Hertha Ayrton, la pionera británica que iluminó el mundo y enfrentó el machismo científico
Así fue la increíble vida de Hertha Ayrton, la mujer que revolucionó la electricidad
Nacida como Phoebe Sarah Hertha Marks el día 28 de abril de 1854 en Portsea, Hampshire, Hertha Ayrton creció en una familia humilde de inmigrantes judíos polacos. Su padre era el relojero Levi Marks, que falleció cuando ella tenía siete años, dejando a su madre, Alice Theresa Moss, embarazada y con siete hijos que mantener.
En medio de la pobreza, Hertha descubrió a edad muy temprana una pasión insaciable por el conocimiento, una curiosidad que acabaría cambiando el rumbo de la física y la ingeniería eléctrica en el siglo XIX.
Educada por su tía Marion Hartog, directora de una escuela en Londres, la joven Hertha se formó en en materias tales como las matemáticas o el latín, materias que entonces se reservaban a los hombres.
A los dieciséis años ya trabajaba como institutriz, ayudando a su familia con su dinero, con su salario. Su entorno intelectual se amplió al conocer a la familia del pensador Karl Blind, cuyos debates políticos y culturales fueron una inspiración para ella un fuerte sentido de justicia social.
Su hija, Ottilie Blind, la apodó “Hertha”, inspirándose en una heroína feminista que desarrolló su obra en la literatura sueca.
Merced al apoyo de la sufragista Barbara Leigh Smith Bodichon, Hertha consiguió ingresar en el Girton College de la Universidad de Cambridge, en el que estudió matemáticas.
Si bien se graduó con distinciones, la universidad se negó a otorgarle un título formal por el simple hecho de ser mujer. Este agravio simbolizó las barreras a las que se enfrentaban las científicas victorianas, relegadas a la invisibilidad pese a sus méritos.
Su espíritu creativo la llevó a inventar un divisor de líneas, un instrumento de una enorme utilidad en el dibujo técnico, que fue exhibido en la Exposición de Industrias de Mujeres.
La electricidad y Hertha
Poco después, su destino se cruzó con el del profesor William Edward Ayrton, que se trataba de un reconocido experto en electricidad. Se casaron en el año 1885, y la colaboración científica entre ambos se convirtió en una de las más fructíferas de la época, si bien Hertha siempre luchó por conservar su independencia intelectual.
En el año 1893, durante un experimento doméstico con el arco eléctrico —que se tarta de una fuente de luz brillante utilizada en la iluminación pública—, Hertha hizo un hallazgo que resultaría decisivo.
Observó que el característico silbido del arco no se debía a lo que se creía que era la evaporación del carbono, como se creía, era debido a su oxidación. Esta observación permitió mejorar la estabilidad y eficiencia de las lámparas eléctricas.
Esto sería un avance básico en la electrificación moderna. Publicó sus resultados en The Electrician en el año 1895, y en 1899 se convirtió en la primera mujer en presentar un artículo ante la Institución de Ingenieros Eléctricos (IEE), en la que más tarde sería admitida como miembro.
Sus méritos científicos se vieron acompañados por un firme compromiso feminista. Era una amiga cercana de Marie Curie, Hertha defendió públicamente el reconocimiento al inmenso trabajo de las mujeres científicas.
Denunció pública y enérgicamente que los logros de Curie fueran atribuidos exclusivamente a su esposo, y recordó a todos que “los errores que favorecen a los hombres sobreviven más que los hechos que exaltan a las mujeres”.
Hertha registró 26 patentes a lo largo de su vida, muchas eran innovaciones en lámparas de arco, electrodos y dispositivos de ventilación.
Durante la Primera Guerra Mundial, adaptó sus estudios sobre fluidos de cara a poder crear un abanico antigás, utilizado en las trincheras del frente occidental para disipar gases tóxicos.
Pero hay que destacar que el Ministerio de Guerra rechazó inicialmente su idea, finalmente se fabricaron más de 100.000 unidades, conocidas en aquel momento como los “Ventiladores Ayrton”.
Tras la muerte de su esposo en el año 1908, continuó investigando de forma intensa e independiente sobre las corrientes de aire y los vórtices, aplicando sus teorías al control de miasmas y a la higiene pública.
Hasta el final de su vida, permaneció activa en el movimiento sufragista así como la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, convencida de que el progreso científico debía ir acompañado de justicia social.
Hertha Ayrton falleció el 26 de agosto del año 1923, víctima de una septicemia. Su herencia ilumina la Historia de la Ciencia como ejemplo de resistencia, de interés, de rigor y audacia intelectual.
En una época que negaba repetidamente los títulos a las mujeres, ella se ganó con méritos propios un lugar en el panteón de los grandes innovadores de la humanidad.