La historia del primer metro del mundo: el proyecto que revolucionó el transporte urbano
La apertura del Metropolitan Railway en 1863 cambió para siempre la movilidad urbana y sentó las bases de las redes de metro que hoy utilizan millones de personas cada día en todo el planeta
Cuando Charles Pearson planteó en 1843 la construcción de un ferrocarril subterráneo para aliviar el colapso del tráfico en Londres, su propuesta parecía una idea difícil de llevar a la práctica.
Pero, dos décadas después, el Metropolitan Railway comenzó a transportar pasajeros y abrió una nueva etapa en la historia del transporte urbano.
Aquel proyecto, inaugurado el 10 de enero de 1863, no solo resolvió parte de los problemas de movilidad de la capital británica, sino que sirvió de referencia para decenas de ciudades que, con el paso de los años, desarrollarían sus propias redes de metro.
La necesidad de encontrar alternativas a unas calles cada vez más saturadas impulsó uno de los mayores avances de la ingeniería del siglo XIX. Tras años de debate político y técnico, el Parlamento británico dio luz verde al proyecto en 1853 y las obras comenzaron en 1860.
La primera línea entró en funcionamiento con locomotoras de vapor, una tecnología habitual en la época, aunque poco después quedaría superada por la tracción eléctrica.
Una solución pionera para una ciudad, Londres, en pleno crecimiento
La primera línea del Metropolitan Railway unía distintos puntos del centro de Londres mediante túneles construidos con técnicas que, para la época, supusieron un enorme desafío. Los convoyes circulaban impulsados por máquinas de vapor, lo que obligaba a ventilar constantemente los túneles debido al humo generado durante el recorrido.
Pese a esas limitaciones, la respuesta del público fue inmediata. Más de 30.000 viajeros utilizaron el nuevo servicio al día siguiente de su apertura, una cifra que confirmó que existía una demanda real de un transporte rápido capaz de evitar la congestión en superficie.
Con el paso de los años, la red fue ampliándose y las mejoras tecnológicas transformaron completamente su funcionamiento. La llegada de la electricidad permitió eliminar las locomotoras de vapor, reducir los problemas de ventilación y aumentar la frecuencia de los trenes.
Al mismo tiempo comenzaron a excavarse túneles cilíndricos más profundos, una característica que dio origen al popular nombre de "Tube", todavía asociado al metro londinense.
El modelo de Metro que inspiró a las grandes ciudades del mundo
El éxito del sistema británico impulsó el desarrollo de nuevas infraestructuras similares en otros países. A finales del siglo XIX aparecieron las primeras líneas de metro en varias ciudades europeas y norteamericanas, que adaptaron el concepto a sus propias necesidades urbanas.
Uno de los hitos tecnológicos llegó en 1890 con la inauguración del City and South London Railway, considerado el primer ferrocarril subterráneo urbano electrificado.
Esta línea marcó un cambio decisivo al abandonar definitivamente la tracción a vapor para apostar por motores eléctricos, una solución que terminaría imponiéndose en prácticamente todas las redes metropolitanas.
Pocos años después, otro avance contribuyó a modernizar el transporte ferroviario. En 1897, el ingeniero estadounidense Frank Julian Sprague demostró la eficacia del sistema de control mediante unidades múltiples, una innovación que permitía distribuir la potencia entre varios coches del tren y prescindir de una locomotora convencional. Este principio continúa siendo la base del funcionamiento de la mayoría de los metros actuales.
Mientras tanto, otras ciudades aceleraban sus propios proyectos. Buenos Aires inauguró en 1913 el primer metro del ámbito hispanohablante, mientras que Madrid abrió su primera línea el 17 de octubre de 1919, consolidando la expansión de este modelo de transporte en Europa y América.
Más de siglo y medio después, sigue siendo un referente mundial
La red londinense ha evolucionado de forma constante desde aquella inauguración de 1863. A lo largo de más de 150 años ha incorporado nuevas líneas, sistemas de señalización más avanzados y trenes cada vez más eficientes, hasta convertirse en una de las infraestructuras de transporte más reconocibles del mundo.
En la actualidad, el Metro de Londres mueve a millones de pasajeros cada día y combina tramos subterráneos con otros en superficie. Su influencia va mucho más allá del Reino Unido: más de 190 ciudades disponen hoy de sistemas de transporte metropolitano inspirados, en mayor o menor medida, por aquella primera experiencia británica.
Lo que comenzó como una respuesta a los atascos provocados por carruajes y vehículos en las calles victorianas terminó modificando la forma de planificar las grandes ciudades.
El Metropolitan Railway demostró que trasladar parte del transporte bajo tierra podía cambiar la movilidad urbana y favorecer el crecimiento de las áreas metropolitanas, una idea que sigue siendo esencial para millones de viajeros en todo el mundo más de siglo y medio después.