Terremotos, descarrilamiento de trenes, erupciones, todo en España.
Desastres y tragedias en España.

La 'maldición de Franco', seis tragedias en cinco años y España no levanta cabeza

España encadena catástrofes desde 2019: ¿casualidad?. Esta es la hipótesis que circula en redes promovida por la ultra derecha

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Desde los recientes accidentes ferroviarios de Adamuz (en la provincia Córdoba), Gélida (en Barcelona) y Cartagena (en Murcia), una sombra de dolor, del luto y del desconcierto parece haberse extendido sobre España.

Los ciudadanos y ciudadanas, exhaustos por una sucesión de desgracias que desafía toda lógica, debaten entre la indignación y la superstición.

En las redes sociales, especialmente en X (Twitter), los mensajes se multiplican. Muchos reclaman responsabilidades políticas, pero otros, en tono entre irónico y fatalista, apuntan más alto, señalan hacia lo invisible, hacia lo que algunos ya llaman la “maldición de Franco”.

La idea, tan descabellada como insistente, sostiene que todo comenzó el 24 de octubre del año 2019, cuando los restos del dictador Francisco Franco fueron exhumados del Valle de los Caídos por orden del presidente del Gobierno, el socialista (PSOE) Pedro Sánchez.

Ese día, bajo la mirada de las cámaras, la nieta del general, María del Mar Martínez-Bordiú, más conocida como Merry, pronunció -según la leyenda- una frase que hoy muchos rescatan con inquietante resonancia: “Que la maldición de desenterrar a un muerto caiga sobre vosotros.”

Aquella sentencia, lanzada con furia y dolor, parecía entonces una simple reacción familiar por todo lo que se había originado en torno a la exhumación de Franco.

Pero hoy algunos la citan como el punto de partida de una cadena de catástrofes que han marcado el rumbo del país durante un lustro entero.

Cuando Pedro Sánchez anunció su intención de trasladar los restos de Franco, presentó la decisión como un gesto histórico. Lo consiguió, efectivamente, pero nadie podría prever -casualidad o no- que, desde aquel día, España viviría una sucesión de tragedias que pondrían a prueba su estabilidad.

Poco después de la exhumación, el mundo se vio golpeado por la pandemia de la COVID-19. En España, las cifras oficiales superaron los cien mil fallecidos.

Las calles vacías, los hospitales desbordados y el miedo colectivo formaron parte de un trauma del que el país aún no ha terminado de recuperarse.

En el transcurso de aquellos meses de confinamiento, algunos españoles —con un tremendo humor negro o verdadera creencia— recordaban la frase de Merry Franco. “Quizá no debimos tocar al muerto”, se leía en más de un X o tuit.

Pero la pandemia fue solo el principio de una larga lista de calamidades.

Filomena: el país helado

Enero del año 2021 trajo consigo una nevada sin precedentes. Filomena paralizó Madrid durante días, cubriendo la capital con casi un metro de nieve.

El caos fue absoluto con todos los colegios cerrados, carreteras intransitables, barrios incomunicados y miles de ciudadanos atrapados. La ciudad, blanca e inmóvil, se convirtió en símbolo de una nación congelada en su propia inacción.

Las críticas al Gobierno fueron inmediatas. La falta de previsión y de coordinación dejó al descubierto un sistema de emergencia que estaba muy muy saturado.

Entre tanto, en las redes sociales se mezclaban la desesperación y el sarcasmo: “España pasa del fuego al hielo, y todo en menos de dos años. La maldición sigue viva”.

La tierra se abre en La Palma

El 19 de septiembre de ese mismo año, de 2021, el volcán Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, despertó tras medio siglo de silencio.

Durante ochenta días, la lava cubrió barrios enteros, devoró cultivos y desplazó a miles de personas.

Fue la erupción más larga de la historia reciente de la isla, un espectáculo de color, fuego y destrucción que dejó cicatrices aún visibles.

Las ayudas prometidas tardaron en llegar. Muchas familias viven todavía fuera de sus hogares, esperando una reconstrucción que parece no llegar nunca.

Algunos afectados han bromeado amargamente con el destino diciendo aquello de “sacaron a Franco y nos cayó el volcán encima. No hay descanso ni para los muertos ni para los vivos”.

La DANA que ahogó Valencia

Tres años más tarde, cuando España intentaba recuperar el pulso económico, una DANA azotó la Comunidad Valenciana con una violencia sin precedentes.

El 29 de octubre del año 2024, un torrente de agua y barro arrasó más de setenta municipios, dejó a más de doscientas personas sin vida y provocó daños millonarios.

Las imágenes de las calles convertidas en ríos y las familias buscando a sus desaparecidos dieron la vuelta al país.

Las víctimas, hoy todavía organizadas en plataformas de afectados, denuncian la lentitud del Estado. “Prometieron ayudas inmediatas y seguimos esperando”, repiten una y otra vez.

De nuevo, las redes encendieron el debate con una pregunta "en el aire": ¿es mala gestión o simple mala suerte?

El apagón que oscureció España

El 28 de abril del año 2025, España se sumió en la oscuridad total. Durante diez horas, el país quedó sin electricidad. Ascensores detenidos, trenes parados, hospitales funcionando con generadores y millones de ciudadanos atrapados en la incertidumbre.

El suceso afectó también a otros países europeos, pero en España la sensación fue diferente ya que no era solo un fallo técnico, era una especie símbolo de "lo mal hecho" que decían en redes sociales.

Los expertos aún investigan las causas del “apagón europeo”, pero entre la población creció una percepción inquietante, como si a los españoles y españolas persiguiera la mala suerte o una maldición.

Era como si cada año trajera su propio desastre. Como si algo, desde 2019, se hubiera torcido para siempre.

La tragedia sobre raíles

En este año 2026 comenzó con sangre y acero. En apenas una semana, tres accidentes ferroviarios —en Adamuz, Gélida y Cartagena— dejaron decenas (46 en Adamuz) de muertos y heridos.

Los testimonios de los supervivientes describen escenas de pánico, vagones volcados y gritos que se confundían con el chirrido del metal.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, aseguró que “el ferrocarril vive su mejor momento en España”.

Sus palabras, pronunciadas días antes de las tragedias, fueron interpretadas casi como una provocación. Los usuarios de X no tardaron en reaccionar diciendo: “Cada vez que el Gobierno dice que todo va bien, pasa algo terrible.”

La coincidencia temporal entre las declaraciones y los siniestros reavivó el sentimiento de incredulidad. Para muchos, ya no se trata de política, sino más bien de una secuencia de hechos que desafían la razón.

Una nación en busca de sentido

En los cafés, en los bares, en las estaciones, la conversación se repite una y otra vez. Algunos culpan a la falta de gestión; otros, a un destino caprichoso. Pero en el fondo late una misma sensación: España vive bajo una nube negra.

Los historiadores y aquellos que aman el misterio recuerdan que, en la cultura egipcia, existía la llamada “maldición del faraón”, una advertencia mística contra quienes perturbaban el descanso de los muertos.

Aquella creencia renació tras el hallazgo de la tumba de Tutankamón, cuando varios miembros del equipo de excavación murieron en circunstancias extrañas. Hoy, un siglo después, esa misma idea ha sido trasladada —con ironía casi carnavalesca o con temor— al caso español.

¿Podría haberse desatado una suerte de maldición tras la exhumación de Franco? Los expertos -obviamente- lo descartan, pero el relato se ha convertido en algo muy popular.

La verdades es que la acumulación de desgracias ha desgastado la confianza de los ciudadanos y ciudadanas.

Desde 2019, España ha vivido una pandemia, una tormenta histórica, una erupción volcánica, una DANA mortal, un apagón inexplicable y tres accidentes ferroviarios en una sola semana. Seis tragedias que han dejado miles de víctimas y una sociedad que ya no distingue entre azar y negligencia.

Entre tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez se defiende alegando “circunstancias excepcionales”. Pero la paciencia popular se agota. Cada nueva catástrofe reactiva la desconfianza -que ya es enorme- y cada explicación oficial suena a eco de la anterior.

Quizá sea coincidencia. Quizá mala gestión. O quizá, como murmuran algunos, España vive su propia maldición -eso los más supersticiosos-, pero el dato es curioso.

“Que la maldición de desenterrar a un muerto caiga sobre vosotros” repiten muchos como un susurro que, como una vieja profecía, que sigue recorriendo el país.