El café y el té han tenido una gran importancia en la Historia.

El café llegó a estar prohibido mientras el té ya llevaba siglos entre emperadores: la historia de dos bebidas universales

Los restos hallados en una tumba imperial china sitúan el consumo de té hace más de 2.000 años, mientras que la historia documentada del café es mucho más reciente y estuvo marcada por los sufíes

·

Hoy resulta difícil imaginar al té y al café fuera de la vida cotidiana, pero reconstruir cómo comenzaron a beberse conduce a dos historias muy distintas.

En China, las pruebas arqueológicas permiten situar el té en época de la dinastía Han, mientras que el rastro documental del café se vuelve sólido muchos siglos después, ligado a Yemen y al mundo islámico.

En ambos casos, las leyendas se mezclaron durante siglos con unos registros históricos mucho más difíciles de interpretar.

Una tumba imperial aportó una de las pruebas más antiguas del té

Una investigación publicada en 2016 identificó restos de té procedentes del mausoleo del emperador Jing de Han, que gobernó China durante el siglo II a. C. Los análisis permitieron relacionar el material vegetal con el género Camellia, aunque no determinar con precisión la especie.

El descubrimiento proporcionó una evidencia física de que el té formaba parte de los productos consumidos en ambientes de la élite imperial china hace más de dos milenios. Existen indicios que apuntan a un uso todavía anterior, aunque establecer una cronología precisa resulta mucho más complicado.

Uno de los principales obstáculos está en las fuentes escritas. La palabra china que terminó utilizándose de forma habitual para designar el té apareció siglos después.

Los textos antiguos contienen términos relacionados con plantas amargas, pero los investigadores no siempre pueden determinar si esas referencias hablan realmente del té o de otros vegetales empleados con fines similares.

También parece que sus primeros usos no fueron necesariamente los que hoy asociamos con una taza de té. La planta estuvo vinculada a prácticas medicinales, mientras que resulta mucho más difícil establecer cuándo comenzó a apreciarse de forma específica por sus efectos estimulantes.

El café entra mucho más tarde en los registros históricos

La trayectoria del café presenta todavía más zonas de sombra. Coffea arabica tiene su origen en África oriental y está estrechamente relacionada con Etiopía y posteriormente con Yemen, pero las historias populares sobre su descubrimiento no constituyen pruebas históricas.

Entre ellas figura la conocida narración de Kaldi, un pastor etíope que habría observado un comportamiento especialmente activo en sus cabras después de que comieran determinados frutos.

Otra tradición atribuye el hallazgo al jeque Omar durante su estancia en Yemen. Son relatos transmitidos durante generaciones, pero no permiten fechar con seguridad el inicio del consumo.

Las evidencias históricas se vuelven más consistentes a partir del siglo XV. Una fuente posterior, compilada en 1587 por Abd al-Qadir al-Jazairi, atribuyó al jeque Jamal-al-Din al-Dhabhani la adopción de la costumbre de beber café hacia 1454.

Su consumo se extendió entre comunidades sufíes. El efecto estimulante de la bebida resultaba útil para mantenerse despierto durante largas prácticas religiosas, una característica que ayudó a impulsar su difusión.

Las cafeterías convirtieron el café en un problema para las autoridades

La expansión del café no quedó limitada a su función estimulante. Los establecimientos dedicados a servirlo se transformaron en espacios de reunión y sociabilidad, algo que despertó recelos entre determinadas autoridades políticas y religiosas.

En La Meca, el café llegó a ser prohibido temporalmente en 1511, aunque la medida acabó siendo revocada. En El Cairo también se registraron conflictos alrededor de las cafeterías durante el siglo XVI.

El debate no se centraba únicamente en los efectos de la bebida: preocupaba especialmente lo que ocurría alrededor de ella, porque aquellos locales reunían a grupos de hombres para conversar y participar en actividades sociales.

El fenómeno también alcanzó al Imperio otomano. A mediados del siglo XVI ya funcionaban cafeterías en Estambul, y su creciente popularidad estuvo acompañada por nuevas objeciones y restricciones.

Así, dos bebidas que actualmente forman parte de rutinas domésticas y comerciales siguieron caminos históricos muy diferentes.

El té dispone de una huella arqueológica que conduce hasta la China imperial, mientras que el café emerge con claridad mucho más tarde, asociado a Yemen, las comunidades sufíes y una nueva forma de encuentro social que no tardó en despertar la atención de las autoridades.

Ver más de Gente