Hatshepsut y las riquezas traídas del país de Punt.

Hatshepsut envió cinco barcos a una tierra misteriosa y regresaron a Egipto cargados de auténticos tesoros

Los relieves de su templo de Deir el-Bahari todavía conservan el extraordinario relato del viaje

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La historia de Hatshepsut no se explica únicamente por haber alcanzado el máximo poder en el antiguo Egipto. Durante su gobierno, en la dinastía XVIII, la faraón impulsó una expedición hacia Punt, una tierra cuya ubicación exacta continúa siendo discutida y que proporcionaba materias primas especialmente valiosas.

El viaje quedó inmortalizado en los relieves de su templo funerario de Deir el-Bahari, en la antigua Tebas, convirtiéndose en un excepcional testimonio de los contactos comerciales egipcios con territorios situados más allá de sus fronteras.

Hatshepsut había llegado al poder después de ejercer como regente del joven Tutmosis III. Hija de Tutmosis I y esposa de Tutmosis II, terminó adoptando plenamente los atributos de la realeza.

Las piezas procedentes de su templo conservadas por el Metropolitan Museum de Nueva York documentan esa evolución y su utilización del nombre real Maatkare.

Su etapa en el poder también dejó una intensa actividad constructiva. Además de su monumental complejo funerario, promovió obras vinculadas al culto de Amón. Sin embargo, la expedición a Punt ofrece otra perspectiva de su reinado: la de un Egipto interesado en asegurar el acceso directo a productos que tenían un enorme valor económico y religioso.

Cinco barcos rumbo a una tierra todavía difícil de situar

Punt no era un territorio desconocido para los egipcios. Existían contactos anteriores, pero durante el reinado de Hatshepsut se organizó una nueva misión que los relieves de Deir el-Bahari presentan con extraordinario detalle.

La expedición estaba compuesta por cinco embarcaciones de grandes dimensiones, equipadas con remos y velas. Tras alcanzar Punt, la delegación egipcia entró en contacto con sus habitantes y con el gobernante local, Parehu. En las escenas aparecen también soldados y el responsable de la misión, Nehesy.

Determinar dónde estaba Punt continúa siendo uno de los problemas históricos asociados al episodio. Su relación con el mar Rojo y los productos representados ha llevado a buscarlo en el noreste de África, con propuestas que apuntan hacia áreas de las actuales Eritrea, Etiopía, Somalia o Sudán. La identificación exacta, sin embargo, no está definitivamente resuelta.

Los propios relieves aportan pistas. Representan viviendas elevadas, habitantes locales, vegetación y fauna, además de numerosas especies marinas observadas durante el trayecto.

El incienso era uno de los grandes objetivos del viaje

Los barcos no habían recorrido aquella distancia únicamente para establecer relaciones diplomáticas. Punt proporcionaba bienes difíciles de conseguir en Egipto y algunos resultaban esenciales para las prácticas religiosas.

Entre ellos destacaban el ébano, el marfil, el oro, pieles y animales exóticos. Pero uno de los productos más apreciados era el incienso, empleado en los rituales de los templos. Su dimensión religiosa ayuda a comprender el interés de la monarquía por garantizar su suministro.

La expedición consiguió algo especialmente llamativo: transportar árboles productores de resinas con sus raíces para llevarlos a Egipto. Los relieves muestran a varios hombres cargando estos ejemplares con la intención de trasladarlos vivos.

No se trataba, por tanto, simplemente de llenar las bodegas con mercancías. La operación pretendía llevar hasta territorio egipcio una fuente directa de un producto estrechamente relacionado con el culto.

Hatshepsut convirtió el viaje en una imagen de su poder

El regreso proporcionó a la faraón algo más que materias primas. Deir el-Bahari convirtió aquella expedición comercial en un relato político destinado a permanecer visible en uno de los edificios más importantes de su reinado.

Las paredes muestran barcos, cargamentos, árboles, peces y encuentros entre las delegaciones. Esa riqueza de detalles ha hecho de las escenas de Punt una de las representaciones más conocidas del complejo funerario.

El propio templo reforzaba la posición de Hatshepsut. Su santuario principal estaba dedicado a Amón-Ra y el programa monumental vinculaba estrechamente a la soberana con el dios de Tebas.

Las estatuas del recinto llegaron a representarla con elementos tradicionales de la iconografía masculina del faraón, entre ellos la barba postiza.

En ese escenario cuidadosamente construido, el viaje a Punt funcionaba también como demostración de capacidad para alcanzar territorios lejanos y obtener recursos extraordinarios.

Más de tres milenios después, aquellas imágenes siguen ofreciendo una ventana excepcional a las rutas comerciales y a las ambiciones políticas del Egipto de la dinastía XVIII.

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