Cueva con pinturas rupestres.

La herramienta que predice qué ocurrirá en Altamira hasta el año 2100

Altamira se protege con matemáticas: el modelo que anticipa los riesgos del cambio climático sobre las pinturas rupestres

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La cueva de Altamira, en Cantabria, alberga uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del mundo. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conserva representaciones de bisontes, ciervos y caballos realizadas durante el Paleolítico superior.

Pero este legado excepcional afronta amenazas silenciosas. El cambio climático y la alteración de su microclima por la actividad humana pueden acelerar procesos de deterioro difíciles de revertir.

Para anticiparse a ese riesgo, un equipo interdisciplinar ha desarrollado un modelo matemático que permite prever cómo evolucionarán las condiciones ambientales de la cavidad hasta finales de siglo.

Altamira: un patrimonio extremadamente vulnerable

Descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, Altamira pasó de ser cuestionada por parte de la comunidad científica a convertirse en una referencia mundial del arte prehistórico. Pero la conservación de sus pinturas ha planteado desafíos constantes.

Entre las décadas de 1950 y 1970, la elevada afluencia de visitantes provocó incrementos en los niveles de dióxido de carbono y humedad dentro de la cueva. Esas alteraciones favorecieron procesos de corrosión tanto en la roca como en las propias pinturas.

Aunque se adoptaron medidas para controlar el ambiente interior, las tecnologías disponibles entonces resultaban insuficientes para comprender la complejidad de las interacciones entre el exterior y el ecosistema subterráneo.

La experiencia acumulada durante décadas evidenció la necesidad de adoptar herramientas preventivas capaces de identificar riesgos antes de que los daños fueran visibles.

Un modelo para prever el futuro de la cueva de Altamira

La nueva herramienta ha sido desarrollada por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, junto con especialistas de las universidades de Alicante, Almería y Toulouse. También han participado el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Instituto Geológico y Minero de España, ambos integrados en el CSIC.

El modelo utiliza técnicas avanzadas de simulación para reproducir la dinámica del dióxido de carbono, la temperatura y la humedad tanto en el interior de la cavidad como en su entorno inmediato. Para ello se apoya en mediciones realizadas in situ entre 1996 y 2012 y en series temporales obtenidas mediante imágenes de satélite.

La combinación de estos datos permite analizar cómo influyen factores como la temperatura exterior o la humedad del suelo en la atmósfera de la cueva. Además, los resultados pueden contrastarse con observaciones reales para validar las predicciones obtenidas.

Gracias a esa capacidad, es posible identificar periodos de mayor riesgo para las pinturas y adoptar medidas antes de que aparezcan alteraciones irreversibles.

Una herramienta para gestionar y conservar

La aplicación práctica del modelo va más allá del seguimiento científico. Sus previsiones permiten ajustar estrategias de conservación y gestionar de forma más precisa el acceso de visitantes en función de la calidad del aire y de otros parámetros ambientales relevantes.

Este enfoque facilita reducir el impacto humano y minimizar la probabilidad de deterioro asociado al aumento del dióxido de carbono o a cambios bruscos de humedad. Además, ofrece una metodología adaptable a otras cuevas con arte rupestre y a espacios patrimoniales sometidos a amenazas similares.

La protección de Altamira exige combinar investigación, vigilancia y capacidad de anticipación. Este modelo matemático aporta información concreta para tomar decisiones fundamentadas y preservar uno de los testimonios más valiosos de la creatividad humana antes de que los efectos del entorno comprometan su conservación.

Los responsables de la conservación dispondrán así de escenarios que facilitan planificar intervenciones, reforzar protocolos de monitorización y adaptar las decisiones a la evolución prevista del microclima.

El objetivo fundamental es tratar evitar actuaciones reactivas y actuar con anticipación sobre un patrimonio de valor universal. La información generada permitirá el poder revisar periódicamente las medidas adoptadas y corregir desviaciones detectadas con mayor precisión técnica disponible.

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