Persona apagando el despertado poniendo la mano encima mientras marca las 7 en punto.
"Cinco minutos más", una frase muy habitual por las mañanas al despertar.

'Cinco minutos más', si pospones la alarma esto es lo que le ocurre a tu cerebro cada mañana

El error con el despertador que arruina tu descanso, aunque duermas lo suficiente

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El gesto de posponer la alarma del despertador se ha convertido en una rutina cotidiana para millones de personas.

Ese sonido insistente que interrumpe el descanso no solo marca el inicio del día, también desencadena una cadena de decisiones que afectan directamente al estado físico y mental durante la mañana.

Si bien el uso del despertador es prácticamente universal, cada vez son más los expertos que advierten de los efectos negativos de abusar de la función de repetición.

Posponer la alarma no mejora el despertar

Lejos de facilitar una transición suave entre el sueño y la vigilia, retrasar la alarma varias veces genera el efecto contrario.

Según explica el científico y terapeuta del sueño Merijn Van de Laar, cada interrupción adicional prolonga lo que se conoce como inercia del sueño, ese estado de aturdimiento que muchas personas experimentan al levantarse. Cuantas más alarmas se acumulan, más difícil resulta despejarse.

El motivo es fisiológico. Cada vez que suena la alarma, el cuerpo inicia un proceso de activación: aumentan las pulsaciones, se modifican los niveles hormonales y se prepara para despertar. Sin embargo, al volver a dormirse, ese proceso se interrumpe y debe reiniciarse minutos después.

Este ciclo repetido exige un esfuerzo adicional al organismo, que termina traduciéndose en mayor cansancio y somnolencia.

Van de Laar señala que este patrón puede provocar una sensación de agotamiento incluso antes de comenzar la jornada. La recomendación es clara: programar una única alarma en el momento en que realmente sea necesario levantarse y evitar las repeticiones innecesarias.

El impacto en el ritmo biológico

Más allá del cansancio inmediato, el uso reiterado del “snooze” puede alterar el equilibrio del reloj interno. El especialista advierte de un fenómeno conocido como “jet lag social”, una desincronización entre los horarios biológicos y las obligaciones diarias.

Aunque suele asociarse a los viajes, este efecto también puede aparecer en la vida cotidiana cuando los hábitos de sueño son irregulares.

El problema no radica únicamente en la hora de despertarse, sino en la falta de constancia. Cambiar los horarios de descanso, especialmente durante los fines de semana, dificulta que el organismo mantenga un ritmo estable. Esto repercute en la calidad del sueño y en la capacidad de recuperación.

A pesar de la creencia extendida, dormir ocho horas seguidas no es una regla universal. Los estudios indican que solo una minoría de la población alcanza ese tiempo de descanso de forma continuada. Las necesidades varían entre seis y ocho horas, dependiendo de cada persona. Lo importante no es tanto la cantidad exacta, sino la regularidad y la calidad del sueño.

Hábitos clave para un descanso eficaz

Los especialistas coinciden en que mejorar el descanso no depende de soluciones complejas, sino de hábitos consistentes. Mantener horarios estables es uno de los factores más determinantes. Acostarse y levantarse a la misma hora ayuda a consolidar el ritmo circadiano y facilita un despertar más natural.

La exposición a la luz también juega un papel fundamental. La luz solar por la mañana contribuye a activar el organismo, mientras que una iluminación tenue por la noche favorece la producción de melatonina. A esto se suma la importancia del entorno: habitaciones frescas, silenciosas y con pocas interrupciones mejoran la calidad del sueño.

La rutina previa a acostarse es otro elemento clave. Actividades relajantes durante los minutos previos, como leer o desconectar de dispositivos electrónicos, preparan al cuerpo para el descanso. Asimismo, se recomienda evitar comidas copiosas, cafeína o alcohol antes de dormir, ya que pueden interferir en el ciclo del sueño.

En cuanto a los despertares nocturnos, los expertos subrayan que son normales. De hecho, es habitual que las personas permanezcan despiertas durante breves periodos a lo largo de la noche. Mientras no generen ansiedad, no representan un problema.

La clave fundamental está en mantener una actitud relajada y permitir que el sueño se recupere de forma natural.

La evidencia apunta en una dirección clara: la calidad del descanso depende más de la regularidad que de la cantidad exacta de horas. Y en ese equilibrio, el uso responsable del despertador se convierte en un factor determinante para empezar el día en mejores condiciones.