Frasco con una cabeza de tigre de Tasmania y un ejemplar a su derecha.
Tigre de Tasmania.

Un error olvidado durante 100 años abre la puerta a recuperar al tigre de Tasmania

La ciencia da un paso inesperado: así planean devolver al tigre de Tasmania

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Un hallazgo inesperado en un museo ha reactivado uno de los proyectos científicos más ambiciosos de las últimas décadas: la posible recuperación del tilacino, conocido como tigre de Tasmania.

Casi 90 años después de su desaparición, un equipo liderado por Andrew Pask en la Universidad de Melbourne ha logrado extraer material genético clave de un ejemplar conservado durante más de un siglo, lo que sitúa la llamada desextinción en un escenario más tangible.

Tasmania: un espécimen olvidado que cambia el punto de partida

El descubrimiento se produjo en un almacén del museo, donde permanecía un recipiente con restos de un tilacino conservados en etanol desde principios del siglo XX. En su interior, los investigadores localizaron tejido en estado degradado, pero con una sorpresa relevante: fragmentos de ARN aún identificables.

Este tipo de material es considerablemente más inestable que el ADN y su conservación durante tanto tiempo resulta excepcional.

La importancia del ARN radica en que permite comprender cómo funcionaban los tejidos en vida, más allá de la secuencia genética. Según el equipo de Pask, este hallazgo aporta información sobre la actividad celular del animal, incluyendo funciones específicas en órganos como la lengua o el sistema olfativo.

Esto supone un salto cualitativo en la reconstrucción biológica del tilacino, cuyo genoma ya había sido parcialmente secuenciado en proyectos anteriores.

El tilacino (Thylacinus cynocephalus) fue el mayor depredador marsupial de Australia hasta su extinción oficial en 1936, tras la muerte del último ejemplar en cautividad. Su desaparición se atribuye principalmente a la caza sistemática y a la presión humana sobre su hábitat.

Ingeniería genética y límites técnicos para el tigre de Tasmania

El proyecto actual se apoya en técnicas avanzadas de edición genética, especialmente herramientas como CRISPR, que permiten modificar secuencias de ADN con alta precisión.

El objetivo no es clonar directamente un tilacino —algo inviable sin células vivas intactas—, sino recrear un organismo funcionalmente equivalente a partir de especies cercanas.

En este caso, el modelo biológico elegido es el dunnart de cola gorda, un pequeño marsupial con similitudes genéticas. A partir de sus células, los investigadores trabajan en la reprogramación genética para aproximarlas al perfil del tilacino. El proceso implica introducir cambios progresivos hasta obtener un embrión con características compatibles.

El equipo reconoce que el primer ejemplar que nazca no será una copia exacta del animal extinguido. Se tratará de un organismo híbrido, con rasgos dominantes del tilacino, pero condicionado por las limitaciones del modelo genético utilizado. Aun así, el avance se considera significativo dentro del campo de la biotecnología.

En paralelo, empresas como Colossal Biosciences, impulsada por Ben Lamm, han invertido en tecnologías complementarias como úteros artificiales, que podrían facilitar la gestación de especies reconstruidas sin necesidad de madres sustitutas.

Riesgos ecológicos y debate científico

El progreso técnico no ha eliminado las dudas sobre la viabilidad del proyecto. Parte de la comunidad científica advierte que recuperar una especie extinta no implica restaurar su papel en el ecosistema.

En el caso del tilacino, el entorno natural de Tasmania ha cambiado de forma sustancial en casi un siglo, lo que plantea incertidumbres sobre su adaptación.

Además, la falta de información detallada sobre su comportamiento complica cualquier intento de reintroducción. No existen datos suficientes sobre sus patrones de caza, interacción con otras especies o estructura social. Esto limita la capacidad de prever su impacto en un ecosistema actual.

Otro punto de discusión es el uso de recursos. Diversos expertos cuestionan si la inversión en desextinción debería priorizarse frente a la conservación de especies en peligro crítico.

La tecnología desarrollada podría tener aplicaciones directas en la preservación de biodiversidad existente, lo que abre un debate sobre prioridades científicas.

A pesar de estas reservas, el proyecto continúa avanzando. El genoma del tilacino se encuentra entre los más completos reconstruidos hasta la fecha, con un nivel de detalle que permite reducir incertidumbres en las fases experimentales. Los investigadores evitan fijar plazos concretos, pero reconocen que el ritmo de progreso ha superado las previsiones iniciales.

La posibilidad de ver un animal de esta características del tilacino en las próximas décadas ya no se descarta en entornos científicos. El resultado final dependerá tanto de los límites técnicos como de las decisiones éticas y regulatorias que acompañen el desarrollo de esta tecnología.