Diferentes escenarios de guerras en Oriente.
Guerras en Oriente.

Por qué Oriente Próximo sigue siendo el lugar más inestable del planeta

Las tres guerras que convirtieron Oriente Próximo en una bomba de tiempo

Actualizado:

Desde mediados del siglo XX, Oriente Próximo se ha consolidado como la región más inestable del planeta.

La creación del Estado de Israel en 1948, el conflicto con sus vecinos árabes y la posterior instrumentalización política del petróleo convirtieron esta franja geográfica en el eje sobre el que giran muchas de las tensiones globales.

Lo que comenzó como una disputa territorial y religiosa terminó configurando un tablero geoestratégico muy intenso en el que intervienen potencias mundiales, alianzas cambiantes y conflictos de larga duración.

La guerra árabe-israelí del año 1948 marcó el inicio de un ciclo de enfrentamientos que redefiniría las fronteras y las relaciones de poder.

El triunfo de Israel en su guerra de independencia amplió su territorio en casi un 50% y provocó el desplazamiento forzoso de cientos de miles de palestinos, origen del actual problema existente de los refugiados.

A partir de entonces, la región se convirtió en un campo de batalla entre nacionalismos enfrentados, de muchas ideologías contrarias o rivales y aspiraciones religiosas irreconciliables.

La Crisis del Canal de Suez en el año 1956, bajo el liderazgo del egipcio Gamal Abdel Nasser, demostró que los intereses europeos y estadounidenses estaban tan implicados como los árabes.

Nasser, convertido en símbolo del panarabismo, nacionalizó el canal y desafió abiertamente a Occidente, lo que desencadenó una intervención militar de Reino Unido, Francia e Israel.

Si bien la operación fracasó por la presión diplomática de Estados Unidos y la URSS, reveló la fragilidad del equilibrio internacional en plena Guerra Fría y consolidó a Egipto como actor central del mundo árabe.

En 1967, la Guerra de los Seis Días transformó de nuevo el mapa regional. En menos de una semana, las fuerzas israelíes bajo el mando del general Moshé Dayán ocuparon el Sinaí, Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán.

La rapidez de la victoria consolidó la supremacía militar de Israel, pero también sembró el resentimiento que alimentaría décadas de resistencia palestina.

La humillación de los países árabes marcó el declive del sueño panarabista y la aparición de movimientos nacionalistas y religiosos que apostaron por la lucha armada.

La Guerra del Yom Kippur a la Guerra del Golfo

El siguiente gran episodio, la Guerra del Yom Kippur en 1973, liderada por Anwar el-Sadat y Háfez al-Ásad, buscó revertir la derrota del 67.

El ataque sorpresa durante la festividad judía del Yom Kippur y el mes sagrado musulmán del Ramadán puso en jaque a Israel y obligó a la intervención estadounidense.

Aunque las tropas israelíes lograron recomponerse, el conflicto alteró el orden económico mundial como los países árabes productores de petróleo, agrupados en la OPEP, usaron el crudo como arma política y provocaron una crisis energética global sin precedentes.

El petróleo, hasta entonces un recurso estratégico pero estable, se convirtió en un instrumento de presión internacional. Su control pasó a determinar la política exterior de las grandes potencias.

Desde entonces, cualquier conflicto en la región impacta directamente en la economía global.

En los años setenta y ochenta, el auge del islamismo político y la Revolución iraní de 1979 añadieron un nuevo eje de tensión: el enfrentamiento entre suníes y chiíes.

Este conflicto sectario se vio exacerbado por la guerra Irán-Irak (entre los año 1980 y 1988), en la que murieron más de un millón de personas y que dejó la región exhausta.

La posterior invasión de Kuwait por Sadam Husein en el año 1990 provocó la Primera Guerra del Golfo, una intervención liderada por Estados Unidos que consolidó la presencia militar occidental en la zona y mostró el poder de la guerra mediática, televisada por canales como CNN.

La caída del régimen de Husein en 2003 y el fracaso del intento de democratización impulsado por Washington reabrieron heridas históricas.

El vacío de poder derivado de la guerra de Irak permitió el surgimiento de grupos extremistas como Al Qaeda y más tarde el Estado Islámico (ISIS), responsables de exportar el terrorismo a escala global.

Hoy, el legado de estas guerras sigue marcando la agenda internacional. Las fronteras trazadas en el siglo XX siguen siendo foco de disputa; los conflictos entre israelíes y palestinos, las tensiones entre Irán y Arabia Saudí y la injerencia de potencias extranjeras mantienen a Oriente Próximo en una espiral de violencia e incertidumbre.

De esta forma la región continúa siendo el epicentro donde se cruzan los intereses políticos, religiosos y económicos del mundo, un territorio donde la paz, una vez más, parece una promesa lejana.