Idealización de la Síndone de Turín.

La Sábana Santa de Turín y la prueba que sigue dividiendo a Ciencia y fe

La Sábana Santa de Turín: qué dicen los datos y dónde siguen las dudas

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Pocas reliquias cristianas han generado un debate tan persistente como la Sábana Santa de Turín. Custodiada en la catedral turinesa y propiedad de la Santa Sede desde 1983, la pieza no es un objeto de fe obligatorio para los católicos, pero sí un desafío histórico y científico de primer orden.

El problema no radica solo en su posible autenticidad, sino en la dificultad para separar datos comprobables, hipótesis razonables y afirmaciones nunca verificadas.

En primer lugar, la datación por carbono 14 de 1988 sigue siendo el dato científico más citado. Tres laboratorios, en Oxford, Tucson y Zúrich, concluyeron que el lino fue fabricado entre 1260 y 1390, un resultado compatible con la primera aparición documental indiscutida de la tela en la Francia del siglo XIV.

Ese hallazgo alimentó durante décadas la tesis del origen medieval. No obstante, la discusión no terminó ahí. En los últimos años, varios análisis estadísticos de los datos publicados han señalado heterogeneidad entre las mediciones y la posibilidad de que la muestra tomada no representara de forma perfecta el conjunto del lienzo. Eso no prueba que la tela sea del siglo I, pero sí explica por qué el debate permanece abierto.

La segunda gran cuestión es la imagen misma. El equipo STURP, que estudió la sábana en 1978, sostuvo que la figura corporal no podía explicarse satisfactoriamente como una pintura convencional.

Aun así, tampoco consiguió determinar de manera concluyente el mecanismo físico o químico que originó la impronta. Esa ausencia de respuesta definitiva ha alimentado dos corrientes opuestas: la de quienes ven en la imagen un fenómeno todavía no reproducido y la de quienes consideran que la falta de una explicación clara no invalida la posibilidad de una manufactura medieval.

En ese terreno también encaja la vieja disputa sobre las manchas rojizas. El microscopista Walter McCrone defendió que eran pigmentos propios de una obra pictórica. Otros investigadores, como Alan Adler y John Heller, interpretaron que había señales compatibles con material hemático.

Controversia en torno a la Sábana Santa

La controversia, por tanto, no está cerrada en términos absolutos, aunque la literatura especializada coincide en que la naturaleza exacta de la imagen y de algunas sustancias superficiales sigue siendo objeto de discusión.

Más frágiles resultan otras afirmaciones populares repetidas durante años. La supuesta presencia de monedas sobre los párpados no ha alcanzado consenso académico y varios estudios la consideran una percepción inducida por imágenes de baja definición.

Algo parecido ocurre con ciertos argumentos palinológicos: los trabajos de Max Frei fueron influyentes, pero su metodología ha sido criticada y no existe acuerdo suficiente para convertir el polen en una prueba decisiva sobre el recorrido histórico del lienzo.

También conviene situar la discusión en el plano histórico. La primera referencia segura al objeto conservado hoy en Turín aparece en torno a 1354, en Lirey, y en 1389 el obispo Pierre d’Arcis denunció que se exhibía como una representación pintada.

Desde entonces, la tela pasó por Chambéry y, tras el incendio de 1532, fue trasladada a Turín, donde hoy permanece. Eso no zanja la cuestión, pero sí marca un límite: todo intento de identificar la pieza con telas veneradas en Edesa o Constantinopla anteriores al siglo XIV descansa en analogías históricas y literarias, no en una cadena documental continua.

Tampoco las teorías que atribuyen la pieza a Leonardo da Vinci resisten bien el examen cronológico. El paño ya estaba documentado en Lirey a mediados del siglo XIV, mucho antes de la vida del artista. La hipótesis, por tanto, choca con una incompatibilidad básica de fechas.

Con todo, el consenso más prudente hoy es este: cada nuevo estudio suele ser recibido menos como veredicto final que como una pieza adicional de un rompecabezas. La Sábana Santa continúa siendo una reliquia de enorme valor cultural, religioso e histórico, pero no existe una demostración concluyente de que envolviera el cuerpo de Jesús.

Tampoco puede afirmarse con rigor que todas las objeciones escépticas hayan resuelto el enigma. Entre la certeza medieval del carbono 14 y las objeciones metodológicas posteriores, la Síndone sigue instalada en un territorio incómodo: el de las grandes preguntas sin una respuesta definitiva.

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