Rituales y magia en los mundiales.

Cuando la brujería entró en los Mundiales: los rituales más extraños de la historia del fútbol

Magia y superstición: la otra batalla que también se juega en los Mundiales

·

La Copa del Mundo ha sido escenario de grandes hazañas y gestas deportivas, tragedias y momentos irrepetibles pero también de rituales, cábalas y creencias que, sin respaldo científico, han acompañado a futbolistas, entrenadores y aficionados durante décadas.

En la cultura del fútbol conviven historias protagonizadas por Carlos Salvador Bilardo, Sergio Goycochea, Fabien Barthez, Jamie Vardy y Adrian Mutu, figuras asociadas a costumbres que buscaban influir en aquello que ningún sistema táctico puede controlar: la incertidumbre del resultado.

El duelo de brujos que marcó España 1982

Uno de los episodios más recordados ocurrió durante el Mundial de España 1982. Antes del partido entre Perú y Camerún, correspondiente a la fase de grupos, diversos relatos periodísticos señalaron que ambas delegaciones habían recurrido a prácticas espirituales para atraer la fortuna deportiva.

Según esas versiones, el conjunto africano habría contado con la intervención de un brujo, mientras que representantes peruanos acudieron a chamanes andinos para neutralizar cualquier supuesto maleficio. El entorno del estadio de Riazor, en A Coruña, fue señalado como escenario de aquellos rituales previos.

El encuentro terminó con empate sin goles y alimentó la narrativa de una batalla paralela fuera del terreno de juego. Nunca existieron pruebas de que aquellas ceremonias tuvieran efecto sobre el desarrollo del partido, pero el episodio quedó instalado como uno de los grandes mitos mundialistas y suele reaparecer cada vez que se habla de supersticiones en el fútbol.

Cábalas que sobrevivieron a los resultados

Las supersticiones no siempre estuvieron ligadas a prácticas esotéricas. En muchos casos se manifestaron como rutinas repetidas de manera obsesiva. Bilardo, seleccionador argentino campeón en México 1986, era conocido por mantener recorridos, horarios y hábitos cuando el equipo obtenía buenos resultados.

Después de perder frente a Camerún en el debut de Italia 1990, modificó parte de esas costumbres para intentar alterar la dinámica negativa.

El exguardameta Sergio Goycochea relató que orinó sobre el campo antes de la tanda de penaltis contra Yugoslavia en Italia 1990 porque no tuvo tiempo de llegar al vestuario.

Argentina avanzó de ronda y, cuando volvió a definirse desde los once metros en semifinales frente a Italia, repitió el gesto. La selección volvió a clasificarse y la anécdota adquirió dimensión de ritual.

Francia también dejó una de las imágenes más conocidas. Durante el Mundial de 1998, Laurent Blanc besaba la cabeza rapada de Fabien Barthez antes de cada partido. El equipo terminó levantando el título en París y aquella escena pasó a formar parte del archivo histórico del torneo.

Entre la obsesión personal y las leyendas urbanas

Algunas historias trascendieron el contexto mundialista, pero reflejan la necesidad de muchos deportistas de aferrarse a hábitos que les proporcionen seguridad emocional.

Jamie Vardy explicó en su autobiografía que recurría a una elevada ingesta de cafeína antes de competir, una preparación poco convencional que llamó la atención durante sus mejores temporadas.

Adrian Mutu fue vinculado a relatos sobre maleficios y llegó a asegurar que utilizaba la ropa interior al revés como protección simbólica.

Kolo Touré, por su parte, insistía en ser el último futbolista en ingresar al campo, incluso cuando esa costumbre generaba inconvenientes para su propio equipo.

Los aficionados también han trasladado estas creencias a las redes sociales mediante promesas, cadenas de mensajes o rituales colectivos para favorecer a sus selecciones.

La mayoría son expresiones inofensivas de fe deportiva. Otras, como el supuesto baño ritual de futbolistas en el río Zambezi publicado por la prensa local de Zimbabue en 2008, permanecen envueltas en versiones contradictorias y sin verificación concluyente.

Entre la razón y la superstición, el fútbol continúa acumulando historias que explican cómo la presión de los grandes torneos también se juega lejos del balón.

Ver más de Gente