Túnel con relieve del dios Mitra.
Culto a Mitra.

Mitraísmo: el culto secreto que se extendió por el Imperio romano y dejó sus templos bajo tierra

Los misterios de Mitra alcanzaron una notable presencia entre los siglos I y IV, especialmente entre soldados romanos

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Durante varios siglos, miles de hombres del Imperio romano participaron en ceremonias de las que apenas dejaron explicaciones escritas. Rendían culto a Mitra, se reunían en pequeños santuarios conocidos como mitreos y mantenían reservados para los iniciados buena parte de sus ritos.

El mitraísmo se convirtió así en una de las religiones mistéricas más singulares de Roma. Su rastro no procede tanto de libros como de templos, inscripciones, relieves y esculturas recuperados por los arqueólogos.

Una religión que encontró seguidores entre los soldados romanos

El culto romano a Mitra se desarrolló durante el Imperio y alcanzó una especial difusión en los siglos II y III. Su presencia está documentada desde Roma y Ostia hasta Britania, el norte de África y las provincias situadas junto al Rin y el Danubio.

Los legionarios estuvieron entre sus seguidores más característicos, aunque también participaron funcionarios, comerciantes y esclavos. Las evidencias disponibles indican, además, que se trataba de un culto masculino.

Su relación exacta con las antiguas tradiciones religiosas iranias continúa siendo objeto de discusión académica. El nombre de Mitra tiene antecedentes orientales muy anteriores al Imperio romano, pero los especialistas cuestionan que pueda trazarse una continuidad sencilla entre aquella divinidad y los misterios practicados posteriormente en territorio romano.

La iconografía desarrollada por el culto imperial presenta características propias.

Una de las dificultades para conocer esta religión está precisamente en su carácter reservado. No se ha conservado una narración completa de sus mitos ni un cuerpo doctrinal equivalente al que poseen otras tradiciones antiguas. Buena parte de lo que hoy se sabe depende, por tanto, de interpretar restos materiales.

Los mitreos recreaban una cueva y escondían una escena inquietante

Los lugares de reunión constituyen una de las mejores pistas. Los mitreos eran espacios relativamente pequeños, habitualmente sin ventanas y diseñados para producir la impresión de encontrarse dentro de una cueva. Solían disponer de un pasillo central con bancos elevados a ambos lados y una imagen de culto situada al fondo.

La iluminación mediante lámparas de aceite y otras fuentes artificiales reforzaba ese ambiente cerrado.

Allí los iniciados celebraban comidas comunitarias y avanzaban dentro de una jerarquía que llegó a comprender siete grados. El tamaño reducido de muchos santuarios apunta a comunidades mucho más íntimas que las grandes congregaciones públicas asociadas a otros cultos.

La imagen que domina la arqueología mitraica es la tauroctonía. Mitra aparece sobre un toro al que mata con una espada, acompañado habitualmente por distintos animales y elementos vinculados al Sol y la Luna.

La escena se repetía en los santuarios repartidos por el Imperio y ocupaba un lugar central frente a los participantes.

Su significado exacto sigue siendo discutido. Algunas interpretaciones han relacionado sus componentes con el firmamento y las constelaciones, mientras que otros estudios advierten de que no existe una explicación única demostrada. Esa falta de textos propios obliga a ser prudentes ante reconstrucciones demasiado precisas de las creencias mitraicas.

Del auge de Mitra a la desaparición de sus misterios

Con el tiempo, Mitra quedó estrechamente relacionado con la divinidad solar romana y aparece bajo la fórmula Deus Sol Invictus Mithras. El culto atravesó su etapa de mayor expansión durante el periodo imperial, pero el escenario religioso romano cambió profundamente a partir del siglo IV.

Las medidas imperiales contra los cultos paganos terminaron afectando también a los misterios. Desde 391, bajo Teodosio I, una serie de disposiciones prohibieron prácticas religiosas paganas y ordenaron actuar contra templos y altares. En el siglo V, las antiguas religiones mistéricas habían desaparecido.

El silencio de sus propios seguidores convirtió después al mitraísmo en un rompecabezas histórico. Los santuarios enterrados, las dedicatorias y las representaciones del toro son hoy las principales piezas disponibles para reconstruir una religión que llegó a extenderse por buena parte del mundo romano sin dejar una explicación completa de sus secretos.