Nostradamus escribiendo sus famosas cuartetas.

Las profecías de Nostradamus que nunca se cumplieron y pocos recuerdan

Nostradamus y las profecías que nunca se cumplieron: del fin del mundo en 1999 al mito del 11-S

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El médico y astrólogo francés Nostradamus, del siglo XVI, sigue apareciendo cada vez que ocurre una crisis global, una guerra o una catástrofe.

No obstante, buena parte de las predicciones que se le atribuyen no figuran en sus textos originales o nunca llegaron a cumplirse. La historia de su prestigio explica tanto el poder de los símbolos como la facilidad con la que se reescribe el pasado.

El fin del mundo que no llegó en 1999

Pocas fechas generaron tanta expectación como julio de 1999. Una cuarteta publicada en "Les Prophéties" hablaba de que “del cielo vendrá un gran Rey del terror” en “el año 1999, séptimo mes”. Durante años, ese verso fue interpretado como el anuncio de un colapso mundial inminente.

Programas de televisión, libros esotéricos y publicaciones populares alimentaron la idea de un apocalipsis cercano. La coincidencia con el cambio de milenio reforzó la sensación de amenaza. Para muchos seguidores, Nostradamus había fijado una fecha precisa para un desastre global.

Nada de eso ocurrió. Julio terminó sin un acontecimiento extraordinario que justificara aquellas lecturas. Después llegaron nuevas reinterpretaciones: algunos defensores sostuvieron que el texto aludía a tensiones geopolíticas o a conflictos militares menores. El problema es que esas explicaciones aparecieron después, no antes.

Ese episodio se convirtió en uno de los casos más citados cuando se cuestiona la fiabilidad profética del francés. Si un verso aparentemente concreto necesita cambiar de significado tras fallar, la predicción pierde valor como anticipación verificable.

El 11-S, Hitler y otras lecturas construidas después

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 circularon por todo el mundo supuestas cuartetas de Nostradamus que habrían anunciado la caída de las Torres Gemelas. Algunas hablaban de “dos pájaros de acero” o de fuego sobre una gran ciudad. El problema es que esos textos eran falsos o estaban manipulados.

Especialistas en la obra del autor recordaron entonces que esas frases no aparecen en las ediciones originales. Varias fueron redactadas en tiempos recientes y difundidas por correo electrónico y foros de internet. Otras mezclaban versos auténticos con añadidos modernos.

Algo parecido ocurre con la supuesta profecía sobre Adolf Hitler. Una de las referencias más repetidas menciona a “Hister” -muy similar-, presentado durante décadas como una forma velada del apellido del dictador alemán. Pero los historiadores señalan que Hister era un nombre antiguo asociado al curso bajo del Danubio.

La semejanza fonética permitió una asociación posterior, pero no una prueba documental. Como sucede con muchas lecturas "nostradámicas", primero ocurrió el hecho histórico y después se buscó una cuarteta que pudiera encajar.

También se le adjudicó haber previsto la llegada del hombre a la Luna en 1969. Las menciones vagas a viajes celestes o a “hombres nuevos” fueron utilizadas como respaldo. Ningún texto describe con claridad una misión espacial, un cohete o un alunizaje.

Por qué el mito de Nostradamus sigue funcionando cinco siglos después

El mecanismo se repite con frecuencia: versos ambiguos, lenguaje simbólico y múltiples traducciones facilitan adaptar cada estrofa a casi cualquier suceso. Cuando un acontecimiento tiene fuerte repercusión en el mundo, aparecen lectores dispuestos a encontrarlo ya escrito en el siglo XVI.

Ese fenómeno tiene nombre en psicología y análisis crítico: interpretación retrospectiva. Consiste en reconstruir el sentido de textos imprecisos una vez conocidos los hechos. La predicción parece exacta solo después de que el evento ya sucedió.

Nostradamus escribió en una mezcla de francés antiguo, latinismos, referencias astrológicas y metáforas deliberadamente oscuras y encriptadas. Ese estilo favoreció su supervivencia editorial. Un mensaje cerrado envejece; uno abierto admite nuevas lecturas generación tras generación.

Por eso su figura sigue vigente. No tanto por aciertos comprobados como por la elasticidad de sus versos. Cinco siglos después, cada crisis reactiva el mismo ciclo: reaparecen citas dudosas, se anuncian revelaciones y vuelven las promesas de certeza. Luego quedan los textos originales, mucho menos espectaculares que la leyenda.

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