Gengis Kan, Alejandro Magno o Hernán Cortés: quién fue realmente el mayor conquistador de la Historia
Los tres conquistadores que cambiaron la Historia de forma muy distinta
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El fundador del Imperio mongol llevó sus campañas desde Asia oriental hasta las puertas de Europa, Alejandro acabó con el poder persa y Cortés alteró para siempre el equilibrio político de Mesoamérica. Sus conquistas fueron muy diferentes, pero las tres tuvieron consecuencias que sobrevivieron a sus protagonistas.
La historia de Gengis Kan, Alejandro Magno y Hernán Cortés está asociada a campañas militares que modificaron fronteras y derribaron poderes establecidos. Compararlos únicamente por la superficie conquistada, sin embargo, ofrece una imagen incompleta.
El primero construyó las bases de un gigantesco imperio continental; el segundo extendió el dominio macedonio hasta Asia y abrió el periodo helenístico; el tercero fue una figura decisiva en la caída de México-Tenochtitlan, aunque su victoria resulta imposible de explicar sin las alianzas con pueblos indígenas enemigos del poder mexica.
Gengis Kan levantó las bases de un imperio continental
Temüjin, posteriormente conocido como Gengis Kan, consiguió unificar bajo su autoridad a grupos mongoles que hasta entonces habían estado divididos. En 1206 fue reconocido como gran kan y comenzó una expansión que convirtió a los mongoles en una potencia capaz de combatir simultáneamente en escenarios muy alejados.
Sus ejércitos avanzaron sobre territorios de China y Asia Central y destruyeron el poder de la dinastía corasmia. Cuando murió en 1227, durante una campaña militar, el territorio sometido a los mongoles se extendía desde Asia oriental hasta regiones próximas a Europa.
El imperio continuaría creciendo con sus sucesores hasta convertirse en el mayor imperio terrestre contiguo de la historia.
Una de las claves estuvo en una organización militar especialmente eficaz para recorrer enormes distancias. La caballería proporcionaba movilidad, pero los mongoles también fueron incorporando técnicas y medios para atacar ciudades fortificadas, algo imprescindible cuando sus campañas abandonaron las estepas.
La conquista estuvo acompañada por episodios de extrema violencia y destrucción. Al mismo tiempo, el espacio político creado por los mongoles terminó favoreciendo las comunicaciones y los intercambios comerciales entre regiones de Eurasia que hasta entonces habían mantenido relaciones mucho más difíciles.
Alejandro Magno destruyó el Imperio persa en apenas unos años
Alejandro III de Macedonia heredó el trono en 336 a. C. y poco después emprendió la campaña contra el Imperio aqueménida. Sus victorias en Asia Menor y en Issos abrieron el camino hacia el corazón de los dominios persas, pero el enfrentamiento decisivo llegó en Gaugamela, en 331 a. C.
La derrota de Darío III permitió a Alejandro hacerse con centros fundamentales del poder persa. Sus campañas continuaron hacia el este y alcanzaron el noroeste del subcontinente indio. Cuando murió en Babilonia en 323 a. C., con 32 años, había creado un dominio que se extendía desde Macedonia y Egipto hasta zonas de Asia Central e India.
Su imperio político no sobrevivió unido. Tras su muerte, sus generales terminaron repartiéndose los territorios. Lo que sí perduró fue la profunda transformación cultural desencadenada por aquellas conquistas.
La expansión de la lengua y las formas culturales griegas, combinadas con tradiciones locales, dio paso al mundo helenístico. Ese legado explica por qué la importancia histórica de Alejandro no depende únicamente de los kilómetros recorridos por sus ejércitos.
Hernán Cortés y unas alianzas indígenas decisivas en México
La expedición encabezada por Hernán Cortés desembarcó en las costas mexicanas en 1519. Frente a la imagen de un reducido grupo de españoles derrotando por sí solo a un gran imperio, las investigaciones históricas permiten reconstruir un escenario bastante más complejo.
Cortés estableció alianzas con comunidades enfrentadas al dominio de Tenochtitlan. Entre ellas destacó Tlaxcala, que primero combatió contra los españoles y después se convirtió en uno de sus principales apoyos militares. La presencia de estos contingentes indígenas resultó fundamental durante la campaña. Las propias fuentes históricas describen fuerzas compuestas por españoles y miles de aliados nativos.
Después de la retirada española de Tenochtitlan en 1520, Cortés reorganizó sus fuerzas y regresó. El prolongado asedio terminó el 13 de agosto de 1521 con la caída de la capital mexica.
A diferencia de Gengis Kan o Alejandro, la relevancia histórica de Cortés no procede de haber construido personalmente un territorio comparable a sus enormes imperios. Su importancia está vinculada a un proceso de conquista y colonización mucho más amplio que incorporó buena parte de América a la Monarquía Hispánica y transformó de manera irreversible las sociedades del continente.
Las tres trayectorias muestran así escalas y contextos difícilmente equiparables. Gengis Kan sobresale por la extraordinaria expansión iniciada bajo su mando; Alejandro, por destruir el Imperio aqueménida y favorecer la formación del mundo helenístico; y Cortés, por su papel en una conquista de México en la que españoles y numerosos aliados indígenas modificaron el mapa político de Mesoamérica.