El hospital medieval de Valencia que cambió para siempre la historia de la salud mental
Fundado en 1409 por el fraile Joan Gilabert Jofré, fue uno de los primeros centros especializados en atender a personas con enfermedades mentales
Durante la Edad Media, los hospitales cumplían funciones muy distintas a las actuales. Más que centros sanitarios, eran lugares de acogida para peregrinos, huérfanos, pobres y personas enfermas.
En ese contexto nació en Valencia una institución que marcaría un punto de inflexión en la atención a quienes padecían trastornos mentales.
Impulsado por el fraile Joan Gilabert Jofré, el Hospital de Ignoscents, Folls e Orats abrió sus puertas en 1409 con un planteamiento inédito para su tiempo: ofrecer refugio, cuidados y un trato más humano a un colectivo que hasta entonces solía ser objeto de marginación y violencia.
La creación de este hospital supuso una excepción en una época en la que el desconocimiento sobre las enfermedades mentales condicionaba profundamente la respuesta social.
Las personas que sufrían este tipo de trastornos eran con frecuencia consideradas poseídas o influenciadas por fuerzas sobrenaturales, una creencia que favorecía prácticas como el aislamiento, el encadenamiento o los exorcismos, además del abandono por parte de sus propias comunidades.
Valencia: un proyecto pionero frente a los prejuicios de la época
La iniciativa de Joan Gilabert Jofré surgió tras presenciar el maltrato que sufría una persona con enfermedad mental en las calles de Valencia.
A partir de ese episodio comenzó a defender públicamente la necesidad de ofrecer protección a quienes padecían este tipo de dolencias, alejándose de las explicaciones supersticiosas que predominaban en buena parte de la sociedad medieval.
El resultado fue la fundación del Hospital de Ignoscents, Folls e Orats, considerado uno de los primeros hospitales especializados en salud mental de Europa occidental. Solo el Hospital de Bethlem, en Londres, cuenta con un origen anterior entre los centros dedicados específicamente a este tipo de pacientes.
Aunque el concepto de asistencia médica de comienzos del siglo XV era muy diferente al actual, el hospital valenciano introdujo una organización que buscaba mejorar las condiciones de vida de los enfermos mediante alojamiento estable, alimentación y atención continuada.
La institución también representó un cambio en la percepción de estas personas, que pasaban de ser rechazadas por la sociedad a recibir cuidados dentro de un espacio específicamente diseñado para ellas.
Un modelo de atención que fue referente durante siglos
El funcionamiento del hospital iba más allá del simple alojamiento. La atención combinaba cuidados físicos con actividades destinadas a favorecer el bienestar cotidiano de los internos.
Entre ellas figuraban distintos trabajos adaptados a las posibilidades de cada paciente, como labores agrícolas, artesanales o de costura, entendidas entonces como una forma de mantener la actividad y favorecer la convivencia.
La dimensión religiosa también ocupaba un lugar importante, como ocurría en la mayoría de instituciones asistenciales medievales.
El proyecto impulsado por Jofré destacó por incorporar una visión más respetuosa hacia las personas afectadas por enfermedades mentales, alejándose parcialmente del trato exclusivamente represivo que predominaba en otros lugares.
Los primeros años no estuvieron exentos de dificultades económicas. El hospital dependía inicialmente de las aportaciones de sus fundadores y de las limosnas de la población.
Esa situación comenzó a cambiar en 1414, cuando el rey Fernando de Antequera autorizó la creación de la Cofradía de Nostra Dona Sancta María dels Ignoscents. Esta organización asumió buena parte de la financiación del centro y amplió sus funciones asistenciales, incluyendo el acompañamiento a condenados a muerte y la sepultura de personas sin recursos o sin identificar.
El legado de un hospital que todavía permanece en Valencia
Con el paso de las décadas, el hospital valenciano alcanzó un notable prestigio y sirvió como referencia para la creación de otros establecimientos similares en ciudades como Zaragoza, Sevilla, Palma de Mallorca, Granada o Barcelona.
Su influencia también quedó reflejada en la literatura. Siglos después, Lope de Vega inmortalizó la fama del centro en su obra Los locos de Valencia, donde describía el cuidado que recibían los pacientes ingresados.
La mayor parte del edificio original desapareció con el tiempo, aunque todavía se conservan algunos elementos históricos, entre ellos la portada gótica y una de las antiguas enfermerías.
El espacio forma hoy parte de la Biblioteca Pública Provincial de Valencia, un uso completamente distinto al que tuvo durante siglos, pero que mantiene viva la memoria de una institución considerada fundamental en la evolución de la atención a la salud mental en España.
Más de seiscientos años después de su fundación, el Hospital de Ignoscents, Folls e Orats continúa ocupando un lugar destacado en la historia de la medicina y de la asistencia social.
Su creación representó uno de los primeros intentos documentados de ofrecer una respuesta organizada y relativamente humanizada a las enfermedades mentales en una época dominada por los prejuicios y el desconocimiento, dejando un legado que trascendió las fronteras de Valencia y contribuyó a transformar progresivamente la forma de entender estos trastornos en Europa.