Afirman haber descubierto al asesino del Zodíaco con inteligencia artificial, pero el FBI sigue sin cerrar el caso
El código del Zodíaco que nadie logró resolver en 50 años: ahora la IA dice tener la respuesta
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El enigma del asesino del Zodíaco, que sembró el terror en el área de la bahía de San Francisco entre los años 1968 y 1969, vuelve a encenderse más de medio siglo después.
Un nuevo protagonista, Alex Baber, criptógrafo autodidacta, asegura haber resuelto el criptograma Z13, uno de los mensajes más breves y desconcertantes que el criminal envió a la prensa en abril del año 1970. Según su afirmación, tras las 13 letras que seguían a la frase “Mi nombre es–” se ocultaba un nombre completo: “Marvin Merrill”.
Baber sostiene que ese nombre no era real, sino un alias de Marvin Margolis, un ex sanitario de la Marina durante la Segunda Guerra Mundial así como estudiante de premedicina que llegó a ser interrogado en el año 1947 por su posible implicación en otro de los grandes misterios criminales del siglo XX: el asesinato de Elizabeth Short, la célebre “Dalia Negra”.
“Es irrefutable”, afirmaba Baber, convencido de que su hallazgo podría cerrar uno de los casos más enigmáticos de la historia criminal estadounidense.
La metodología de Baber combina lo que él describe como una mezcla de archivo histórico, obsesión personal y fuerza bruta en ordenadores.
El criptógrafo habría empleado herramientas de inteligencia artificial para generar millones de combinaciones posibles de nombres de 13 letras, comparándolas con bases de datos públicas: censos, registros de matrimonio y documentos militares. Con ese proceso, afirma haber reducido la búsqueda a un solo candidato.
El problema es que los expertos no lo ven tan claro. El Z13 es considerado un mensaje demasiado corto para permitir un descifrarlo. Con tan solo 13 símbolos, la cantidad de posibles soluciones es prácticamente infinita, lo que hace que cualquier hipótesis pueda ajustarse a posteriori a los resultados deseados.
Por eso, los criptógrafos más reconocidos y los investigadores retirados del caso prefieren mantener mucha cautela. En la historia del Zodíaco abundan los ejemplos de supuestas “soluciones definitivas” que, con el tiempo, se desmoronaron.
Igualmente ninguna autoridad ha confirmado oficialmente la validez de la teoría. Tanto el FBI como la Policía de San Francisco mantienen el expediente del Zodíaco abierto y sin resolver.
Lo mismo ocurre con el caso de la Dalia Negra, cuya investigación continúa activa bajo el paraguas de la Policía de Los Ángeles. En otras palabras, pese a las declaraciones de Baber, no existe resolución judicial ni científica que respalde su descubrimiento.
El atractivo eterno del Zodíaco
La historia del Zodíaco ha fascinado durante décadas no solo por su violencia, sino por su dimensión simbólica y mediática. El asesino no se limitó a matar puesto que jugó con la opinión pública, enviando cartas a periódicos, burlándose de las autoridades y retando a los investigadores con complejos mensajes cifrados.
De los cuatro criptogramas más conocidos, dos fueron descifrados con el tiempo (el Z408 y el Z340), pero los más breves, como el Z13, permanecen aún indescifrados o sujetos a interpretaciones contradictorias.
Esa ambigüedad mantiene viva la llama del mito. El caso combina ingredientes irresistibles que van desde el misterio, desafío intelectual y una figura que nunca fue capturada.
Cada nuevo intento por revelar su identidad, sobre todo cuando se mezcla con tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, reactiva el interés del público y los medios. Sin embargo, los especialistas insisten en un punto fundamental: la fascinación no puede sustituir la verificación empírica.
El planteamiento de Baber, al vincular a Margolis con ambos casos, toca una de las tentaciones más recurrentes del "true crime" contemporáneo, de la actualidad, como es la búsqueda de un “autor total”, una mente criminal que conecte episodios separados por décadas y geografías.
Por ahora, su teoría se suma a una larga lista de intentos fallidos. En ausencia de pruebas materiales —tales como el como ADN, coincidencias balísticas o testimonios verificables—, el Zodíaco sigue siendo un espectro más que un nombre. Y quizás sea precisamente eso, la imposibilidad de cerrarlo, lo que lo mantiene vivo.