Atardecer en Giza, se ven las tres pirámides, Keops, Kefrén y Micerinos.
Pirámides de Giza, en Egipto.

La Gran Pirámide podría tener 12.000 años, el estudio que pone en jaque toda la historia de Egipto

Un investigador español asegura que la Gran Pirámide no fue obra de los faraones

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La Gran Pirámide de Guiza, atribuida tradicionalmente al faraón Keops, vuelve a situarse en el centro de una polémica científica que cuestiona uno de los pilares de la cronología egipcia.

El investigador António Ambrósio, vinculado al Institut d'Estudis del Pròxim Orient Antic de Barcelona y a la Universitat Autònoma de Barcelona, sostiene que la majestuosa construcción podría tener 12.000 años de antigüedad, lo que la convertiría en obra de una civilización previa al Egipto dinástico.

Su estudio, The Pyramids of Giza: Legacy of an Unknown Civilization, difundido en Academia.edu, propone invertir el relato oficial de la egiptología y reabrir un debate que combina arqueología, astronomía y controversia histórica.

Según la egiptología clásica, la arquitectura piramidal fue el resultado de una evolución técnica y simbólica que comenzó con las mastabas del Imperio Antiguo y culminó con las tres grandes pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos.

Ambrósio, sin embargo, sugiere un escenario inverso: las estructuras de Guiza serían vestigios de una civilización anterior, mientras que las pirámides posteriores representarían intentos de replicar un modelo que sus constructores ya no comprendían del todo.

La hipótesis encuentra eco en las teorías de autores como Robert Bauval, Graham Hancock o Robert Schoch, quienes desde los años noventa han propuesto la existencia de una cultura avanzada anterior al Egipto faraónico. De todo ello se hace eco el periodista español Josep Guijarro en Espacio Misterio.

Lo novedoso del trabajo de Ambrósio reside en su intento de otorgar a esa posibilidad un marco académico más riguroso, aunque el estudio no ha pasado aún por un proceso formal de revisión por pares.

Entre los argumentos principales, el autor destaca cuatro puntos que, en su opinión, desafían la cronología establecida.

El primero es la ausencia de restos humanos y ajuares funerarios en las tres grandes pirámides.

Si bien la egiptología atribuye esa carencia al saqueo antiguo, Ambrósio considera que el vacío absoluto de evidencias mortuorias podría indicar un propósito distinto al funerario.

El segundo argumento se centra en la precisión constructiva. La base de la Gran Pirámide presenta una nivelación milimétrica y los cortes en los bloques de granito de la Cámara del Rey parecen.

Según el investigador serían imposibles de reproducir con herramientas de cobre. Además, las pirámides posteriores muestran menor calidad técnica, lo que plantea una paradoja en forma de pregunta: ¿por qué una civilización habría alcanzado un nivel tan alto para luego retroceder en su pericia arquitectónica?

El tercer punto es la erosión hídrica de la Esfinge, tema explorado por Schoch, quien la atribuye a lluvias intensas ocurridas miles de años antes del 2500 a.C.

Pero la mayoría de geólogos discrepan, algunos estudios recientes sugieren que la erosión podría remontarse a un periodo aún más antiguo, lo que daría cierto respaldo a la hipótesis de una civilización anterior.

El cuarto argumento tiene que ver con la alineación astronómica de las pirámides con el cinturón de Orión, correlación defendida por Bauval y retomada por Ambrósio como indicio de un conocimiento celeste avanzado.

Si esta disposición fue intencional, implicaría un dominio matemático y astronómico muy superior al esperado para la época dinástica.

No obstante, los especialistas en arqueología egipcia subrayan que la ausencia de pruebas directas impide aceptar tales conclusiones.

El misterios de las Pirámides de Egipto

La egiptología dispone de evidencias sólidas que vinculan la Gran Pirámide con Keops, como los papiros de Wadi al-Jarf, que describen el transporte de materiales hacia Guiza, y los grafitos hallados en las cámaras de descarga.

Algunos círculos alternativos cuestionan la autenticidad de estos últimos, para la comunidad científica constituyen una demostración coherente dentro del marco arqueológico conocido.

El propio Ambrósio reconoce que su teoría se enfrenta a un obstáculo crucial: la falta de rastros inequívocos de esa supuesta supercivilización. No existen restos urbanos, herramientas ni artefactos que respalden su existencia más allá de los monumentos mismos.

Pero la historia de la arqueología ha demostrado que ciertos hallazgos disruptivos comenzaron como hipótesis marginales.

Así, el debate no se cierra. Para unos, las pirámides son la cúspide del genio arquitectónico de Egipto; para otros, la herencia de un pasado más remoto que la historia oficial aún no ha querido reconocer.

Las piedras de Guiza, imponentes y enigmáticas, continúan desafiando tanto a la ciencia como a la imaginación, recordando que incluso los monumentos más estudiados pueden seguir guardando secretos bajo su superficie milenaria.