Latas, botellas de plástico y envases, todos con Bisfenol A.
Envases con Bisfenol A.

El químico presente durante años en envases y latas deja de estar permitido en Europa

El bisfenol A queda fuera de los envases alimentarios en la UE: qué riesgos plantea y cómo cambia la normativa

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La prohibición europea sobre el elemento que es el bisfenol A en materiales en contacto con alimentos marca un nuevo paso para reducir la exposición a una sustancia presente durante muchos años, décadas, en plásticos y revestimientos de latas.

La decisión llega tras la revisión científica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que rebajó de forma drástica la ingesta diaria que es considerada segura debido a sus posibles efectos sobre el sistema inmunitario y otros riesgos para la salud.

El bisfenol A (BPA) ha formado parte durante años de numerosos productos de uso cotidiano, sobre todo envases de plástico de policarbonato y recubrimientos interiores de latas de alimentos y bebidas.

Pero la evolución de la evidencia científica ha llevado a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y a la Comisión Europea a endurecer su posición hasta culminar en la prohibición de esta sustancia en los materiales destinados a entrar en contacto con alimentos.

Qué es el bisfenol A y por qué preocupa a los expertos

El BPA es un compuesto químico sintético utilizado para fabricar plásticos resistentes, ligeros y transparentes, además de resinas epoxi presentes en el interior de numerosas latas de conserva. También ha tenido aplicaciones en sectores como la electrónica, la construcción o determinados dispositivos médicos.

La principal preocupación sanitaria surge porque pequeñas cantidades de esta sustancia pueden migrar desde el envase hasta los alimentos o bebidas.

Ese proceso puede producirse cuando el material envejece, se reutiliza de forma continuada o se expone a temperaturas elevadas, circunstancias que favorecen la liberación del compuesto.

Los alimentos grasos y el contacto prolongado con determinados recipientes también pueden aumentar esa transferencia.

Además de la exposición a través de los envases, el BPA también está presente en el medio ambiente debido a su uso histórico a gran escala, lo que explica que pueda encontrarse en el agua, el suelo o el aire, aunque distintos procesos naturales contribuyen a degradarlo con el tiempo.

La revisión científica llevó a endurecer las restricciones

El cambio regulatorio responde a una revisión de la evidencia científica realizada por la EFSA. En 2023, el organismo redujo de forma muy significativa la ingesta diaria tolerable para el bisfenol A después de concluir que la exposición alimentaria podía afectar al sistema inmunitario, incluso a niveles muy bajos observados en estudios experimentales.

La agencia europea también recuerda que el BPA está clasificado en la Unión Europea como una sustancia capaz de alterar el sistema hormonal y que puede estar asociada con efectos sobre la fertilidad, además de provocar irritación respiratoria, lesiones oculares y reacciones alérgicas en la piel.

En cuanto al cáncer, la investigación ha identificado posibles mecanismos biológicos que podrían relacionar el BPA con determinados tumores, especialmente de mama y próstata.

Pero la evidencia disponible en humanos sigue siendo limitada y no permite afirmar que la sustancia provoque directamente cáncer por sí sola. La propia EFSA considera que los datos actuales apuntan con mayor claridad a los efectos sobre el sistema inmunitario que a un impacto directo sobre el ADN.

Bisfenol A: qué implica la prohibición para consumidores e industria

Como consecuencia de esta evaluación científica, la Comisión Europea aprobó la prohibición del BPA en materiales y objetos destinados al contacto con alimentos.

La medida afecta a envases, utensilios de cocina y otros productos utilizados durante la preparación, almacenamiento o consumo de alimentos, aunque la normativa contempla periodos transitorios para facilitar la adaptación de fabricantes y distribuidores.

Para los consumidores, la nueva regulación busca reducir una de las principales vías de exposición al compuesto. Pese a ello los especialistas recuerdan que el BPA ha estado ampliamente distribuido en el entorno durante décadas y que la exposición puede proceder de diferentes fuentes, por lo que la eliminación de esta sustancia de los envases alimentarios constituye una medida preventiva de salud pública más que una solución aislada.

La decisión europea supone, en cualquier caso, un cambio relevante en la política de seguridad alimentaria comunitaria y refleja cómo la actualización continua del conocimiento científico puede traducirse en nuevas exigencias regulatorias cuando aparecen indicios suficientes sobre posibles riesgos para la salud.