Diferentes alimentos, unos son naturales y otros ultraprocesados.
Alimentos naturales contra ultraprocesados.

El lado oculto de los ultraprocesados, lo que los expertos advierten sobre su consumo diario

La transformación de la alimentación moderna, del producto natural al ultraprocesado

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Durante el último siglo, la forma en la que comemos ha sufrido una transformación total y radical. La vida acelerada, la falta de tiempo y la búsqueda de comodidad han promovido el consumo de alimentos ultraprocesados.

Son productos listos para comer o calentar que prometen practicidad, pero que esconden tras de sí una compleja red de procesos industriales, aditivos y estrategias de marketing que los han convertido en protagonistas de la dieta moderna.

Esta tendencia, impulsada por la necesidad de prolongar la vida útil de los productos y evitar riesgos microbiológicos, ha modificado de forma profunda nuestra relación con la comida.

Los aditivos, además de conservar, potencian sabores, texturas y colores, haciendo los alimentos más atractivos al paladar pero esta palatabilidad elevada ha tenido un precio alto: una creciente preocupación por los efectos en la salud pública.

Qué significa “procesado” y “ultraprocesado”

El procesado de alimentos no es un fenómeno nuevo pues desde hace siglos, el ser humano ha fermentado, pasteurizado o deshidratado alimentos para prolongar su conservación.

El pan, el yogur o las conservas son ejemplos tradicionales de productos procesados. Lo que sí es reciente es la aparición masiva de los llamados usualmente ultraprocesados.

Se trata de un término que engloba aquellos alimentos sometidos a múltiples transformaciones industriales y que añaden ingredientes de bajo valor nutricional como azúcares libres, grasas refinadas, almidones modificados y aditivos artificiales.

Según el sistema NOVA, los alimentos se clasifican en cuatro grupos, que son los no procesados o mínimamente procesados (como pudieran ser frutas, verduras, cereales integrales, legumbres), los ingredientes culinarios procesados (tales como aceites, mantecas, azúcar), los alimentos procesados (tal y como panes, quesos, embutidos) y los ultraprocesados (son las galletas, refrescos, pizzas precocinadas o fideos instantáneos).

Estos últimos destacan por su bajo costo, larga caducidad y una gran capacidad a fin de estimular los sentidos. Precisamente estas características los han hecho en una opción popular, especialmente entre los más jóvenes.

Consecuencias en la salud pública

El consumo habitual de alimentos ultraprocesados está estrechamente relacionado con el aumento de obesidad, diabetes tipo 2, hipercolesterolemia y enfermedades cardiovasculares.

Estos productos suelen aportar una gran cantidad de calorías “vacías” —son aquellas altas en azúcares y grasas saturadas, pero pobres en nutrientes—, lo que provoca un enorme desequilibrio metabólico a largo plazo.

Estudios recientes también apuntan a un posible relación entre la ingesta elevada de ultraprocesados y un mayor riesgo de depresión y cáncer, sobre todo de mama y ovario.

Pese a la evidencia científica aún no es concluyente, se sabe que la obesidad y el exceso de grasa corporal, condiciones derivadas de una dieta basada en este tipo de productos, están relacionadas con más de 13 tipos de cáncer diferentes.

La situación es especialmente preocupante en la población infantil y juvenil, donde la publicidad resulta tremendamente agresiva y el diseño atractivo de los envases han normalizado el consumo de productos con alto contenido en azúcar, sal y grasas trans.

Los desayunos con galletas industriales, cereales de tipo azucarados o embutidos muy procesados forman parte de la rutina alimentaria de millones de niños en todo el mundo.

Los expertos coinciden en que reducir el consumo de  estos alimentos ultraprocesados y priorizar una dieta basada en productos que sean frescos y de calidad es clave para mejorar la salud.

Las frutas, verduras, proteínas magras, grasas saludables y granos integrales deben ser la base fundamental de una alimentación equilibrada.

Junto con la práctica regular de actividad física, mantener un peso saludable evitando el exceso de azúcar y productos industriales son estrategias fundamentales para prevenir enfermedades crónicas.

La alimentación, más allá de una necesidad, es un acto diario que determina nuestra calidad de vida. Comprender qué comemos y cómo afecta a nuestro cuerpo es el primer paso a fin de poder recuperar el control sobre nuestra salud y construir una relación más consciente y sostenible con los alimentos.