Delincuentes y uso de la IA.

La IA está borrando las señales que delataban una estafa: el fraude online entra en una nueva fase

Un informe de Experian revela que el 60% de las empresas consultadas ha sufrido un aumento de las pérdidas por fraude y que el 19% de los consumidores perdió dinero por estafas online durante el último año

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Las faltas de ortografía, los mensajes mal traducidos o una página web de aspecto dudoso han servido durante años para levantar sospechas ante una posible estafa. Ese margen se está estrechando.

La inteligencia artificial, el fraude online, la suplantación de identidad y los deepfakes están confluyendo en ataques cada vez más difíciles de distinguir de una comunicación legítima.

El último informe de Experian, elaborado a partir de las respuestas de más de 2.000 consumidores y 200 empresas de Estados Unidos, pone cifras a un problema que ya condiciona la confianza en las operaciones digitales.

El fraude con IA ya no se limita a un correo sospechoso

La capacidad de generar textos convincentes es solo una parte del cambio. Las herramientas de IA permiten producir imágenes y vídeos falsos, preparar campañas de phishing y facilitar suplantaciones que utilizan voces sintéticas.

El engaño puede aparecer así en diferentes puntos de una misma operación digital y resultar mucho más creíble para quien lo recibe.

Los datos de Experian muestran que el fenómeno ya es conocido por buena parte de los usuarios. Un 60% de los consumidores encuestados ha oído hablar de imágenes o vídeos falsos generados mediante IA utilizados en estafas, mientras que un 53% conoce la existencia de ataques de phishing creados con esta tecnología.

Más de la mitad asegura estar muy o extremadamente preocupada por las estafas potenciadas mediante inteligencia artificial.

La consecuencia económica tampoco es menor. Según el estudio, el 60% de las empresas participantes afirma que sus pérdidas relacionadas con el fraude han aumentado. Entre los consumidores, el 19% declara haber sufrido pérdidas económicas por fraude online durante el último año.

Los usuarios piden más seguridad, pero sin convertir cada acceso en un obstáculo

La evolución de las estafas plantea otro problema: comprobar quién está realmente detrás de una operación. Una fotografía, una voz o un documento que antes podían aportar confianza ahora también pueden ser manipulados.

La respuesta de los consumidores, sin embargo, no pasa por rechazar los controles. El 84% está dispuesto a completar pasos adicionales de seguridad cuando estos sirvan para prevenir el fraude. Además, el 71% considera importante que las empresas puedan reconocer correctamente su identidad en Internet.

Existe, al mismo tiempo, una exigencia de comodidad. Un 46% afirma que confiaría más en aquellas compañías capaces de reconocerlo sin obligarlo a autenticarse repetidamente. El reto para bancos, comercios y plataformas digitales consiste, por tanto, en aumentar la protección sin llenar cada operación de comprobaciones innecesarias.

Las empresas ya están moviéndose en esa dirección. Experian señala que el 80% de las organizaciones encuestadas utiliza aprendizaje automático o IA generativa en la gestión del fraude, mientras que el 93% muestra confianza en sistemas de autenticación adaptativa basados en el nivel de riesgo.

Una llamada o una web conocida ya no bastan para confiar

El cambio obliga también a revisar algunos hábitos cotidianos. Un mensaje correctamente escrito, una web aparentemente profesional o incluso una voz reconocible al teléfono ya no constituyen por sí solos una prueba suficiente de autenticidad.

Ante una comunicación inesperada que solicite contraseñas, información personal, un inicio de sesión o un pago, la comprobación debe hacerse por una vía independiente.

Si el supuesto remitente es un banco o una empresa, conviene acceder directamente a sus canales oficiales en lugar de responder al mensaje recibido o utilizar el enlace que contiene.

La autenticación en dos pasos, las contraseñas robustas y el uso de aplicaciones oficiales siguen añadiendo barreras frente al robo de cuentas. Pero el nuevo escenario introduce una dificultad adicional: el fraude ya no necesita parecer improvisado.

La misma tecnología que facilita tareas digitales legítimas permite fabricar mensajes, imágenes y voces capaces de reproducir con mucha mayor precisión aquello que una víctima espera encontrar.

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