Un estudio de la UCA con GPS descubre los lugares clave del charrancito común que quedan fuera de su protección en la Bahía de Cádiz
El seguimiento de 29 aves durante dos temporadas reproductoras revela que algunas de sus principales zonas de alimentación no coinciden con los espacios específicamente delimitados para proteger a la especie
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La Bahía de Cádiz es una de las principales áreas de reproducción del charrancito común en España, pero los límites establecidos sobre el mapa no siempre coinciden con los lugares que estas aves utilizan realmente.
Una investigación liderada desde la Universidad de Cádiz (UCA) y el Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) ha seguido sus movimientos mediante GPS y ha detectado áreas importantes durante la cría que quedan fuera de las zonas específicamente designadas para conservar la especie dentro de la Red Natura 2000.
UCA: más de 260.000 localizaciones para saber dónde buscan alimento
El estudio partió del seguimiento de 29 charrancitos adultos durante dos temporadas reproductoras consecutivas. Los investigadores utilizaron pequeños dispositivos GPS capaces de registrar sus desplazamientos y reunieron más de 260.000 posiciones.
Esa cantidad de información permitió reconstruir los recorridos cotidianos de las aves y localizar los lugares que frecuentan para conseguir alimento mientras atienden a sus pollos.
La tecnología resulta especialmente relevante por las dimensiones de la especie. El charrancito común (Sternula albifrons) apenas supera los 45 gramos de peso, una característica que hasta hace relativamente poco dificultaba estudiar sus movimientos con este grado de precisión.
La miniaturización de los equipos de seguimiento ha permitido ahora observar qué ocurre una vez que los ejemplares abandonan temporalmente sus colonias.
El equipo comparó posteriormente las áreas de mayor utilización obtenidas mediante GPS con la delimitación de los espacios pertenecientes a la Red Natura 2000 y, de manera específica, con las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) destinadas a la conservación del charrancito.
La Red Natura 2000 protege buena parte del territorio, pero aparece una brecha
La comparación deja un resultado con dos lecturas. Una parte importante de las zonas esenciales para estas aves se encuentra dentro de la Red Natura 2000 considerada en su conjunto.
La situación cambia, sin embargo, al observar exclusivamente las ZEPA específicamente designadas para el charrancito común: la correspondencia con las áreas utilizadas por los animales es considerablemente menor.
Un análisis previo difundido por el INMAR sobre esta misma investigación concreta que solo alrededor del 2% del espacio específicamente designado para la especie coincide con sus áreas centrales de utilización.
El dato refuerza una de las ideas centrales del trabajo: la superficie protegida, por sí sola, no permite determinar si una red de conservación responde adecuadamente a las necesidades de una especie móvil.
Para el charrancito, las colonias donde se reproduce son solo una parte de la ecuación. Durante ese periodo también necesita desplazarse regularmente hasta zonas en las que obtener alimento. Conocer esos recorridos permite detectar espacios que pueden resultar decisivos durante una etapa especialmente exigente de su ciclo biológico.
La investigación apunta a revisar los límites con datos más recientes
Los resultados plantean la conveniencia de revisar periódicamente la delimitación de las áreas protegidas a medida que aparecen datos más precisos sobre el comportamiento de las especies.
El objetivo no pasa necesariamente por aumentar la superficie bajo alguna figura de protección, sino por comprobar que los límites incluyen los enclaves utilizados de forma efectiva por los animales que se pretende conservar.
El trabajo ha sido liderado por Andrés de la Cruz, investigador del Departamento de Biología de la UCA y del INMAR, con participación de investigadores de la propia universidad, el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Coimbra y otras instituciones.
Los resultados se han publicado en la revista científica Ocean & Coastal Management bajo el título Quality over quantity: Assessing Natura 2000 coverage of Little Tern core areas.
La investigación forma parte del proyecto SEANIMALMOVE, dedicado al seguimiento de los movimientos y la dinámica poblacional de vertebrados marinos ante los efectos del cambio global.
El estudio conecta además con el objetivo internacional de proteger al menos el 30% de las superficies terrestres y marinas para 2030: los investigadores ponen el foco no solo en cuánto territorio se protege, sino en si ese territorio coincide realmente con las áreas necesarias para conservar las especies.