La calidad del agua en España varía según la región.

Estas son las ciudades de España con la mejor y la peor agua del grifo, según la OCU

Burgos, San Sebastián y Las Palmas de Gran Canaria sobresalen por la calidad de su agua corriente, mientras que el análisis detectó deficiencias en siete localidades españolas

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Abrir el grifo y llenar un vaso no ofrece exactamente la misma experiencia en toda España. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) analizó muestras de agua corriente de 62 localidades españolas encontrando unas diferencias apreciables en mineralización, dureza, presencia de contaminantes y parámetros microbiológicos.

La fotografía general, no obstante, fue positiva: el agua obtuvo una calidad excelente en 19 poblaciones y buena en otras 36. Entre todas ellas, Burgos, San Sebastián y Las Palmas de Gran Canaria destacaron especialmente.

Burgos, San Sebastián y Las Palmas destacan en el análisis de la OCU

Burgos aparece como una de las grandes referencias del estudio. La muestra analizada presentaba pocos minerales, era blanda —sin cal— y no mostró contaminantes. A esas características se sumaba un precio inferior a la media nacional en el momento en el que se realizó el análisis.

También obtuvo excelentes resultados San Sebastián. En este caso, la OCU describió un agua de mineralización muy ligera y con buenos parámetros de higiene y contaminación.

Se encontró una pequeña presencia de cobre, que la organización relacionó probablemente con las tuberías del edificio donde se tomó la muestra, sin que ello impidiera la excelente valoración global.

El tercer nombre destacado fue Las Palmas de Gran Canaria. Su presencia entre las mejores resulta especialmente llamativa por las particularidades del abastecimiento de una isla.

El agua puede proceder de diferentes fuentes, entre ellas desaladoras, pozos y acuíferos. Pese a esa complejidad, la muestra consiguió una valoración excelente.

El estudio no se limitó al sabor. Para establecer sus valoraciones se analizaron aspectos como la mineralización, la dureza, los metales, los nitratos, los trihalometanos, los plaguicidas, la turbidez y distintos indicadores microbiológicos.

Siete localidades presentaron deficiencias en sus muestras

En el extremo contrario, la OCU señaló problemas en siete de las 62 muestras estudiadas: Lebanza, Ciudad Real, Palma de Mallorca, Arándiga, Barcelona, Huelva y Logroño.

La organización precisó que las deficiencias encontradas no eran suficientemente graves para considerar que el agua no fuera potable en el momento del muestreo, aunque sí justificaban medidas correctoras.

Los motivos no fueron iguales en todos los lugares. En Lebanza, localidad de Palencia, se detectó presencia de E. coli, indicador de contaminación fecal reciente.

En Arándiga, Zaragoza, los análisis reflejaron un recuento elevado de microorganismos aerobios y coliformes, resultado que volvió a confirmarse tras repetir la toma de muestras.

En Ciudad Real, el problema estuvo en los trihalometanos: se midieron 99,7 microgramos por litro, muy cerca del límite de 100 establecido entonces.

Estas sustancias pueden generarse durante el proceso de potabilización por la reacción del cloro con materia orgánica presente en el agua.

La muestra de Palma de Mallorca, por su parte, era muy dura y mineralizada, características que afectan al sabor. Además, contenía 26 miligramos de nitratos por litro.

Barcelona, Huelva y Logroño compartieron otro problema: una presencia elevada de microorganismos aerobios, un indicador que puede revelar deficiencias en la desinfección.

La calidad y el sabor no siempre significan lo mismo

La dureza es una de las razones que explican por qué el agua del grifo puede gustar mucho en una ciudad y resultar desagradable en otra.

Una concentración elevada de sales de calcio y magnesio modifica su sabor, aunque eso no significa automáticamente que el agua deje de ser potable.

Esa diferencia entre seguridad y percepción continúa reflejándose en los hábitos de consumo. Una encuesta posterior de la OCU, realizada sobre una muestra representativa de 1.100 personas de entre 25 y 80 años, reveló que el 41% de los españoles no bebe el agua del grifo de su vivienda. Uno de cada cuatro la utiliza para cocinar, pero no para beber.

Las diferencias territoriales son importantes. En la Comunidad de Madrid, el 93% de los encuestados afirmó beber agua corriente, porcentaje que alcanzó el 90% en el País Vasco. En Cataluña descendió al 34% y en la Comunidad Valenciana, al 30%.

Precisamente en estas últimas zonas es donde una mayor proporción de consumidores expresa una percepción negativa de la calidad del agua que sale de sus grifos.

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