Giorgi Gocholeishvili, jugador del Cádiz CF, golpea el balón con la pierna derecha durante una acción del partido ante el Real Valladolid en el Nuevo Mirandilla.
Giorgi Gocholeishvili arma el disparo durante una de sus acciones ofensivas ante el Real Valladolid. Foto: Cádiz CF.

El Cádiz CF sigue sin carburar y las dudas empiezan a llegar también al césped

Los amarillos siguen sin ganar y vuelven a generar menos peligro que su rival en un partido en el que tener el balón estuvo muy lejos de significar proponer y controlar el juego

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Tres de tres; tres empates, tres; tres puntos de nueve... Díganlo como quieran. Lo cierto es que este Cádiz CF de Albert Celades sigue si carburar y ya se le ha pasado al técnico el tiempo de cortesía tras llegar a cuatro días del inicio liguero. Tres partidos oficiales y un amistoso dan para que se vea algo más de un cojunto sin pólvora arriba y que concede mucho atrás.

El equipo, como el club, parece más centrado en otras cuestiones. En este choque (o antes de él) su técnico, ha dado un volantazo muy propio del club y ha cambiado de dibujo, dejado a jugadores destacados hasta ahora en el banquillo y puesto fuera de lugar a otros. El resultado, el mismo: el Cádiz ha sumado un punto pero ha podido perder.

Los tres empates han llegado de diferente forma. Ante el Celta proponiendo, jugando un fútbol ofensivo y buscado crear. Ante el Eldense, rehaciéndose a su endeblez defensiva. Y ante el Valladolid después de ponerse por delante. Pero en los tres hay mucho en común: el Cádiz disparó menos que su rival, pudo perder y no parece distinguir que hacer una juego propositivo no es obligatoramente tener el balón.

Pero lo de el choque ante el Valladolid ha dido un paso atrás. Por lo menos uno. Y eso que hubo incluso algo que el Cádiz todavía no había conseguido esta temporada: ponerse por delante. Urko Izeta transformó un penalti sobre Jandro y estrenó su cuenta como cadista, pero Luis Chacón empató antes del descanso. Después hubo dos goles anulados por fuera de juego, uno para cada equipo, y un tramo final en el que fueron los visitantes quienes estuvieron más cerca de llevarse los tres puntos.

Celades cambió mucho buscando dar un paso adelante. Cambió nombres, cambió posiciones y cambió incluso el sistema. El Cádiz apareció con un dibujo cercano al 4-5-1, con Izeta desplazado hacia la derecha, Zárate como referencia y muchas caras nuevas en el eje del equipo. Jandro Orellana también debutó como titular, mientras jugadores que habían ofrecido argumentos en jornadas anteriores perdieron protagonismo, como Juan Díaz, Ibon Sánchez y sobretodo De la Rosa.

La apuesta no consiguió construir un Cádiz reconocible. Al revés, más allá de tener y sobar mucho el balón, el Cádiz fue un equipo previsible y casi ramplón. Y eso que hubo fases en las que los amarillos acumularon balón, especialmente al comienzo de la segunda mitad, pero tener la pelota no significa necesariamente proponer.

Se puede proponer atacando desde la posesión, desde la presión, desde la verticalidad o incluso renunciando conscientemente al balón para explotar otros recursos. El Cádiz de Álvaro Cervera dejó durante años ejemplos suficientes de ello. El problema del actual es otro: demasiadas veces tiene la pelota sin saber para qué la quiere.

Los números oficiales ayudan a separar precisamente posesión y propuesta. El Cádiz completó 484 pases frente a 456 del Valladolid, pero 278 de los amarillos fueron en campo propio. En terreno contrario la relación se invirtió: 217 pases del Cádiz frente a 280 del Valladolid.

Los visitantes también remataron más, 14 veces por 10, multiplicaron por tres los tiros entre los tres palos y generaron dos ocasiones claras por una. Ezkieta tuvo que realizar seis paradas; Aceves, solamente una.

El Cádiz CF sigue sin carburar y las dudas empiezan a llegar también al césped

El Valladolid entró antes en el partido

El comienzo ya había ofrecido algunas pistas. El Valladolid salió con mayor presencia, más cómodo con la pelota y ocupando mejor los espacios. Al Cádiz le costó varios minutos enterarse del partido tanto desde la posesión como desde la posición. Dos saques de esquina consecutivos funcionaron como primeros avisos y en el minuto 11 apareció de nuevo Jokin Ezkieta con una gran intervención ante Luis Chacón.

Aquella parada despertó a los amarillos. El Cádiz empezó a quedarse algo más con el balón y consiguió trasladar el juego hacia las inmediaciones del área visitante, todavía sin demasiado peligro, hasta que en el minuto 16 apareció una de sus mejores acciones de la tarde.

Gocho inició la jugada, Izeta ayudó a darle continuidad y el movimiento terminó encontrando a Jandro Orellana en profundidad. Julien Ponceau agarró al centrocampista dentro del área y el colegiado señaló penalti. Izeta asumió la responsabilidad y convirtió el lanzamiento. Por primera vez esta temporada, el Cádiz mandaba en el marcador.

Era una situación nueva y también una oportunidad para comprobar cómo gestionaba el equipo una ventaja. No lo hizo especialmente bien.

El Valladolid recuperó protagonismo y volvió a acercarse con peligro. Ezkieta tuvo que intervenir ante De Rooij y más tarde ante Yeray, mientras los amarillos eran incapaces de convertir el 1-0 en un escenario realmente favorable.

El empate terminó llegando en el minuto 42. Una jugada por la derecha mal defendida permitió el centro visitante. Kovacevic llegó a tocar el balón y Ezkieta evitó inicialmente el tanto, pero la pelota quedó viva y Luis Chacón terminó haciendo el 1-1. El Cádiz protestó una rigurosa falta señalada previamente a Damián que había permitido al Valladolid recuperar la posesión, pero el gol subió al marcador.

La igualdad pareció dejar durante algunos minutos al equipo preguntándose cómo se le había escapado una ventaja que tanto le cuesta conseguir. Aun así, todavía pudo marcharse al descanso por delante. Una gran incorporación de Gocho acabó con el balón dentro de la portería visitante, pero Zárate estaba en fuera de juego y la revisión confirmó que el 1-1 debía mantenerse.

Balón sin profundidad y otro aviso del VAR

La segunda mitad comenzó sin sustituciones y con algo más de posesión del Cádiz. Fue precisamente entonces cuando se hizo más evidente el problema. Los amarillos podían circular la pelota, pero tenían enormes dificultades para superar líneas, acelerar el juego y encontrar desequilibrio en las bandas.

Sin De la Rosa sobre el terreno de juego y con Borja Vázquez todavía en el banquillo, faltaba uno contra uno. Izeta había partido desde un costado pese a ser un delantero que parece necesitar más proximidad al área y el Cádiz movía la pelota sin conseguir que el Valladolid tuviera que correr demasiado hacia atrás.

En el minuto 61 llegó un error que pudo resultar carísimo. Javi Castro trató de controlar con el pecho en la medular, perdió el balón y la transición terminó en gol del Valladolid. Iván Alejo celebró la acción efusivamente ante su antigua afición, pero el VAR detectó el fuera de juego de Van Duiven en el origen y anuló el tanto.

Fue entonces cuando Celades decidió intervenir. Joaquín González y Borja Vázquez entraron por Jandro e Izeta. Diez minutos después, Cristian Gutiérrez e Ibon Sánchez sustituyeron a Manu Fernández y Zárate. Vladys sería la última apuesta, ya en el 85, por García Pascual.

Los cambios no mejoraron al Cádiz. Más bien ocurrió lo contrario durante buena parte de ese tramo. El equipo perdió parte del sitio que había conseguido encontrar, tuvo menos control y tampoco ganó a cambio la profundidad que necesitaba.

Joaquín volvió a dejar una actuación muy por debajo de lo que se espera de él. Dispuso de alguna aparición ofensiva, pero tampoco consiguió modificar el encuentro y hasta la fortuna le dio la espalda. En el minuto 84, el Nuevo Mirandilla celebró durante unos instantes el 2-1 después de que Clerc enviara el balón hacia su propia portería. El VAR volvió a intervenir: Joaquín estaba en fuera de juego y el tanto quedó anulado.

El Valladolid estuvo más cerca de ganarlo

El tramo final tampoco sirvió para que el Cádiz lanzara un verdadero asalto sobre la portería de Aceves. Al contrario. Fue el Valladolid el que volvió a encontrar más espacios y las oportunidades más peligrosas para romper el empate.

Víctor Fernández estuvo muy cerca del 1-2 con un disparo que salió rozando el larguero en el minuto 89 y, ya dentro del añadido, Ezkieta volvió a aparecer ante Chacón. Latasa todavía dispuso de un último cabezazo antes de que el encuentro muriera definitivamente con otro empate.

El Cádiz termina así las tres primeras jornadas sin perder, pero también sin ganar. El dato podría permitir una lectura optimista si el equipo estuviera mostrando una evolución clara. Por ahora sucede lo contrario. En los tres encuentros, el adversario ha terminado generando más remates y más disparos entre los tres palos que los amarillos.

Y eso empieza a exigir respuestas a Celades. El entrenador llegó sin tiempo, con un cambio traumático a cuatro días de comenzar la competición y con una plantilla todavía abierta. Todo eso sigue formando parte del contexto. Pero ya van tres partidos oficiales y un amistoso desde su llegada, y ante el Valladolid decidió revolucionar nombres, posiciones y dibujo sin encontrar una versión mejor del equipo.

También resulta inevitable mirar hacia De la Rosa. Después de ser uno de los futbolistas que mayor capacidad de desequilibrio había mostrado, su ausencia en un encuentro en el que el Cádiz necesitó precisamente desborde vuelve a alimentar las preguntas sobre su situación a pocas horas del cierre del mercado. El club había desmentido recientemente que existiera un caso alrededor del jugador, aunque los acontecimientos de las últimas semanas aconsejan esperar al cierre definitivo antes de descartar cualquier escenario.

El problema, en cualquier caso, trasciende nombres concretos. El Cádiz habla de protagonismo y de una propuesta diferente. Pero protagonizar un encuentro no consiste en sumar pases. Tampoco en tener el balón durante más tiempo. Consiste en conseguir que el partido se juegue donde y como uno quiere y hacer daño al rival desde una idea reconocible.

Este Cádiz todavía no sabe cuál es la suya. Y después de tres jornadas, lo preocupante ya no es solamente que siga buscando su primera victoria. Es que, como sucede demasiadas veces alrededor del propio club, parece dar pasos atrás mientras asegura que está caminando hacia delante.

El Cádiz CF sigue sin carburar y las dudas empiezan a llegar también al césped