Carnaval en Brasil o en Venecia, hay personas disfrazadas de forma muy colorista.
Distintos carnavales en el mundo.

El verdadero origen del Carnaval, del culto a los dioses paganos al desfile moderno

Carnaval, las raíces paganas, transformaciones cristianas y el esplendor de una fiesta universal

Actualizado:

El carnaval, una de las celebraciones más extendidas del planeta, combina elementos religiosos, culturales y populares que han evolucionado durante siglos.

Su origen se remonta a tiempos antiguos y su sentido actual sigue siendo un reflejo de cultura popular, del desahogo social y de la alegría desbordante que antecede a la Cuaresma, el periodo de recogimiento y abstinencia del calendario cristiano.

Aunque su fecha varía cada año —entre los meses de febrero y marzo—, el carnaval mantiene su estructura tradicional: comienza el jueves lardero y culmina el martes de carnaval, justo antes del Miércoles de Ceniza.

En esos días, las calles de ciudades de todo el mundo se llenan de desfiles, máscaras, música y color, recordando la antigua permisividad que caracterizaba este tiempo de excepción antes de la penitencia.

Entre lo pagano y lo cristiano

Los historiadores y etnólogos coinciden en que el carnaval conserva elementos de fiestas paganas precristianas.

Se ha relacionado con las Saturnales y Lupercales romanas, dedicadas a los dioses Saturno y Luperco, o con las celebraciones dionisíacas griegas en honor a Baco, el dios del vino.

Estas fiestas compartían un espíritu común: la inversión temporal del orden social, el desenfreno y la abundancia antes del retorno a la norma.

Durante la Edad Media, la Iglesia católica intentó integrar estas costumbres dentro de su calendario litúrgico.

Surgió entonces la interpretación de “carnem levare”, expresión latina que significaba “abandonar la carne”, en referencia a la prohibición de su consumo durante la Cuaresma.

Con posterioridad el término evolucionó hacia “carnevale” o “adiós a la carne”, consolidando la idea del carnaval como un último banquete antes del sacrificio espiritual.

Pero también existen otras teorías. El historiador suizo Jacob Burckhardt propuso en el siglo XIX que el vocablo “carnaval” derivaba de carrus navalis, una procesión romana en la que se botaba una nave en honor a Isis, diosa egipcia del mar y la fertilidad.

Esa conexión entre procesión, disfraces y simbolismo marino habría pervivido en las celebraciones medievales y modernas, especialmente en ciudades portuarias como Venecia.

El carnaval en Europa y América Latina

En Europa, el carnaval fue adoptado por distintas regiones con características propias. El Carnaval de Venecia, con sus máscaras de porcelana y trajes aristocráticos, simboliza el anonimato y la igualdad temporal entre clases.

En España, destacan los carnavales tan importantes como el de Cádiz, Santa Cruz de Tenerife, Badajoz o Las Palmas de Gran Canaria, donde la sátira política y la música popular son protagonistas.

En América Latina, la festividad adquirió un sentido distinto al mezclarse con tradiciones indígenas y africanas. El Carnaval de Oruro, en Bolivia, declarado Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, fusiona la devoción a la Virgen del Socavón con danzas ancestrales.

En Colombia, el Carnaval de Barranquilla y el de Negros y Blancos en Pasto celebran la diversidad cultural del país, mientras que en Uruguay el Carnaval de Montevideo, el más largo del mundo, combina comparsas de candombe y murga durante más de cuarenta días.

En Brasil, el carnaval es una auténtica institución nacional. El de Río de Janeiro, reconocido por el Guinness World Records como el mayor del planeta, reúne a millones de personas cada año.

Las escuelas de samba preparan durante meses sus carrozas y coreografías para un espectáculo que mezcla música, danza y competición artística.

En el nordeste brasileño, el Galo da Madrugada, en Recife, congrega la mayor comparsa del mundo, reafirmando la vitalidad de esta tradición.

Aunque el carnaval no es una fiesta religiosa en sí misma, su existencia está profundamente ligada al calendario cristiano. Su fecha depende de la luna llena posterior al equinoccio de primavera, que determina el Domingo de Resurrección, y por tanto, el inicio de la Cuaresma.

Esa relación astronómica explica su carácter móvil y su coincidencia con antiguas celebraciones del renacimiento natural.

Más allá de su trasfondo espiritual, el carnaval se ha transformado en una expresión cultural universal. En cada país, en cada región, conserva el mismo espíritu de libertad, humor y comunión colectiva.

Es el momento en que las máscaras se convierten en espejos sociales y las calles en escenarios de un teatro popular donde todo es posible antes del silencio cuaresmal.

El carnaval, heredero de ritos paganos y adaptado por la tradición cristiana, continúa siendo un símbolo de renovación y pertenencia.

Su persistencia a lo largo de los siglos demuestra que, más allá de las diferencias culturales, el ser humano necesita celebrar la vida, reír, cantar y bailar antes de volver al recogimiento.

En esa eterna danza entre el caos y el orden, el carnaval sigue siendo una de las expresiones más universales de la condición humana.