Cuadro de El Bosco "La meditaciones de San Juan Bautista".

Las Meditaciones de El Bosco revelan un hallazgo inesperado gracias a la Ciencia

La obra de El Bosco que escondía un rostro invisible bajo la pintura

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Las Meditaciones de San Juan Bautista, obra atribuida a Hieronymus Bosch (conocido como El Bosco) y custodiada en la Colección del Museo Lázaro Galdiano, se ha convertido en una de las piezas más estudiadas del arte flamenco del siglo XV.

Su inclusión en el Bosch Research and Conservation Project (BRCP), que se trata de un ambicioso programa internacional de investigación científica iniciado en 2010, ha permitido arrojar nueva luz sobre sus misterios.

Este proyecto, en el que colaboran más de veinte instituciones de distintos países, se propuso analizar en profundidad las 45 obras que están documentadas del maestro de ’s-Hertogenbosch, mezclando el conocimiento en Arte con las más avanzadas tecnologías de conservación y diagnóstico.

Durante el mes de febrero del año 2012, el equipo técnico del BRCP sometió la pintura a un exhaustivo estudio científico, coordinado por el Dr. Matthijs Ilsrnk, con la participación de especialistas como María Dolores Fuster, del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), y Amparo López, conservadora del Museo Lázaro Galdiano.

El análisis incluyó macrofotografía con luz visible e infrarroja, exploraciones de tipo estereomicroscópicas —que son capaces de ampliar entre veinte y cuarenta veces la superficie pictórica— y la innovadora técnica marco, que permite profundizar en el estudio de los dibujos ocultos bajo la capa de pintura.

Los resultados, todavía en fase de interpretación, apuntan a la existencia de elementos que resultan sorprendentes e inéditos bajo la superficie, algunos de ellos relacionados al proceso creativo y simbólico del Bosco.

Entre los hallazgos más intrigantes figura la aparición de una figura de un llamado "donante", hasta ahora invisible, situada bajo la extraña planta que preside la escena.

Las imágenes infrarrojas muestran con nitidez el rostro de un hombre que es está como arrodillado que fue posteriormente cubierto por el artista. Si bien se desconoce su identidad y las razones de su ocultamiento, los especialistas en Arte destacan que esta práctica no era ajena al pintor: también recurrió a ella en su obra Crucifixión de Santa Julia, conservada en el Palacio Ducal de Venecia.

Las Meditaciones de San Juan Bautista de El Bosco

Datada entre los años 1485 y 1510, Meditaciones de San Juan Bautista es una de las escasas pinturas originales del Bosco conservadas en el mundo. La pieza pasó a integrarse en el catálogo del Museo Lázaro Galdiano en el año 1926, gracias al propio José Lázaro, quien la consideraba una joya singular de su colección.

Su historia es tan azarosa como su iconografía puesto que se sabe poco antes del estallido de la Guerra Civil Española, fue enviada en depósito al Museo Boymans de Róterdam, donde permaneció a salvo hasta su recuperación en el año 1949 por la Comisión Gestora de la herencia del coleccionista madrileño.

El simbolismo de la obra sigue suscitando debate entre los historiadores del arte. El fruto esférico que acompaña al santo ha sido interpretado por expertos como Ludwig von Tolnay y Vermeylen como una mandrágora, planta asociada en la Edad Media a la lujuria y al poder demoníaco.

Otros, como el experto Wilhelm Fraenger, la consideran una prefiguración de la resurrección de Cristo, aludiendo al pasaje de Isaías (51,1-3).

Sea como fuere lo cierto es que, fiel a su estilo, el Bosco dota a este elemento natural de una ambigüedad simbólica que trasciende la mera representación botánica y que conecta con las visiones fantásticas de su Jardín de las delicias.

El estudio del BRCP permite comprender mejor la técnica del pintor —su dominio total del dibujo subyacente, los pigmentos y la estructura de capas—, así como también reinterpretar su pensamiento visual.

En la aparente serenidad del santo meditativo se esconde un universo moral, donde pecado y redención, vida y corrupción, conviven en equilibrio tenso. La pintura, por tanto, no es solo una escena religiosa, sino una reflexión de carácter espiritual y filosófica sobre la naturaleza humana, acorde con la cosmovisión del autor.

A cinco siglos de su muerte, la figura de Hieronymus Bosch continúa despertando fascinación. Hijo y nieto de pintores, su imaginación era tremendamente desbordante y su mirada moral sobre el mundo lo convirtieron en un precursor del pensamiento moderno.

Proyectos del tipo del de BRCP, en colaboración con instituciones como el Museo Lázaro Galdiano, confirman que aún queda mucho por descubrir de su figura y bajo las capas de pintura del genio de ’s-Hertogenbosch: un artista que, con cada restauración y cada hallazgo técnico, vuelve a hablarnos desde su misterioso trabajo.

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