Este es el pueblo de Cantabria conocido por sus tres mentiras: ni es santa, ni es llana ni tiene mar
A pocos kilómetros de su casco histórico se encuentra además uno de los grandes tesoros prehistóricos de España: Altamira.
Hay nombres de lugares que describen con bastante precisión lo que el viajero encontrará al llegar. El de Santillana del Mar juega en otra liga. Esta localidad de Cantabria, ligada a Santa Juliana y estrechamente relacionada con la cueva de Altamira, arrastra desde hace años un curioso apodo: el pueblo de las tres mentiras.
La explicación se ha convertido en uno de esos juegos populares fáciles de recordar. Santillana, según la frase, «ni es santa, ni es llana, ni tiene mar». Basta recorrer su casco histórico y mirar un mapa para entender buena parte de la broma.
Lo curioso es que detrás del ingenio hay una localidad cuyo patrimonio va mucho más allá de esa anécdota. Calles empedradas, construcciones históricas y un entorno de colinas y praderas forman parte de un municipio que conserva una fuerte identidad vinculada a su pasado.
Las tres "mentiras" escondidas en Santillana del Mar
La primera parte del juego afecta a la supuesta santidad de Santillana. El nombre está relacionado históricamente con Santa Juliana, figura estrechamente vinculada a la localidad y a su colegiata. No significa, por tanto, que el pueblo sea literalmente «santo».
La segunda aparece nada más caminar por sus calles. Quien espere encontrar un núcleo completamente plano descubrirá un terreno con desniveles. El propio entorno de Altamira permite observar un paisaje de colinas verdes y praderas alrededor de la villa, según describe el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira.
Y queda el mar. Aunque forma parte de su nombre y la costa cántabra está próxima, el casco histórico de Santillana del Mar no se levanta frente a una playa ni junto al Cantábrico.
De ahí sale la conocida combinación que ha sobrevivido como una de las curiosidades asociadas al municipio: ni santa, ni llana, ni directamente situada al borde del mar.
Un casco histórico que explica por qué atrae a tantos viajeros
El juego con el nombre puede servir como primera presentación, pero Santillana se entiende mejor caminando. La piedra domina buena parte de la imagen de su núcleo histórico, donde las calles conducen entre edificios de distintas épocas y rincones que mantienen una marcada estética tradicional.
La Colegiata de Santa Juliana es uno de los elementos esenciales para comprender la historia de la villa y también la evolución de su propio nombre. A su alrededor se articula uno de los conjuntos urbanos más reconocibles de Cantabria.
El Ayuntamiento define actualmente Santillana del Mar como una villa donde conviven historia, patrimonio, naturaleza y vida cotidiana, y subraya la intención de preservar esa identidad mientras el municipio continúa desarrollándose.
Pero hay otro nombre inevitable cuando se habla de este lugar. Está en las afueras y ha conseguido que Santillana del Mar aparezca en libros de historia y arqueología de todo el mundo.
Altamira, el tesoro prehistórico situado junto a la villa
La cueva de Altamira convierte el entorno de Santillana en un enclave excepcional. El Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira está situado en una zona elevada desde la que pueden contemplarse el paisaje cántabro, la villa y, hacia el norte, las colinas que preceden a la costa.
La importancia del yacimiento ha obligado durante décadas a buscar un equilibrio entre divulgación y conservación. El actual museo fue creado en 1979 precisamente para mejorar la gestión y protección de la cueva.
Su exposición permanente permite aproximarse a las sociedades de cazadores-recolectores que vivieron en este territorio y la Neocueva reproduce Altamira para facilitar su conocimiento sin someter el original a una presión continua de visitantes.
Esa protección continúa incorporando nuevas herramientas. En junio de 2026, el Ministerio de Cultura anunció la realización de un «gemelo digital» de Altamira, un proyecto de más de 374.600 euros que integra geometría tridimensional, información geoespacial y datos procedentes de sensores ambientales para reforzar el estudio y conservación de la cavidad.
Así, detrás del pueblo de las «tres mentiras» aparece una realidad bastante más interesante que el juego de palabras: una pequeña villa histórica rodeada por el paisaje verde de Cantabria y situada junto a uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del patrimonio español.