Pirámide ardiendo y una guerra a sus pies.
Guerras entres españoles y nativos.

La sangrienta traición de Pedro de Alvarado, 'La Noche Triste' y la matanza que encendió el fin del Imperio Azteca

Así fue la brutal noche que cambió México para siempre: del Sol Tonatiuh a la Noche Triste

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El ocaso del Imperio mexica fue la historia de una conquista pero también de una tragedia que selló el destino de toda una civilización. En el centro de aquel torbellino se encontraba Pedro de Alvarado, el capitán extremeño que los indígenas conocían bajo el nombre de Tonatiuh, “el Sol”, por su cabello rubio y su imponente estatura.

Su nombre quedaría grabado para siempre en los códices indígenas, no por su valor militar, era por la brutalidad que desató el principio del fin del mundo mexica.

Cuando Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán el día 8 de noviembre de 1519, fue recibido por Moctezuma II con respeto y cierta cautela. Los primeros encuentros entre ambos líderes fueron diplomáticos, incluso eran solemnes.

Pero aquella frágil cordialidad se quebró pronto puesto que el conquistador extremeño, movido por las sospechas de traición tras la muerte del capitán Juan de Escalante en Veracruz, decidió arrestar al emperador azteca bajo la excusa de “garantizar la paz”. Moctezuma fue recluido en su propio palacio, convertido en prisión por los recién llegados.

La tensión se mantuvo latente durante meses, hasta que un hecho selló la tragedia. Sería en el mes de mayo del año 1520, Cortés debió ausentarse para enfrentar a Pánfilo de Narváez, quien había desembarcado con órdenes de detenerlo.

El mando en Tenochtitlán recayó entonces en Pedro de Alvarado, un militar que era muy temido tanto por sus enemigos como por sus hombres. Alvarado debía mantener la calma entre los mexicas y velar por el bienestar del emperador cautivo.

Pero la Historia tomaría un rumbo sangriento durante la fiesta de la Tóxcatl, una de las más sagradas dentro del calendario mexica.

Alvarado y la masacre del Templo Mayor

La Tóxcatl, dedicada a los dioses Huitzilopochtli, Tláloc y Tezcatlipoca, era un tiempo de paz y devoción. No obstante, en plena celebración, Alvarado ordenó una masacre en el Templo Mayor.

Las fuentes españolas, como Bernal Díaz del Castillo, justificaron el ataque alegando una supuesta conspiración indígena; las crónicas mexicas, con el contrario, lo describieron como un acto de pura codicia y desprecio religioso.

Las escenas narradas en los códices estremecen aún hoy puesto que hombres, mujeres y niños fueron degollados mientras danzaban, sus cuerpos despojados de oro y joyas por los soldados españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

La matanza de la Tóxcatl desató la furia del pueblo mexica. Las calles de Tenochtitlán se llenaron de guerreros decididos a vengar a los suyos. Los españoles, queestaban cercados en el palacio de Axayácatl, quedaron atrapados junto al emperador, que perdió la autoridad ante su pueblo.

La muerte de Moctezuma II, ocurrida poco después, sigue envuelta en en el halo de misterio ya que mientras los españoles afirmaron que murió por las pedradas de sus súbditos, las crónicas indígenas aseguran que fue asesinado por sus captores.

Con el ascenso de Cuitláhuac, hermano de Moctezuma y enemigo declarado de los conquistadores, comenzó la resistencia más feroz. Los españoles fueron sitiados durante semanas, hasta que Hernán Cortés decidió huir en secreto la noche del 30 de junio del año 1520.

Aquella retirada, bajo una tormenta torrencial, pasaría a la historia como la Noche Triste. Miles de mexicas atacaron desde las azoteas y las canoas, mientras los puentes derribados convirtieron la fuga en una auténtica carnicería. Muchos soldados murieron ahogados, arrastrados al fondo por el peso del oro robado.

Al amanecer, más de 600 españoles y un número aún mayor de tlaxcaltecas aliados estaban muertos. Las pérdidas materiales fueron enormes en caballos, armas y el codiciado tesoro de Moctezuma que desaparecieron bajo las aguas.

Los supervivientes, diezmados, emprendieron su marcha hacia Tlaxcala, en el que se prepararían su regreso y la conquista final de un imperio que ya agonizaba.

Pedro de Alvarado sobrevivió a aquella noche, pero su nombre quedó marcado por la masacre del Templo Mayor, uno de los episodios más duros y crueles de la conquista.

Aquel “Sol” que deslumbró a los mexicas se apagó dejando tras de sí un legado de fuego y sangre, que fueron símbolo de un encuentro entre mundos que cambió la Historia de América para siempre.