Pecio del Western Reserva partido en dos en el lecho del Lago Superior.
El Western Reserve en el fondo del Lago Superior.

El Western Reserve, el legendario barco de acero que desapareció hace 130 años en el Lago Superior

Después de 130 años, descubren el naufragio del Western Reserve, la tragedia que cambió la navegación

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El Western Reserve, considerado una joya de la ingeniería naval del siglo XIX, volvió a ser noticia tras más de 130 años de silencio. Localizado a una profundidad de 183 metros de profundidad en las heladas aguas del Lago Superior, su hallazgo arroja nueva luz sobre uno de los naufragios más enigmáticos de los Grandes Lagos.

La historia de esta embarcación, avanzada para su tiempo, mezcla la ambición industrial de la era del acero con la tragedia humana que marcó su abrupto final.

Construido en los astilleros de Cleveland en 1890, el Western Reserve representaba la promesa de una nueva era en la navegación. Fue uno de los primeros cargueros de acero en Estados Unidos, concebido para superar a los tradicionales barcos de madera que dominaban las rutas comerciales.

Con 91 metros de eslora y un diseño moderno, era el orgullo de los astilleros y todo un emblema de la revolución industrial en los Grandes Lagos.

Sin embargo, el 30 de agosto de 1892, lo que debía ser un viaje rutinario hacia Two Harbors, Minnesota, se acabó transformando en tragedia. A bordo viajaban 27 personas, entre ellas el propietario del barco, el magnate Peter G. Minch, su familia y parte de la tripulación.

Esa noche, en medio de un cambio brusco de clima, el barco comenzó a crujir. A las 9:00 p.m., el casco se partió en dos y el navío se hundió irremisiblemente en cuestión de minutos.

Solo un sobreviviente, el joven timonel Harry W. Stewart, logró llegar a la costa tras nadar durante horas en aguas gélidas. Su testimonio sería la única voz que narraría lo sucedido en aquella noche fatídica.

El acero que prometía invencibilidad

El naufragio del Western Reserve conmocionó al país. Se suponía que el acero debía ser el material del futuro, pero el colapso de esta embarcación así como el de su gemela, el W.H. Gilcher, apenas dos meses después, sembró dudas sobre su fiabilidad.

Ambas fueron construidas con acero Bessemer, una innovación que, si bien revolucionaria, tenía una debilidad crucial: la fragilidad en bajas temperaturas.

Estudios posteriores demostraron que el acero Bessemer podía volverse quebradizo debido al frío, una característica fatal para embarcaciones que surcaban las gélidas aguas del Lago Superior. La combinación de bajas temperaturas y el esfuerzo de la estructura del oleaje podría haber provocado que el casco se fracturara por completo.

Algunos expertos sostienen que el Western Reserve navegaba sin carga, solo con agua de lastre. Esa falta de peso es la que habría hecho que la estructura fuera más vulnerable a las olas, permitiendo que una gran cresta levantara el centro del barco mientras la proa y la popa quedaban suspendidas, ejerciendo una presión insoportable en su parte media.

Más de un siglo después, el equipo de la Great Lakes Shipwreck Historical Society anunció el hallazgo de este pecio. Mediante sonar de barrido lateral y vehículos submarinos operados a distancia, los investigadores confirmaron que la nave está partida en dos, con la proa reposando sobre la popa. Este hallazgo sugiere que el barco se dobló sobre sí mismo antes de hundirse.

Lo más sorprendente es el excelente estado de conservación que tiene. Algunas secciones conservan incluso rastros de pintura y objetos intactos, entre ellos la campana del barco, símbolo del último eco de su tripulación. Los arqueólogos subacuáticos planean continuar los estudios en primavera, cuando el deshielo permita nuevas inmersiones.

El testimonio que sobrevivió al silencio

El relato de Harry Stewart sigue siendo la única crónica directa de este desastre. Según su declaración, lograron lanzar dos botes salvavidas, uno de madera y otro de metal.

El primero resistió durante la noche, pero al amanecer volcó a tan solo una milla de la orilla. Exhausto, Stewart tuvo que nadar durante dos horas hasta alcanzar tierra firme. Ninguno de sus compañeros logró sobrevivir.

Su historia es hoy una pieza básica para comprender no solo la tragedia del Western Reserve, también para comprender los riesgos de una industria que, en su búsqueda de progreso, aún no dominaba los secretos del acero.

El hallazgo del Western Reserve confirma un mito largamente buscado así como reabre el debate sobre los límites de la tecnología y la ambición humana en la era industrial.

En las profundidades del Lago Superior, el gigante de acero sigue descansando, testigo muy silencioso de un tiempo en que la modernidad aún estaba aprendiendo a resistir el frío del progreso.