Unos ladrillos mesopotámicos de hace 3.000 años revelan algo inesperado sobre el campo magnético de la Tierra
El análisis de 32 piezas de arcilla procedentes de la antigua Mesopotamia confirma que el campo magnético terrestre alcanzó una intensidad inusual entre aproximadamente 1050 y 550 a. C.
Unos ladrillos fabricados hace unos 3.000 años han conservado algo más que los nombres de antiguos gobernantes. Un equipo de investigadores ha utilizado 32 piezas procedentes de Mesopotamia, territorio que se solapa en gran medida con el actual Irak, para reconstruir cambios registrados en el campo magnético de la Tierra.
Los minerales de óxido de hierro presentes en la arcilla guardaron una señal magnética durante la cocción y las inscripciones de los reyes mesopotámicos proporcionaron a los científicos una referencia cronológica con la que interpretar esa información.
Los ladrillos conservaron una señal invisible durante miles de años
La clave está en lo que ocurrió cuando aquellos ladrillos entraron en el horno. El campo magnético terrestre no mantiene siempre la misma intensidad. Cuando determinados minerales sensibles al magnetismo son calentados a altas temperaturas y después se enfrían, pueden conservar información sobre las condiciones magnéticas existentes en ese momento.
Los investigadores estudiaron precisamente esa señal en diminutos granos de óxido de hierro atrapados en los ladrillos. Para realizar las mediciones extrajeron pequeños fragmentos de las caras rotas de las piezas y analizaron su magnetismo con instrumentos especializados.
Había, además, una ventaja poco habitual: cada ladrillo llevaba inscrito el nombre del monarca que gobernaba cuando fue fabricado. Los periodos de reinado conocidos por los arqueólogos permitieron relacionar las mediciones magnéticas con intervalos temporales relativamente precisos.
El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), aporta así datos sobre una región de la que hasta ahora existían menos registros arqueomagnéticos que en otros territorios.
Una anomalía magnética que alcanzó el actual Irak
Los resultados respaldan la existencia de la denominada anomalía geomagnética de la Edad del Hierro levantina, un periodo durante el cual el campo magnético terrestre presentó una intensidad excepcionalmente elevada. Según la investigación, este fenómeno estuvo presente en la zona del actual Irak aproximadamente entre 1050 y 550 a. C.
No se conoce todavía la causa de aquella intensidad extraordinaria. Evidencias relacionadas con la anomalía se habían localizado anteriormente en lugares tan alejados como China, Bulgaria o las Azores, mientras que los datos disponibles en la parte meridional de Oriente Próximo eran comparativamente escasos.
Uno de los resultados más llamativos procede de cinco muestras correspondientes al reinado de Nabucodonosor II, situado entre 604 y 562 a. C. Las mediciones indican que la intensidad del campo magnético pudo variar de forma acusada durante un periodo relativamente corto.
Esa observación refuerza la posibilidad de que se produzcan picos rápidos de intensidad geomagnética, incluso en escalas temporales de décadas.
Una herramienta para fechar objetos que el carbono 14 no resuelve bien
El interés del estudio no se limita a conocer cómo se comportaba el planeta. El arqueomagnetismo también puede convertirse en una herramienta complementaria para fechar materiales arqueológicos.
El radiocarbono necesita materia orgánica, por lo que objetos habituales como ladrillos y determinadas cerámicas no siempre pueden analizarse directamente mediante este método.
En cambio, una pieza que fue calentada durante su fabricación puede conservar una firma magnética susceptible de compararse con registros históricos del campo terrestre.
En Mesopotamia, las inscripciones añaden una referencia especialmente valiosa. Como los reinados podían durar desde unos pocos años hasta varias décadas, los ladrillos permiten construir una cronología magnética con una resolución temporal elevada.
Los datos obtenidos también coincidieron con la propuesta cronológica conocida entre los especialistas como “cronología baja”, una de las reconstrucciones utilizadas para situar determinados reinados mesopotámicos cuyas fechas exactas siguen siendo objeto de discusión.
De esta forma, objetos concebidos originalmente como simples materiales de construcción se han convertido en registros físicos de un fenómeno planetario ocurrido hace milenios.
La combinación de arqueología y magnetismo abre una vía para estudiar simultáneamente la historia de las sociedades antiguas y las variaciones experimentadas por el campo magnético terrestre.