Miguel Servet, el científico español que descubrió la circulación pulmonar y murió en la hoguera
El médico y teólogo aragonés describió la circulación pulmonar décadas antes de que ese avance cambiara la Historia de la Medicina
Miguel Servet, Villanueva de Sigena, Ginebra, Juan Calvino y la circulación pulmonar forman parte de una de las historias más singulares del Renacimiento europeo.
Nacido en el año 1511 en la actual provincia de Huesca, Servet destacó por su formación en medicina, teología, geografía y filosofía, llegando a ser en uno de los intelectuales más completos de su tiempo.
Pero el mismo hombre que realizó una de las aportaciones médicas más notables e importantes del siglo XVI acabó condenado a morir en la hoguera tras enfrentarse tanto a la Iglesia católica como a las autoridades protestantes por sus planteamientos religiosos.
Servet: un descubrimiento médico adelantado a su tiempo
Entre las aportaciones de Miguel Servet, la más trascendente fue su descripción de la circulación pulmonar de la sangre.
Frente a las teorías heredadas de Galeno, que habían dominado el conocimiento médico durante más de un milenio, el científico español sostuvo que la sangre debía pasar por los pulmones antes de regresar al corazón para continuar su recorrido por el organismo.
Su explicación corregía una creencia ampliamente aceptada en la época, según la cual existían pequeños poros que comunicaban directamente ambos ventrículos del corazón.
Servet defendía que esa comunicación no existía y que el paso por los pulmones era imprescindible en el proceso circulatorio.
Este planteamiento precedió en varias décadas a las investigaciones del médico inglés William Harvey, cuya obra sobre la circulación sanguínea alcanzaría posteriormente una enorme difusión en Europa.
Si bien es cierto que el trabajo de Servet sentó un precedente relevante para la fisiología moderna, su aportación quedó prácticamente relegada durante años.
La teología eclipsó su legado científico de Miguel Servet
Uno de los motivos por los que su descubrimiento pasó desapercibido fue el lugar donde decidió publicarlo. La explicación anatómica apareció en Christianismi Restitutio ("La Restauración del Cristianismo"), un tratado centrado principalmente en cuestiones religiosas y publicado en 1553.
Lejos de limitarse al ámbito científico, Servet llevaba años cuestionando algunos de los principales dogmas del cristianismo.
Entre ellos figuraba su rechazo a la doctrina de la Trinidad, una posición que ya había defendido en escritos anteriores y que despertó el rechazo tanto de las autoridades católicas como de los dirigentes de la Reforma protestante.
Sus interpretaciones bíblicas fueron consideradas heréticas por ambos bandos en un momento histórico marcado por fuertes enfrentamientos religiosos.
La combinación de sus críticas doctrinales y la difusión de nuevas ideas teológicas convirtió al médico aragonés en un personaje perseguido por diferentes instituciones religiosas europeas.
De la persecución inquisitorial a la condena en Ginebra
Tras ser procesado en Francia por la Inquisición, Servet logró escapar antes de que pudiera ejecutarse la sentencia dictada contra él. Sin embargo, durante un viaje hacia Italia hizo escala en Ginebra, ciudad donde ejercía una enorme influencia el reformador Juan Calvino.
Su presencia fue rápidamente detectada y volvió a ser arrestado. Durante el proceso judicial tuvo que asumir personalmente su defensa y finalmente fue declarado culpable de herejía. La sentencia estableció la pena de muerte mediante la hoguera.
El 27 de octubre de 1553 fue ejecutado en la colina de Champel, en Ginebra. Según relatan las fuentes históricas, murió atado al poste con un ejemplar de Christianismi Restitutio sujeto a su brazo, símbolo del libro que había desencadenado buena parte de la persecución contra él.
Con el paso de los siglos, la figura de Miguel Servet ha sido objeto de una profunda revisión histórica. Hoy es recordado tanto por su contribución al conocimiento médico como por representar uno de los casos más conocidos de conflicto entre el pensamiento científico, la libertad intelectual y la intolerancia religiosa durante el Renacimiento.
Su nombre continúa ocupando un lugar destacado en la historia de la medicina y en el debate sobre la libertad de conciencia, mucho más allá de las circunstancias que marcaron su trágico final.