Carlos Cuarteroni recorrió los mares de Asia décadas antes de que Emilio Salgari convirtiera a Sandokán en un mito literario.
Carlos Cuarteroni recorrió los mares de Asia décadas antes de que Emilio Salgari convirtiera a Sandokán en un mito literario.

El verdadero Sandokán era de Cádiz (y no hablamos de Juan José)

La nueva serie protagonizada por Can Yaman recupera al héroe de Emilio Salgari, cuya historia pudo inspirarse en la vida del marino gaditano Carlos Cuarteroni

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Sandokán ha vuelto a la televisión. La nueva adaptación de la saga creada por Emilio Salgari, protagonizada por Can Yaman y emitida en España por Mediaset, ha devuelto a la actualidad al célebre Tigre de Malasia. Pero detrás del personaje existe una historia poco conocida que conecta directamente con Cádiz y con un aventurero cuya vida parece sacada de una novela.

En Cádiz, el nombre de Sandokán se asocia popularmente al futbolista Juan José Jiménez Collar, el mítico lateral de melena salvaje que militó en el Cádiz CF, el Real Madrid y la Selección Española. Sin embargo, casi un siglo antes de que galopara por la banda derecha, la ciudad ya había tenido a otro Sandokán: uno de carne y hueso, aventurero, cazatesoros, explorador y libertador de esclavos.

Se llamaba Carlos Cuarteroni Fernández y su extraordinaria biografía fue incluso anterior a las novelas que convirtieron al pirata de Mompracem en uno de los grandes héroes de la literatura de aventuras.

De capitán gaditano a aventurero en los mares de Asia

Carlos Cuarteroni nació en Cádiz el 19 de septiembre de 1816, en el seno de una familia de ascendencia italiana vinculada al comercio marítimo y al aprovisionamiento de buques. Desde muy joven orientó su vida hacia el mar.

Estudió Náutica en Cádiz e ingresó como piloto en 1829. Con apenas 19 años ya comandaba un bergantín y en 1841 obtuvo en Filipinas el título de capitán de la Marina Sutil.

Su prometedora carrera como marino mercante cambió de rumbo en 1842. Cuarteroni abandonó su puesto, compró la goleta Mártires de Tonkín y se lanzó a recorrer el Mar de China en busca de perlas, carey y restos de naufragios.

Una de sus mayores aventuras comenzó con la búsqueda del tesoro de un buque inglés hundido. Tras catorce meses de rastreo, consiguió localizar un cargamento de monedas de plata. Aquel hallazgo alimentó su fama como explorador y cazatesoros, pero la fortuna no fue el único objetivo de sus expediciones.

El marino gaditano exploró Borneo y los archipiélagos cercanos, levantó cartas náuticas y reunió información geográfica sobre lugares muy poco conocidos por los europeos. Sus mapas y descripciones despertaron el interés de los gobiernos de España y Filipinas.

El cazatesoros que gastó su fortuna en liberar cautivos

Durante aquellas navegaciones, Cuarteroni conoció el sufrimiento de numerosos habitantes de Filipinas y Borneo capturados por piratas moro-malayos y vendidos como esclavos. Aquella realidad transformó por completo su vida.

Comenzó a utilizar su propia goleta para adentrarse en algunos de los puertos más peligrosos del sudeste asiático, negociar rescates y devolver a los cautivos a sus lugares de origen. Ayudó tanto a cristianos como a personas de otras confesiones y pagó muchas de aquellas liberaciones con su propio dinero.

Su compromiso con los cautivos lo acercó a la Orden Trinitaria, históricamente dedicada a su rescate. En 1849 fue ordenado sacerdote dentro de la Congregación de Propaganda Fide y años después fue nombrado prefecto apostólico de las islas de Labuán y Borneo.

Cuarteroni fundó misiones e iglesias y presionó a las autoridades españolas para que reforzaran la protección de quienes sufrían la esclavitud en aquellas aguas. La tradición llegó a describirlo como “un ángel para los esclavos”.

El joven oficial y buscador de tesoros terminó convertido en un sacerdote de aspecto austero, con una sotana desgastada y una vida marcada por las enfermedades tropicales, las expediciones y la defensa de los cautivos.

Su último viaje de Borneo a Cádiz

Después de décadas en Asia, su salud comenzó a deteriorarse. En 1878 contrajo unas graves fiebres y regresó a Manila con la esperanza de recuperarse, aunque su estado no mejoró.

Cuarteroni quería viajar a Roma para explicar al Vaticano la difícil situación de sus misiones en Borneo y Labuán. Después pretendía regresar definitivamente a Cádiz para pasar sus últimos días junto a su familia.

El 3 de septiembre de 1879 partió de Singapur rumbo a Europa. Tras pasar por Marsella, llegó a Roma el 10 de octubre. El papa León XIII tardó varios días en recibirlo y la audiencia no resolvió los problemas que el gaditano había llevado hasta la Santa Sede.

Decepcionado y gravemente enfermo, renunció a su cargo en diciembre de 1879. Sin recursos suficientes para completar el viaje, necesitó ayuda económica para regresar a Cádiz.

Durante su estancia en Roma sufrió además una grave afección cerebral y llegó a recibir los últimos sacramentos. Sin embargo, consiguió recuperarse lo suficiente para emprender su última travesía.

Las fuentes sitúan su llegada a Cádiz entre finales de febrero y comienzos de marzo de 1880. El regreso fue discreto y pasó casi inadvertido para muchos gaditanos.

Se instaló en la casa de su hermana, en la calle Cristóbal Colón, mientras se preparaba la vivienda familiar de la actual avenida 4 de Diciembre de 1977. El 12 de marzo de 1880 murió de neumonía, a los 64 años, con el crucifijo que había llevado durante sus misiones entre las manos.

Su entierro fue multitudinario y el Cabildo le concedió sepultura en la Catedral de Cádiz, donde todavía reposan sus restos. El Ayuntamiento autorizó posteriormente la colocación de una placa conmemorativa en la casa vinculada a su nacimiento.

Los indicios que lo conectan con Emilio Salgari

La relación entre Carlos Cuarteroni y Sandokán no cuenta con una prueba documental definitiva. Sin embargo, existe una suma de indicios que ha llevado a distintos investigadores y divulgadores a señalar al gaditano como una de las posibles inspiraciones del personaje.

Emilio Salgari nunca viajó a Borneo ni al sudeste asiático. Construyó el universo de sus novelas mediante libros, mapas, archivos, publicaciones y testimonios de terceros.

Cuarteroni dejó precisamente una abundante documentación histórico-geográfica sobre Borneo, Mindanao, Célebes, Sulú y otros territorios del Mar de China. Sus informes describían islas, pueblos, costas y rutas que después formarían parte del escenario literario del Tigre de Malasia.

Entre sus escritos figuraba una extensa relación sobre territorios como Salibaboo, Talaor, Sanguey, Nanuse, Mindanao, Célebes, Borneo, Tambisan y Sulú.

También existe una coincidencia especialmente sugerente: el nombre de Sandokán recuerda a Sandakán, una ciudad situada al norte de Borneo y vinculada a las descripciones geográficas de aquella zona.

La cronología también alimenta la hipótesis. Cuarteroni murió en 1880, mientras que las grandes novelas malayas de Salgari comenzaron a difundirse posteriormente. Antes de que el mundo conociera al pirata de Mompracem, el gaditano ya había navegado por aquellos mares, trazado mapas, desafiado a los piratas y empleado su fortuna en rescatar cautivos.

Can Yaman estuvo en la ciudad del posible Sandokán real

La historia ha dejado además una curiosa coincidencia. En octubre de 2024, el actor turco Can Yaman, protagonista de la nueva adaptación televisiva de Sandokán, visitó Cádiz para participar en la segunda edición del South International Series Festival.

El intérprete recibió el Premio de Honor Internacional del festival el 30 de octubre de 2024 en el Palacio de Congresos de Cádiz. La nueva serie todavía era uno de sus proyectos más esperados y su presencia despertó una enorme atención entre seguidores y medios.

Probablemente muchos de quienes acudieron a aquel encuentro desconocían que el nuevo rostro del Tigre de Malasia estaba pisando la misma ciudad en la que nació Carlos Cuarteroni, el marino gaditano cuya vida pudo contribuir a la construcción del mítico personaje.

Más de un siglo después de su muerte, Cuarteroni vuelve así a navegar entre la historia y la literatura. Mientras Sandokán regresa a las pantallas, Cádiz recupera la memoria de uno de sus personajes más extraordinarios: un marino, explorador, cazatesoros, sacerdote y libertador de esclavos cuya vida fue tan apasionante como las grandes novelas de aventuras.