Los diez consejos para tomar el sol de forma segura y reducir los riesgos para la piel este verano
El factor de protección debe adaptarse al fototipo de cada persona a la hora de tomar el sol.
Con la llegada del verano, playas y piscinas vuelven a llenarse de personas que buscan descansar, desconectar y ganar algo de color en la piel. Pero los especialistas recuerdan que un bronceado no debe lograrse a cualquier precio.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) insiste en que la exposición solar requiere precaución y un uso adecuado de la protección para minimizar el riesgo de quemaduras, envejecimiento prematuro y enfermedades cutáneas relacionadas con la radiación ultravioleta.
La idea de que un protector solar permite permanecer durante horas bajo el sol sin consecuencias sigue siendo uno de los errores más frecuentes.
Los expertos advierten de que ningún producto ofrece una barrera total frente a la radiación y que el exceso de exposición continúa siendo perjudicial para la salud.
Evitar las horas de mayor radiación sigue siendo la medida más eficaz
Entre las principales recomendaciones figura limitar el tiempo de exposición y evitar las horas centrales del día. Entre las 11:00 horas y las 17:00 horas, la intensidad de la radiación ultravioleta es mayor y los rayos solares inciden con más fuerza sobre la piel.
Quienes practican deporte al aire libre o realizan actividades prolongadas durante esas franjas horarias deben extremar las precauciones. Buscar zonas de sombra, utilizar sombrillas o reorganizar los horarios son medidas sencillas que reducen significativamente la exposición.
La protección de los menores merece una atención especial. Los expertos desaconsejan exponer directamente al sol a niños menores de tres años.
En su caso, la mejor estrategia combina ropa adecuada, sombreros, gafas homologadas y protectores solares infantiles con factores de protección muy altos y resistentes al agua.
Una quemadura solar durante la infancia aumenta el riesgo de desarrollar problemas cutáneos graves en etapas posteriores de la vida.
Elegir y aplicar bien la crema solar es tan importante como usarla
Otro de los mensajes que repiten los profesionales sanitarios es que no basta con aplicar protector solar de cualquier manera. Es necesario escoger productos que protejan frente a los rayos UVB, responsables de las quemaduras, y también frente a los UVA, relacionados con el fotoenvejecimiento.
El factor de protección debe adaptarse al fototipo de cada persona. Las pieles más claras requieren niveles más altos, aunque la edad, la duración de la exposición y las circunstancias concretas también influyen en la elección del producto.
Además, conviene revisar el estado de las cremas solares almacenadas desde temporadas anteriores. Los fabricantes especifican el tiempo durante el que mantienen sus propiedades una vez abiertos, por lo que utilizar envases caducados o deteriorados puede disminuir su eficacia.
La reaplicación es igualmente decisiva. La AEMPS recomienda renovar la protección al menos cada dos horas y después de cada baño o episodio de sudoración intensa, incluso cuando el envase indique resistencia al agua.
Zonas como las orejas, los empeines, el cuero cabelludo o las manos suelen olvidarse y también sufren quemaduras con frecuencia.
La protección solar va más allá de la crema
Los días nublados tampoco eliminan el riesgo. Aunque las nubes reducen parte de la radiación ultravioleta, esta continúa llegando a la superficie. El agua, la arena o incluso determinadas superficies reflejan la radiación y aumentan la exposición acumulada.
Por ello, los especialistas recomiendan complementar la crema con barreras físicas: camisetas, ropa ligera, sombreros de ala ancha y gafas de sol homologadas ayudan a proteger tanto la piel como los ojos.
La última recomendación es prestar atención a cualquier cambio en lunares o manchas cutáneas. Variaciones en el tamaño, el color o la forma deben ser valoradas por un especialista.
La detección precoz resulta fundamental para identificar posibles lesiones malignas y establecer un tratamiento adecuado en caso necesario.
La prevención y la vigilancia continúan siendo las herramientas más eficaces frente a los daños derivados de una exposición solar inadecuada.