Qué pasaría si naciera un neandertal hoy: probablemente sería muy distinto de lo que imaginas
¿Podría nacer un neandertal en pleno siglo XXI? La genética ha avanzado, pero el gran obstáculo está más allá del ADN
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La secuenciación del genoma neandertal permite conocer como nunca antes a nuestros parientes extintos, aunque convertir esa información genética en el nacimiento de un individuo plantea enormes dificultades técnicas, legales y éticas.
La posibilidad de que un neandertal volviera a nacer parece reservada a la ciencia ficción, pero tiene un punto de partida científico real. El trabajo desarrollado durante décadas por Svante Pääbo y otros especialistas ha permitido reconstruir genomas de estos homínidos y compararlos con el de Homo sapiens.
Eso no significa que la ciencia disponga hoy de un procedimiento para traerlos de vuelta. Entre conocer su ADN y conseguir el nacimiento de un individuo existe una distancia enorme, marcada por problemas biológicos y por una cuestión todavía más difícil: qué derechos y protección tendría ese ser humano.
El genoma neandertal cambió lo que sabemos de nuestra propia especie
Uno de los avances decisivos llegó en 2010, cuando el equipo de Pääbo publicó una primera secuencia del genoma neandertal. El trabajo abrió una nueva etapa en el estudio de la evolución humana y permitió demostrar algo especialmente relevante: neandertales y humanos modernos no fueron poblaciones completamente aisladas.
Hubo cruces entre ambos grupos y aquella relación todavía puede rastrearse en personas actuales. El Comité Nobel señala que aproximadamente entre el 1% y el 4% del genoma de personas con ascendencia europea o asiática procede de los neandertales. Investigaciones posteriores han permitido precisar cada vez mejor cuándo se produjo esa mezcla.
Pääbo recibió en 2022 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos sobre los genomas de homínidos extintos y la evolución humana.
Sus investigaciones también hicieron posible identificar a los denisovanos a partir de material genético y comprobar que aquellas poblaciones dejaron igualmente huellas en nuestra especie.
Disponer de estas secuencias, sin embargo, no equivale a conservar las células intactas de un neandertal. El ADN recuperado de restos de decenas de miles de años está degradado y puede sufrir contaminación, precisamente uno de los grandes problemas que tuvo que superar la paleogenómica para reconstruir esos genomas.
Reconstruir ADN no significa poder fabricar un neandertal
La hipótesis de una futura “desextinción” humana suele plantearse a partir de técnicas de edición genética. En lugar de una clonación convencional —para la que sería necesaria una célula viable—, una posibilidad teórica consistiría en modificar un genoma humano para aproximarlo progresivamente a una secuencia neandertal.
Pero la diferencia entre una posibilidad conceptual y un procedimiento clínico seguro es considerable. No basta con disponer de una secuencia digital del genoma. Sería necesario saber qué modificaciones introducir, cómo interactuarían entre ellas y qué consecuencias tendrían durante el desarrollo embrionario.
Además, cualquier intento tendría implicaciones directas para un embrión y para la persona encargada de gestarlo. La incertidumbre biológica dejaría de afectar únicamente a un experimento de laboratorio para trasladarse a seres humanos.
La cuestión, por tanto, no es comparable sin más con los proyectos destinados a recuperar especies animales desaparecidas. Un neandertal pertenece a nuestro propio linaje evolutivo y mantiene una proximidad genética extraordinaria con Homo sapiens. El propio trabajo de Pääbo demostró hasta qué punto ambas poblaciones estuvieron conectadas.
El verdadero dilema comenzaría después del nacimiento
Incluso si la tecnología llegara algún día a superar esas barreras, quedaría pendiente la pregunta más complicada: para qué hacerlo.
Un neandertal nacido ahora no crecería en la Eurasia del Paleolítico. Se desarrollaría en una sociedad contemporánea, aprendería de las personas de su entorno y estaría expuesto a una cultura completamente distinta de aquella en la que vivieron sus antepasados.
Pretender utilizar su comportamiento para reconstruir directamente cómo eran los neandertales prehistóricos tendría, por ello, importantes limitaciones.
También surgirían cuestiones relacionadas con su identidad, intimidad, educación y autonomía. Crear deliberadamente un individuo para estudiarlo convertiría el debate científico en un problema ético de primera magnitud.
La paleogenómica ya permite investigar a los neandertales sin necesidad de llegar a ese escenario. Sus genes incluso continúan formando parte de poblaciones humanas actuales y algunas variantes heredadas de homínidos extintos tienen efectos fisiológicos que siguen siendo objeto de investigación.
La ciencia ha conseguido así algo que hace unas décadas parecía improbable: leer una parte fundamental de la historia genética de una humanidad desaparecida. Hacer que uno de aquellos individuos vuelva a nacer es una cuestión completamente diferente.