El Cádiz CF ya lleva más entrenadores que victorias en 2026 y las miradas del cadismo apuntan a los despachos
Cinco entrenadores frente a solo cuatro triunfos en lo que va de año y un tercer técnico en los tres meses del «proyecto» de Rafael Contreras reabren el debate sobre la gestión deportiva del club
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El Cádiz CF ha llegado a un punto en el que las cifras resultan difíciles de explicar. En los diez meses transcurridos de 2026, el club amarillo ha acumulado cinco entrenadores frente a solo cuatro victorias. Más entrenadores que partidos ganados. Un entrenador cada dos meses.
La destitución de Albert Celades, anunciada este lunes después de la derrota ante el Granada, ha vuelto a poner en marcha la búsqueda de un técnico. Pero esta vez buena parte del debate entre el cadismo ya no gira exclusivamente alrededor del banquillo. Las miradas empiezan a dirigirse hacia los despachos, donde gestan esas decisiones que han llevado al equipo hasta esta situación.
La media de un entrenador cada dos meses adquiere todavía más dimensión si se tiene en cuenta que la competición terminó el 31 de mayo y no regresó hasta el 15 de agosto debido al calendario condicionado por el Mundial.
El Cádiz ha encadenado cinco entrenadores en un año natural que ni siquiera ha tenido diez meses completos de fútbol. Y tres de esos técnicos corresponden a los apenas tres meses transcurridos desde que comenzó el nuevo proyecto deportivo encabezado por Rafael Contreras. "Su proyecto", como él propio vicepresidente se jactó de decir en la única rueda de prensa que han ofrecido los máximos mandatarios del club.
La comparación con la inestabilidad de los tiempos de Jesús Gil en el Atlético de Madrid puede parecer exagerada, pero hay una circunstancia que ilustra hasta dónde ha llegado la improvisación. O que desde la dirección deportiva se sigue esa máxima de "hacemos lo que podemos con lo que tenemos". O con lo que les dan, en este caso.
El Cádiz destituyó a Imanol Idiakez, el entrenador que había conseguido la permanencia la temporada anterior, cuando faltaban cuatro días para el comienzo de Liga. Su sustituto, Albert Celades, apenas dispuso de ese margen para preparar el estreno ante el Celta B, que terminó con empate sin goles.
Ahora, tras diez jornadas y una sola victoria, Celades también ha sido despedido. El entrenador que llegue (que parece que será Borja Jiménez que tiene que regresar desde Qatar) para reemplazarlo dispondrá, si se incorpora de inmediato, de más tiempo para preparar la visita al Ceuta del domingo que el que tuvo Celades antes de disputar su primer encuentro oficial. Una paradoja que invita a preguntarse qué planificación deportiva existe detrás de tantos cambios.
Cinco entrenadores, cuatro victorias y una responsabilidad que no es exclusiva del banquillo
El problema del Cádiz CF no se reduce a que un entrenador haya tomado decisiones equivocadas o a que determinados futbolistas no hayan ofrecido el rendimiento esperado. Eso también forma parte de la explicación, es fútbol al fin y al cabo, pero pierde fuerza como argumento único cuando los cambios se repiten y los resultados apenas mejoran.
Desde hace meses, la entidad modifica piezas de la plantilla, incorpora jugadores y sustituye técnicos sin conseguir una estabilidad reconocible. Cada nuevo entrenador llega con la misión de corregir los errores del anterior, aunque todos trabajan dentro de una estructura deportiva que permanece en sus puestos altos. Y ahí aparece una pregunta cada vez más difícil de esquivar: ¿quién responde por la elección de los entrenadores y por la confección de las plantillas?
El nombre de Juan Cala vuelve a aparecer en ese debate. El ahora jefe de operaciones del Cádiz CF, ha sido una de las figuras centrales de la planificación deportiva de los últimos años. También Rafael Contreras, como principal responsable del proyecto que ha asumido el protagonismo institucional del club. La responsabilidad concreta de cada decisión puede variar según el momento y la distribución interna de funciones, pero los resultados acumulados obligan a examinar algo más que el rendimiento del último técnico despedido.
No es un cuestionamiento nuevo. Las estadísticas deportivas desde la incorporación de Contreras y Cala al organigrama del Cádiz ya habían puesto de manifiesto el deterioro de los resultados. Y José González, exentrenador amarillo, también había señalado públicamente la continuidad de los responsables de la planificación pese a los cambios en la plantilla. Su reflexión, «se fiche bien o se fiche mal, continúa el mismo», cobra ahora una actualidad incómoda.
Porque si los entrenadores cambian y los futbolistas también, pero el equipo continúa ofreciendo una imagen de fragilidad, resulta razonable revisar el funcionamiento de quienes diseñan el proyecto. No se trata de eximir a los técnicos ni a los jugadores de sus responsabilidades, sino de evitar que cada destitución sirva para empezar de cero sin analizar por qué se vuelve una y otra vez al mismo punto.
Celades llegó sin tiempo y se marcha después de una nueva involución
La etapa de Albert Celades permite observar las contradicciones de esta política de cambios. Llegó con la competición a punto de comenzar, sin pretemporada para conocer a fondo la plantilla ni tiempo suficiente para implantar una idea de juego. Aquella desventaja inicial ayudaba a entender algunas de las dificultades del equipo durante las primeras jornadas.
Sin embargo, cuando el Cádiz parecía haber encontrado una fórmula reconocible en la victoria por 4-0 frente al Leganés, el propio entrenador introdujo nuevas modificaciones. El equipo perdió consistencia ante el Sporting de Gijón y volvió a ofrecer una imagen preocupante en Granada, especialmente durante una segunda parte en la que terminó encajando dos goles.
Celades se marcha con una victoria, cuatro empates y cinco derrotas en diez jornadas. Siete puntos de treinta posibles. Son números que explican que su continuidad estuviera seriamente comprometida, aunque su salida tampoco resuelve por sí misma las dudas sobre la planificación que lo llevó al banquillo apenas cuatro días antes de comenzar la Liga.
Su trayectoria reciente, además, ya estaba marcada por experiencias de corta duración. En el Valencia llegó con la temporada iniciada y fue destituido antes de terminarla. En el Pafos chipriota también tuvo una etapa breve. El Cádiz apostó por él en unas circunstancias especialmente difíciles y ha terminado dando por concluida la experiencia apenas dos meses después.
Un nuevo entrenador mientras las preguntas siguen en los despachos
El Cádiz trabaja ahora en la incorporación de otro técnico. Según ha informado Matteo Moretto en MARCA, existe un acuerdo verbal con Borja Jiménez, actualmente vinculado al Al-Ahli de Catar. La operación, no obstante, requiere resolver su situación contractual antes de que pueda darse por cerrada. Mientras tanto, está previsto que Mario Fuentes se haga cargo del entrenamiento de este lunes.
El posible desembarco de Borja Jiménez, un entrenador que conoce la categoría y logró ascender al Leganés a Primera División, ofrecería al Cádiz una nueva oportunidad para intentar corregir el rumbo. Pero también abriría otro capítulo de una dinámica que se repite con demasiada frecuencia: nuevo técnico, nuevas expectativas y una estructura que deberá demostrar que ha aprendido de las decisiones anteriores.
La atención también se dirige hacia la próxima presentación del entrenador. El presidente del Cádiz CF, Christian Septién, y el vicepresidente, Rafael Contreras, comparecieron ante los medios para explicar la campaña de abonados y el proyecto del club, pero en la presentación de Albert Celades se limitaron a posar para la fotografía oficial, dejando la rueda de prensa en manos de Mario Fuentes y Javi Muíños. Ahora se espera que ambos dirigentes den la cara en la presentación del sustituto y asuman públicamente las explicaciones sobre una nueva decisión deportiva.
Si finalmente ocurre así, será una oportunidad para escuchar no solo las razones de la nueva elección, sino también una explicación sobre la sucesión de apuestas que no han conseguido consolidarse, la responsabilidad de la dirección deportiva y el posible nuevo bandazo en la propuesta futbolística: de la idea inicial del proyecto a un entrenador como Borja Jiménez, de perfil más defensivo y partidario de construir sus equipos desde la solidez y la portería a cero.
Todo ello sucede mientras el Cádiz mantiene una intensa actividad institucional y empresarial, con ampliaciones de capital, control de poder en el club, cotizaciones en la bolsa de Nueva York, iniciativas tecnológicas más rimbombantes que reales, rotulaciones no permitidas en el estadio y planes de desarrollo que ocupan una parte importante del discurso público del club.
Son asuntos distintos de la competición, de lo meramete futbolístico, y no explican por sí mismos los malos resultados, pero en el mundo del fútbol, todo, absolutamente todo, acaba llegando al césped. Y el contraste entre las ambiciones anunciadas fuera del campo y la situación del primer equipo resulta cada vez más difícil de ignorar.
Entre sectores del cadismo y en parte del fútbol español comienza aganar cada vez más presencia, además, una comparación inquietante: la del Real Zaragoza. El histórico club aragonés se convirtió durante años en ejemplo de inestabilidad deportiva e institucional, con proyectos que se sucedían sin conseguir el regreso a Primera División. No significa que el Cádiz esté condenado a recorrer el mismo camino, pero sí refleja el temor a que una mala temporada deje paso a otra y la provisionalidad termine convirtiéndose en una forma habitual de funcionamiento.
El siguiente entrenador tendrá que ganar partidos, recuperar la confianza de los futbolistas y devolver al Cádiz una identidad competitiva. Quienes lo elijan, en cambio, tienen por delante una tarea que no se resuelve desde la banda: explicar por qué el club ha necesitado tantos entrenadores para conseguir tan pocas victorias y qué garantías existen de que esta vez la historia no vuelva a repetirse.