La capacidad de adaptación de la Diputación de Cádiz: aprueba una cosa y la contraria en el mismo Pleno
Respalda y rechaza el mismo modelo de financiación autonómica gracias a la caprichosa arimética de la Institución provincial
En la teoría de la evolución, la adaptación es la clave de la supervivencia de la especie. Y en política, a veces, la capacidad de adaptación de una institución la permite la arimética política, caprichosa en esos momentos.
La Diputación de Cádiz, con la presencia de PSOE, PP, IU y La Línea 100x100, ha protagonizado un Pleno donde esa capacidad de adaptación se ha traducido en un resultado tan insólito como revelador: aprobar dos mociones opuestas sobre el mismo asunto.
Lo más llamativo del Pleno era, a priori, el modelo de financiación autonómica y dos propuestas contrarias. Un asunto complejo que divide posturas y que, en esta ocasión, llegó al debate con dos propuestas claramente diferenciadas.
El PSOE defendió una moción de apoyo al modelo planteado por el Gobierno central, destacando que Andalucía podría beneficiarse con una mayor financiación, más recursos y una mejora en términos de equidad.
El PP, por su parte, presentó su propia moción con el objetivo contrario: rechazar ese mismo modelo. Argumentaba que introduce desigualdades entre comunidades y que podría perjudicar a territorios como Andalucía frente a otros.
Ambas iniciativas coincidían en la necesidad de revisar la financiación, pero divergían completamente en el enfoque. El elemento decisivo no estuvo en el contenido, sino en la aritmética política.
Cada moción se sometió a votación por separado, y en cada caso se configuraron mayorías distintas. La propuesta socialista logró salir adelante con el respaldo de IU y la abstención de La Línea 100x100. En cambio, la del PP se aprobó con sus propios votos, la abstención de IU y el voto de calidad de la presidencia.
El resultado es una consecuencia directa de ese juego de equilibrios: ambas mociones aprobadas, pese a ser contradictorias entre sí.
Desde el punto de vista formal, no hay nada que llame la atención. El Pleno ha seguido los procedimientos habituales y cada grupo ha defendido su posición con normalidad.
Sin embargo, la imagen que deja es difícil de pasar por alto. La Diputación termina respaldando y rechazando el mismo modelo en una misma sesión, lo que proyecta una sensación de dualidad política que trasciende lo estrictamente administrativo.
Es en este punto donde aparece una referencia inevitable: la célebre frase atribuida a Groucho Marx sobre los principios. Ya saben aquello de "estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros". Literal.
Una ironía que encaja con la escena, en la que cada bloque ha logrado imponer su criterio… aunque sea incompatible con el del otro aprobado minutos antes.
Más allá de la lectura política, el episodio tiene un componente casi simbólico: ¿realmente sirven para algo estas propuestas para instar a otras administraciones?
Un Pleno que dice sí y no al mismo tiempo no es solo una anécdota institucional. Es la constatación de que sirven entre para poco, muy poco y nada...
E, inevitablemente, se termina recordando aquel estribillo de Los tintos de verano de Juan Carlos Aragón, que decía aquello de "primero qué sí y después que no". Pues al final será lo que seguía: “luego a lo mejor”.