Lo que era una leyenda inca resultó ser real: hallan túneles secretos bajo Cusco
Un túnel secreto entre templos incas cambia lo que sabíamos del Imperio del Sol
El Imperio inca, el más vasto -sin dudas- y organizado de la América precolombina, continúa sacando a la luz los secretos que transforman la comprensión de su herencia arquitectónico y espiritual.
A los emblemáticos puntos como Machu Picchu, Písac y Ollantaytambo se suma ahora un descubrimiento que podría modificar la comprensión histórica de Cusco como es la existencia de una red de túneles subterráneos, o chincanas, que conectan el Templo del Sol —conocido también como Coricancha— con la fortaleza de Sacsayhuamán.
El 6 de enero del año 2025, durante una conferencia de prensa en la Municipalidad Provincial del Cusco, los arqueólogos peruanos Jorge Calero Flores y Mildred Fernández Palomino confirmaron lo que se consideró una leyenda durante siglos.
Utilizando avanzadas técnicas de prospección geofísica, el equipo logró detectar una red de pasadizos que estaban ocultos bajo la antigua capital del Tawantinsuyo, corroborando de esta forma las descripciones que figuraban en crónicas coloniales de los siglos XVI y XVII.
Según explicó Calero, el hallazgo se realizó combinando métodos de prospección acústica —que están basados en la detección de resonancias del subsuelo mediante golpes regulares con una comba y una placa metálica— y georradares que permitieron trazar un mapa preciso del sistema.
Las señales detectadas revelaron que existía la presencia de galerías interconectadas de más de 1.700 metros de longitud, con muros y techos de piedra labrada, características propias de la ingeniería inca.
La red subterránea principal une el Coricancha con Sacsayhuamán, si bien también se identificaron tres ramificaciones adicionales.
Una se dirige hacia Callispuquio, antiguo santuario del agua; otra hacia Muyucmarca, uno de los torreones de Sacsayhuamán; y la tercera va bajo tierra y bajo la iglesia colonial de San Cristóbal, evidenciando cómo la traza urbana de la época virreinal se superpuso a la estructura sagrada incaica.
El Coricancha y Sacsayhuamán, dos centros del poder solar
El Templo del Sol, corazón espiritual del Cusco, fue en su tiempo el recinto más sagrado que tenía el viejo imperio. Recubierto de láminas de oro y dedicado a Inti, el dios solar, simbolizaba la fusión entre autoridad religiosa y política.
Su construcción era atribuida al Inca Pachacútec en el siglo XV, reflejaba la precisión milimétrica y la estética del poder que fueron una caracterisca a la arquitectura incaica.
A unos kilómetros al norte se alza Sacsayhuamán, una fortaleza monumental que mezcla diversas funciones defensivas y ceremoniales.
Sus muros ciclópeos, formados por bloques que alcanzan más de 100 toneladas, demuestran el total y absoluto dominio de los incas sobre la cantería y la organización laboral.
Ambas estructuras, separadas por una ligera elevación del terreno, habrían estado conectadas por este sistema subterráneo ahora revelado.
La “chingana”, entre el mito y la arqueología
El término chincana, de origen quechua, significa “lugar donde perderse”. En la tradición oral andina se refiere a los túneles misteriosos que recorrían el subsuelo del Cusco, utilizados —según las leyendas— por sacerdotes o miembros de la élite para desplazarse sin ser vistos.
Durante siglos, viajeros y cronistas mencionaron estos pasajes. Un documento de 1594, atribuido a un jesuita español, relataba un túnel que “baja de lo alto por debajo del cerro y la parroquia de San Cristóbal”.
Hasta ahora, las referencias eran consideradas exageraciones coloniales. Sin embargo, el descubrimiento reciente aporta evidencias materiales de que las chincanas pudieron tener un papel real dentro de la planificación urbana incaica.
Aunque las investigaciones continúan, los especialistas manejan varias hipótesis sobre el uso de estas galerías. Una posibilidad es que sirvieran como rutas secretas para transportar ofrendas, metales preciosos o documentos rituales entre los dos centros sagrados.
Otra sugiere una función ceremonial, vinculada al culto solar y a las procesiones internas de los sacerdotes del Inti.
El arqueólogo Calero advierte, no obstante, que será necesario un largo proceso de excavación y conservación para determinar la naturaleza exacta de los pasajes y garantizar su preservación.
Las condiciones del subsuelo cusqueño —inestable y con presencia de construcciones coloniales— exigen procedimientos extremadamente cuidadosos.
El descubrimiento de esta red subterránea no solo valida antiguas fuentes documentales, sino que amplía el conocimiento sobre la ingeniería hidráulica, arquitectónica y simbólica de los incas.
Muestra cómo su cosmovisión integraba el mundo visible con el invisible, lo terrenal con lo sagrado. En palabras de Fernández Palomino, “la chincana representa la unión entre dos espacios: el del sol y el de la tierra”.
Si futuras investigaciones confirman la extensión completa del sistema, el Cusco podría situarse como el epicentro de una de las redes subterráneas más complejas de la antigüedad americana, testimonio tangible del genio y la espiritualidad del Imperio inca.