La leyenda celta que revive cada vez que París se inunda y el misterio de la ciudad perdida de Ys
La vieja leyenda bretona de Ys cobra fuerza cada vez que el Sena amenaza con tragarse la Ciudad de la Luz
En estos días, las imágenes de París bajo las aguas del río Sena evocan un mito antiguo que sobrevive en la memoria celta de Bretaña y esa es la leyenda de Ys, la ciudad más hermosa jamás construida y, a la vez, una advertencia atávica sobre el orgullo y la destrucción.
Según el relato, Ys fue una urbe espléndida, erigida junto al mar y tragada por él como castigo a sus pecados. En la imaginación popular, cada crecida del Sena parece reavivar su recuerdo, como si las aguas de la capital francesa buscaran cerrar un ciclo mítico anunciado hace siglos.
El mito cuenta que Gradlon, un rey guerrero de los mares del norte, dominaba su reino con mano de hierro y una flota poderosa. Tras años de batallas, agotado y solo, conoció a Malgven, reina del norte, con quien emprendió una relación que era tan apasionada como turbulenta.
De esa unión nació Dahut (también llamada como Ahès), una princesa de belleza irresistible y temperamento caprichoso.
Con el tiempo, la joven convenció a su padre para construir una ciudad que fuera reflejo de su ambición, sería una urbe amurallada frente al Atlántico, levantada —según algunas de las versiones— incluso bajo el nivel del mar. Así nació Ys, la joya de Bretaña, un lugar de esplendor y condena.
La ciudad pronto se convirtió en escenario de excesos. Las noches se llenaban de fiestas, y Dahut, según la tradición, elegía a sus amantes solo para deshacerse de ellos al amanecer.
El pecado, la soberbia y la desmesura marcaron el destino de Ys. Un día, el mar —cansado de los abusos humanos— rompió su contención. Una ola gigantesca saltó los muros y "ahogo" la ciudad entera.
Gradlon y su hija huyeron a lomos de su caballo, perseguidos por la furia del océano. En ese momento, en un gesto que mezcla el cristianismo con el paganismo celta, San Guénolé se apareció al rey y le ordenó soltar a su hija para salvar su alma. Dahut cayó al agua y se transformó en espuma, mientras Ys desaparecía bajo las olas.
La ciudad perdida de Ys
Las campanas de su catedral, dicen los bretones, aún repican en los días de tormenta. Y, según una versión posterior del mito, la ciudad no murió del todo sino que renació tierra adentro, en París, cuyo nombre —según cuenta la tradición— significaría “igual que Ys”.
La profecía sostiene que cuando París sea finalmente engullida por el agua, la antigua Ys resurgirá desde el fondo del mar, vengando su caída. Cada inundación del Sena parece, así, un recordatorio casi casi poético de esa advertencia ancestral.
El mito trascendió la tradición oral y se filtró en la cultura europea, inspirando muchas obras literarias, pictóricas y musicales. En el siglo XIX, el compositor Édouard Lalo dedicó una ópera entera a la historia, Le Roi d’Ys (1888), y poco después, Claude Debussy lo inmortalizó, el mito, en su célebre preludio para piano La cathédrale engloutie (La catedral sumergida), publicado en el año 1910.
La coincidencia es significativa pues ese mismo año, París sufrió una de las peores inundaciones de su historia. Mientras los barrios bajos evacuaban entre aguas y barro, las notas de Debussy evocaban la ascensión fantasmal de la catedral hundida de Ys, resonando como si el mito cobrara vida entre las teclas del piano.
Debussy, pionero del impresionismo musical, había descubierto en la Exposición Universal del año 1889 la escala de tonos enteros, característica de las músicas orientales, que incorporó en esta obra para crear una atmósfera onírica.
La alternancia entre los graves y los agudos reproduce el eco de las campanas sumergidas, el lento ascenso de una ciudad que emerge y se hunde al compás de las mareas.
Más de un siglo después, cuando el agua vuelve a cubrir los muelles parisinos, la leyenda de Ys se hace presente otra vez. En la crecida del Sena, muchos creen escuchar no solo el rumor del río, sino el tañido lejano de las campanas de una ciudad perdida que, según el mito, nunca dejó de existir.
Una investigación arqueológica ha descubierto restos de una ciudad bajo una se las islas y puede tener 7000 años, la pregunta es: ¿será Ys?