La historia que explica el origen de Japón y que millones de personas siguen descubriendo
Los dioses y criaturas sobrenaturales han jugado, desde siempre, un papel decisivo y crucial en la construcción de la identidad histórica de Japón
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La mitología japonesa, amplia y tremendamente rico -culturalmente hablando-, el Kojiki, el Nihon Shoki, Amaterasu y el sintoísmo forman parte de un legado cultural que continúa despertando interés dentro y fuera de Japón.
Más allá de las historias sobre dioses y criaturas sobrenaturales, estos relatos han desempeñado y jugado, desde siempre, un papel decisivo y crucial en la construcción de la identidad histórica del país, en la tradición religiosa y en la forma en que durante siglos se explicó el origen del archipiélago y de la familia imperial.
Dos crónicas fundamentales para comprender los orígenes de Japón
Gran parte de los mitos fundacionales japoneses procede de dos obras redactadas durante el siglo VIII que son el Kojiki ("Crónica de los Asuntos Antiguos") y el Nihon Shoki ("Crónicas de Japón").
Ambos textos reúnen tradiciones orales que son anteriores y constituyen las fuentes más antiguas conservadas sobre la creación del mundo, las genealogías divinas y los primeros gobernantes del país.
Aunque comparten numerosos episodios, cada obra presenta un enfoque diferente y abierto. El Kojiki concede mayor protagonismo a los relatos mitológicos y a las genealogías de las deidades, mientras que el Nihon Shoki desarrolla una narración más amplia, con un marcado interés por integrar la historia temprana de Japón en un marco cronológico.
Estas compilaciones no solo preservaron antiguas creencias, también contribuyeron de una forma amplia a fijar una visión común sobre los orígenes del Estado japonés y de su tradición religiosa.
Izanagi, Izanami y el nacimiento de las principales deidades
Según estas narraciones, el mundo quedó dividido inicialmente entre el cielo y la tierra. Entre las primeras divinidades surgieron Izanagi e Izanami, encargados de dar forma al territorio japonés. La tradición sostiene que ambos crearon la isla de Onogoro antes de originar el resto de las islas del archipiélago y numerosas deidades.
Uno de los episodios más conocidos relata la muerte de Izanami tras el nacimiento del dios del fuego. Después de intentar recuperarla del mundo de los muertos, conocido como Yomi, Izanagi regresó al mundo de los vivos y realizó un ritual de purificación.
De ese acto nacieron tres de las divinidades más importantes del panteón japonés: Amaterasu, asociada al Sol; Tsukuyomi, vinculada a la Luna; y Susanoo, relacionado con el mar y las tormentas.
Estas figuras ocupan un lugar central dentro del sintoísmo, la religión autóctona de Japón, que considera que la naturaleza está habitada por innumerables kami, espíritus o deidades presentes en montañas, ríos, árboles, animales y otros elementos del entorno.
Un legado que sigue presente en la cultura japonesa
La influencia de estos relatos va mucho más allá del ámbito religioso. Durante siglos, la tradición sostuvo que la familia imperial descendía directamente de Amaterasu, una idea que contribuyó a reforzar la legitimidad simbólica del emperador dentro de la historia japonesa.
Al mismo tiempo, la mitología fue incorporando nuevas historias y personajes gracias a la transmisión popular y al contacto con las culturas china y coreana.
Ese proceso enriqueció un universo narrativo poblado por dioses, espíritus, monstruos y criaturas fantásticas que continúa inspirando la literatura, el cine, el manga, el anime y los videojuegos.
En la actualidad, el interés internacional por el folclore japonés ha convertido a estas antiguas leyendas en una de las puertas de entrada para comprender mejor la cultura del país.
Los templos sintoístas, las festividades tradicionales y numerosas manifestaciones artísticas siguen reflejando la vigencia de unos relatos escritos hace más de 1.300 años que aún conservan un lugar destacado en la memoria colectiva de Japón.