Iglesia de la ciudad de Hunacti y al fondo una pirámide.
Ciudad de Hunacti.

La ciudad perdida de Hunacti, el enclave maya que resistió al dominio español

La estructura urbana de Hunacti refleja un proyecto ambicioso a fin de fundar un centro cristiano sobre los restos de una civilización milenaria

Actualizado:

En el corazón de la península de Yucatán, un hallazgo arqueológico ha reescrito un capítulo poco conocido de la colonización americana. Los investigadores han localizado los vestigios de Hunacti, una ciudad fundada en el año 1557 y abandonada apenas quince años después.

Aunque su nombre rara vez aparece en las crónicas coloniales, eclipsado por urbes más importante y duraderas como Maní o Tixmehuac, las excavaciones recientes han revelado un escenario donde se cruzaron la resistencia de los mayas, los proyectos evangelizadores franciscanos y los procesos de adaptación cultural que marcaron los primeros años del dominio español.

Hunacti nació como parte del circuito misionero que fue impulsado por los franciscanos en el siglo XVI. Sus habitantes fueron reubicados desde comunidades cercanas, incluyendo la encomienda de Tixmehuac, en un proceso que buscaba concentrar la población indígena para potenciar y facilitar la evangelización.

Pero la ciudad tuvo una vida efímera y hacia 1572 o 1582, sus pobladores la abandonaron, posiblemente siguiendo órdenes religiosas.

El declive coincidió con un período de catástrofes naturales y sociales tales como sequías, epidemias, hambrunas y plagas azotaron Yucatán durante las décadas de 1560 y 1570.

Los registros históricos mencionaban una gran hambruna en el año 1572 que habría precipitado el fin del asentamiento. El esplendor inicial de Hunacti se consumió rápidamente bajo la presión mezclada del clima, la miseria y el control eclesiástico.

Escenario de persecuciones religiosas cristianas

Hunacti también fue escenario de algunos de los episodios más negros, más oscuros de los juicios por idolatría organizados por fray Diego de Landa.

Entre los años 1557 y 1561, su cacique Don Juan Xiu fue acusado de realizar sacrificios humanos y murió bajo tortura junto a otros ocho hombres.

Los procesos continuaron durante la década siguiente pues en 1565, el cacique Hernando Xiu fue castigado por idolatría, y en 1570, otro líder local recibió cien azotes.

Uno de los sucesos más extraños ocurrió en el año 1561, cuando se halló el cuerpo de un recién nacido con supuestas marcas de estigmas de Cristo. Aunque un fraile descartó el milagro, el caso fue utilizado por Landa para justificar la violencia del auto de fe de 1562.

Estos episodios muestran la tensión permanente entre la fe impuesta y las creencias ancestrales que tenían los mayas se resistían a abandonar.

La estructura urbana de Hunacti refleja un proyecto ambicioso a fin de fundar un centro cristiano sobre los restos de una civilización milenaria.

La iglesia colonial, levantada en el corazón de una plaza monumental prehispánica, construyéndose junto a una pirámide de veinte metros y un edificio administrativo maya.

Si bien seguía modelos europeos —con bóveda de cañón y también sacristías laterales—, su orientación respetaba el trazado indígena, que era un gesto simbólico de convivencia entre dos tradiciones.

Alrededor de la plaza se levantaron tres residencias de élite con muros de piedra y cal. La más imponente, la Casa 1, pudo ser de Juan Xiu. Estas construcciones revelan cómo los líderes mayas adoptaron símbolos arquitectónicos coloniales a fin de poder negociar poder con los franciscanos, sin renunciar del todo a su identidad ancestral.

Pese al control religioso, los arqueólogos han hallado abundantes incensarios en forma de efigie en el interior de las viviendas y la iglesia, testimonio de que los rituales mayas persistieron incluso tras los juicios por idolatría.

Más de setenta fragmentos de incensarios tipo Chen Mul fueron recuperados en diferentes niveles de ocupación, algunos depositados intencionadamente en contextos rituales.

Estos hallazgos sugieren que, lejos de desaparecer, la religiosidad indígena se adaptó al marco cristiano, manteniendo prácticas de tipo simbólico que expresaban resistencia y continuidad cultural.

La vida material en Hunacti fue modesta pero contaba con una iglesia monumental, caballos y un cacaotal de élite, la mayoría de los utensilios eran de tradición maya.

Apenas se hallaron cerámicas europeas y los alimentos provenían de la caza y la pesca local tales como el venado, pecarí, tortuga e iguana. La autosuficiencia fue la norma, reforzando la independencia económica de la comunidad pero limitando mucho su integración en el sistema colonial.

La breve existencia de Hunacti no representa un fracaso, sino una estrategia de autonomía frente al poder colonial. Los arqueólogos interpretan el abandono no como un colapso más bien como una decisión consciente de los mayas para preservar sus costumbres y escapar del control eclesiástico.

En apenas quince años, Hunacti pasó por las etapas de fundación, auge, persecución, resistencia y abandono. Su historia da una ventana única para entender cómo las comunidades indígenas enfrentaron el choque cultural de la conquista, manteniendo vivas las tradiciones mientras desafiaban, silenciosamente, el dominio español.