabarios. En textos más especializados, como documentos históricos o literatura clásica, el número de caracteres aumenta considerablemente.

En los manga, la dificultad varía según el público. Obras infantiles como Doraemon incluyen furigana (pequeños hiragana junto a los kanji) para facilitar la lectura.

En cambio, títulos como Death Note o Detective Conan presentan vocabularios técnicos y kanji complejos, destinados a lectores más avanzados.

En las últimas décadas, el interés por la cultura nipona —impulsado por el anime, el manga y la gastronomía— ha incrementado el número de estudiantes de japonés.

En España, según datos de la Escuela Oficial de Idiomas, más de 8 700 personas se matricularon en cursos durante el curso 2020-2021, cifra que sigue creciendo cada año.

La escritura japonesa representa mucho más que un medio de comunicación: es un espejo de la historia del país, una síntesis entre tradición y modernidad.

Su complejidad, lejos de ser un obstáculo, revela la profundidad cultural de Japón y su capacidad para adaptar influencias extranjeras sin perder su identidad.

Dominarla no es tarea fácil, pero cada trazo, cada símbolo y cada lectura son una ventana abierta a una de las civilizaciones más refinadas del mundo.