La gran expulsión de los llanitos y la segunda rendición de Gibraltar.
Toma de Gibraltar.

La verdadera historia de cómo España perdió Gibraltar y nunca logró recuperarlo

Cómo España perdió Gibraltar: tres siglos de historia, guerras y diplomacia frustrada

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El 3 de agosto del año 1704, en plena Guerra de Sucesión Española, una escuadra anglo-neerlandesa al mando del almirante George Rooke, aliada del archiduque Carlos de Austria, tomaba Gibraltar, un punto estratégico en la entrada del mar Mediterráneo.

Aquella operación, que pretendía asegurar un punto de apoyo militar frente a las tropas de Felipe de Anjou, marcaría el inicio de una de las disputas territoriales más largas y tensas de la historia moderna de España.

Cuando las tropas británicas izaron su bandera sobre el Peñón, el control de Gibraltar pasó a manos extranjeras por primera vez en la historia. La población española huyó al otro lado de la bahía, ampliando el asentamiento cercano, donde se refugiaron las autoridades fieles a Felipe V.

Nueve años más tarde, en 1713, la firma del Tratado de Utrecht consolidó aquella pérdida puesto que el primer monarca borbón de España, Felipe V, cedía “la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar” a Gran Bretaña, aunque bajo condiciones específicas.

Entre las cláusulas del tratado se establecía que el territorio no podría tener comunicación por tierra con el resto de España, que no se cedería a terceros sin ofrecerlo antes a Madrid y que su uso debía limitarse a fines militares y portuarios.

Pero el Reino Unido amplió con el tiempo su dominio más allá de lo pactado, levantando fortificaciones y consolidando una colonia civil.

Para España, aquello fue una humillación política que quedó grabada en su memoria colectiva.

Tensión y reclamaciones sobre Gibraltar

A lo largo del siglo XVIII, la Corona española intentó recuperar Gibraltar por la fuerza. La más importante de estas ofensivas fue el Gran Asedio (de los años 1779 a 1783), en el contexto de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, cuando España, aliada de Francia, trató de aprovechar la distracción británica.

La superioridad naval inglesa frustró el intento. La derrota consolidó la posición británica y confirmó a Gibraltar como enclave fundamental del poder marítimo de Londres.

Durante el siglo XIX, el Peñón se convirtió en una base naval vital para el control del Mediterráneo y del comercio imperial británico.

Entre tanto, España vivía convulsiones internas —con guerras y conspiraciones, pérdida de colonias y cambios de régimen— que hicieron inviable cualquier intento serio de recuperación.

A finales de ese siglo, Gibraltar ya era un símbolo de la influencia mundial del Imperio británico, con un puerto moderno y una ciudad establecida bajo leyes británicas.

El siglo XX no trajo avances para España. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido reforzó su presencia militar en el Peñón, mientras que España, bajo la dictadura de Francisco Franco, reavivó sus reclamaciones ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En el año 1967, Londres organizó un referéndum en el que los gibraltareños eligieron masivamente seguir bajo soberanía británica. Como represalia, Franco ordenó cerrar la verja fronteriza en 1969, aislando completamente a la colonia.

La frontera no se reabriría hasta 1985, durante el gobierno de Felipe González, como gesto de buena voluntad en el proceso de ingreso de España en la Comunidad Económica Europea.

Desde entonces, Madrid y Londres han mantenido una compleja relación marcada por negociaciones, tensiones diplomáticas y distintos intentos de acuerdo sobre la cooperación en el área del Campo de Gibraltar.

En el año 2002, un nuevo referéndum rechazó la idea de una soberanía compartida. Y en 2020, con el Brexit, Gibraltar volvió al centro del tablero político europeo: fuera de la Unión Europea, pero dependiente económicamente de España.

Más de tres siglos después, el Peñón sigue siendo británico, aunque profundamente vinculado a su entorno español.

La historia de su pérdida —así como de de los múltiples intentos por recuperarlo— refleja la persistencia de un conflicto que combina memoria, identidad y geopolítica, y que continúa siendo uno de los capítulos más fascinantes de la historia moderna de Europa.