Leonardo Torres Quevedo, el gran inventor español.

El ingeniero español que se adelantó décadas a la inteligencia artificial y otros inventos sorprendentes

Leonardo Torres Quevedo, el inventor español que se adelantó al mando a distancia, la informática y los teleféricos modernos

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Mientras nombres como Edison, Tesla o Marconi ocupan capítulos enteros en la historia de la tecnología, el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo permanece en un segundo plano pese a haber desarrollado inventos decisivos para la aeronáutica, la automatización y el control remoto.

Nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria) en 1852, el creador del primer teleférico moderno para pasajeros, de uno de los primeros autómatas capaces de jugar al ajedrez y del antecedente directo del mando a distancia murió en Madrid en 1936 sin alcanzar el reconocimiento internacional reservado a otros científicos de su época.

El ingeniero español que revolucionó el transporte aéreo

Formado en ingeniería en Bilbao y París, Torres Quevedo ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid en 1871.

Desde finales del siglo XIX empezó a desarrollar proyectos que combinaban matemáticas, mecánica y electricidad en una época en la que España apenas figuraba en el mapa científico europeo.

Uno de sus trabajos más conocidos fue el transbordador aéreo, un sistema de transporte suspendido por cables que hoy se considera precursor del teleférico moderno.

Su primera patente llegó en 1890, aunque inicialmente fue rechazada en Suiza. Lejos de abandonar el proyecto, continuó perfeccionándolo hasta lograr una instalación que acabaría convirtiéndose en una referencia mundial.

En 1916 se inauguró el Spanish Aerocar sobre las cataratas del Niágara, en Canadá, construido a partir de sus diseños. La estructura, impulsada por ingenieros y empresarios vascos, permitía transportar pasajeros a unos 60 metros de altura sobre el río. Más de un siglo después sigue funcionando y nunca ha registrado un accidente grave.

El sistema ideado por Torres Quevedo incorporaba varios cables de soporte para mejorar la estabilidad y reducir riesgos, una innovación clave frente a otros modelos de la época.

Su diseño permitió cubrir distancias mayores y operar con más seguridad en condiciones meteorológicas complicadas.

La relevancia de este proyecto fue mucho más allá del turismo. Demostró que la ingeniería española podía competir con las grandes potencias industriales en un momento marcado por el predominio tecnológico de Francia, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos.

El inventor del primer mando a distancia y del ajedrez automatizado

Otra de las aportaciones decisivas de Torres Quevedo fue el Telekino, presentado en París en 1903. El dispositivo permitía controlar máquinas a distancia mediante ondas electromagnéticas y está considerado el primer sistema de control remoto funcional de la historia.

El ingeniero español logró patentar el invento en España, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Su idea original estaba orientada al control de dirigibles y vehículos sin intervención directa del operador, décadas antes de que el mando a distancia se popularizara en aparatos domésticos o sistemas militares.

La demostración más conocida tuvo lugar en el puerto de Bilbao, donde consiguió dirigir un bote desde tierra sin tripulación a bordo. El experimento causó impacto en la comunidad científica internacional porque anticipaba conceptos que hoy forman parte de tecnologías cotidianas como drones, robots o sistemas inalámbricos.

Años después desarrolló otro aparato que también terminó entrando en la historia de la computación: El Ajedrecista. Presentado oficialmente en 1914, el dispositivo era capaz de jugar automáticamente un final de ajedrez gracias a un sistema electromecánico de relés y sensores.

La máquina movía las piezas sin ayuda humana y respondía a los movimientos del rival de forma autónoma. Muchos historiadores la consideran el primer juego de ordenador de la historia y uno de los antecedentes más claros de la inteligencia artificial.

Dirigibles, calculadoras y una figura olvidada en España

La actividad de Torres Quevedo no se limitó al transporte ni a la automatización. También desarrolló máquinas algebraicas capaces de resolver ecuaciones de segundo grado mediante mecanismos analógicos. Sus calculadoras funcionaban utilizando movimientos físicos y sistemas electromagnéticos para representar operaciones matemáticas.

Estos trabajos fueron pioneros en el desarrollo del cálculo automático y anticiparon conceptos que décadas más tarde aparecerían en la informática moderna.

En paralelo, el ingeniero cántabro impulsó el desarrollo de los dirigibles Astra-Torres, utilizados por fuerzas armadas de varios países europeos y asiáticos.

Frente a los grandes Zeppelines rígidos, sus aeronaves flexibles ofrecían más estabilidad y maniobrabilidad gracias a una estructura interna dividida en compartimentos.

Francia, Reino Unido y Japón incorporaron estos modelos a sus operaciones militares durante las primeras décadas del siglo XX, consolidando a Torres Quevedo como una referencia internacional en aeronáutica.

Pese a la dimensión de sus avances, su nombre nunca alcanzó la popularidad de otros inventores contemporáneos. El contexto de una España alejada de los grandes centros industriales europeos y el escaso reconocimiento histórico a la ciencia nacional contribuyeron a relegar su figura durante décadas.

Leonardo Torres Quevedo murió en Madrid el 18 de diciembre de 1936, pocos días antes de cumplir 84 años.

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