La playa de La Caleta, en Cádiz, cubierta parcialmente por algas acumuladas en la orilla. Al fondo se distinguen el histórico Balneario de Nuestra Señora de la Palma y la nueva torre de vigilancia instalada en la arena.
Acumulación de algas invasoras en la playa de La Caleta, en Cádiz, con el Balneario de la Palma y la nueva torre de vigilancia al fondo. (Fotografía: José Luis Porquicho Prada).

La nueva app del CSIC que permite avisar desde el móvil si encuentras esta alga invasora en la playa

Rugu·Map permite fotografiar y geolocalizar acumulaciones de Rugulopteryx okamurae para crear una base de datos que ayude a científicos a vigilar esta especie invasora y mejorar su gestión en el litoral

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Una fotografía tomada desde el móvil puede convertirse en información científica para seguir el avance de una de las especies invasoras que más problemas está ocasionando en el litoral andaluz.

El Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) ha puesto en marcha Rugu·Map, una aplicación con la que cualquier usuario puede registrar la presencia de Rugulopteryx okamurae, el alga asiática que forma grandes acumulaciones en numerosas playas. Los datos servirán al CSIC para estudiar sus arribazones y avanzar hacia herramientas capaces de anticiparlos.

Una foto y la ubicación bastan para registrar el alga invasora

El funcionamiento está planteado para que la recogida de información pueda realizarse directamente desde la costa. El usuario indica si ha localizado el alga en la arena o en el agua, estima su cobertura mediante referencias visuales, realiza una fotografía en el lugar y envía el registro.

El GPS permite incorporar la posición del hallazgo. La aplicación también dispone de soporte para guardar registros sin conexión en zonas con poca o ninguna cobertura.

Rugu·Map está disponible para dispositivos móviles y permite completar una observación en menos de un minuto. El sistema solicita iniciar sesión con una cuenta de Google para mantener la trazabilidad de los datos remitidos y facilitar que puedan utilizarse posteriormente en el trabajo científico.

Detrás de esos registros hay un objetivo que va más allá de elaborar un mapa de puntos. El equipo investigador pretende determinar con mayor precisión dónde y cuándo aparecen las acumulaciones y bajo qué condiciones lo hacen.

Esa información se empleará también para entrenar y validar algoritmos destinados a identificar el alga mediante imágenes obtenidas desde drones y satélites.

De la ciencia ciudadana a las imágenes de satélite

La aplicación forma parte de RoGEO, un proyecto desarrollado desde el ICMAN-CSIC que combina participación ciudadana, vuelos con drones e imágenes de la misión Sentinel-2. La intención es construir herramientas geoespaciales que permitan mejorar la monitorización de la especie y, a más largo plazo, avanzar en la predicción de sus arribazones.

Los primeros trabajos muestran el potencial de reunir observaciones realizadas sobre el terreno. En resultados presentados este verano por RoGEO se contabilizaron 87 registros de arribazones en playas de arena, de los cuales un 54% habían sido recopilados mediante Rugu·Map.

Se analizaron 31 zonas costeras y en 23 se documentaron acumulaciones masivas, en grandes cantidades, consideradas aquellas con una cobertura igual o superior al 50%. Más de la mitad de los registros se concentraron en el mes de junio.

La información obtenida a pie de playa puede servir así como referencia muy útil de cara a poder comprobar si las señales detectadas mediante teledetección corresponden realmente con acumulaciones de Rugulopteryx okamurae.

Un problema que ya afecta a buena parte de la costa andaluza

La dimensión del proyecto atiende principalmente a la expansión alcanzada por esta especie invasora. La Junta de Andalucía señala que el alga está ampliamente propagada por el litoral autonómico y que, a medio plazo, no resulta viable su erradicación ni devolver los ecosistemas invadidos a su situación anterior. En 2020 fue incorporada al Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

Su distribución afecta actualmente a las cinco provincias costeras andaluzas, con una presión especialmente intensa en Cádiz y el oeste de Málaga.

La proliferación tiene consecuencias ecológicas, pero también económicas: dificulta distintas artes pesqueras y obliga a retirar grandes cantidades de biomasa cuando termina acumulándose en las playas.

Rugu·Map busca que pescadores, bañistas y otros usuarios del litoral formen parte de ese seguimiento. Cada observación geolocalizada añade una referencia sobre el terreno a una base de datos destinada a comprender mejor un fenómeno que ya condiciona la gestión cotidiana de numerosos tramos de costa.