Avión estrellado en los Andes y algunos de los supervivientes.

Estuvieron 72 días atrapados en los Andes: la decisión que les permitió seguir vivos

La tragedia de los Andes: cómo 16 supervivientes resistieron 72 días aislados en la montaña

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La historia del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya sigue siendo uno de los episodios de supervivencia más estudiados del siglo XX.

El 13 de octubre de 1972, un avión Fairchild FH-227D que transportaba a jugadores y acompañantes del club de rugby Old Christians de Montevideo se estrelló en plena cordillera de los Andes cuando se dirigía a Santiago de Chile.

De las 45 personas que viajaban a bordo, solo 16 lograron sobrevivir tras permanecer 72 días aisladas entre la nieve y las bajas temperaturas. La reciente popularidad de la película

La sociedad de la nieve ha vuelto a situar en primer plano una historia que va mucho más allá del accidente aéreo y que sigue generando interés por las decisiones extremas que tuvieron que tomar sus protagonistas.

Un error de navegación y un impacto devastador en los Andes

La aeronave había partido desde Montevideo y realizó una escala en Mendoza debido a las malas condiciones meteorológicas. Cuando el vuelo se reanudó, los pilotos continuaron atravesando una zona de intensa nubosidad sobre los Andes.

Según las reconstrucciones posteriores, la tripulación creyó haber superado un punto clave de la ruta y comenzó el descenso antes de tiempo. En realidad, el avión seguía sobre una región montañosa.

El error resultó fatal. La aeronave chocó contra varias elevaciones y terminó desintegrándose en la montaña. La cola se separó del fuselaje y las alas quedaron dispersas por la nieve. Varios pasajeros murieron en el impacto y otros fallecieron durante las horas y días posteriores debido a las heridas sufridas.

Los supervivientes quedaron atrapados a más de 3.500 metros de altitud, rodeados por montañas y con escasas posibilidades de ser localizados.

Las temperaturas bajo cero, la falta de equipamiento adecuado y la escasez de alimentos transformaron rápidamente el accidente en una crisis de supervivencia.

Durante los primeros días confiaron en que los equipos de rescate los encontrarían. Sin embargo, el fuselaje blanco se confundía con el paisaje nevado y los aviones que sobrevolaban la zona no lograban detectarlos. Cuando escucharon por radio que la búsqueda oficial había sido suspendida, comprendieron que estaban solos.

La decisión que marcó la supervivencia del grupo en los Andes

Los víveres recuperados del avión apenas incluían algunas conservas, chocolate, galletas y bebidas. Las raciones fueron distribuidas cuidadosamente, pero resultaban insuficientes para sostener durante semanas a más de veinte personas. La situación obligó al grupo a enfrentarse a una decisión que acabaría convirtiéndose en el aspecto más conocido de la tragedia.

Ante la ausencia total de alimentos y el riesgo inminente de morir de inanición, los supervivientes acordaron utilizar los cuerpos de quienes habían fallecido en el accidente.

La decisión fue colectiva y estuvo precedida por intensos debates morales y religiosos. Muchos de ellos interpretaron aquel gesto como un acto de entrega mutua para permitir que otros continuaran viviendo.

Los testimonios recogidos posteriormente describen el enorme impacto psicológico de aquella medida. Sin embargo, también muestran que la prioridad era conservar fuerzas para resistir y, eventualmente, intentar escapar de la montaña.

Con el paso de los días, la supervivencia dependió tanto de la organización del grupo como de la capacidad para mantener la disciplina y evitar el colapso físico.

La expedición que consiguió el rescate en los Andes

El punto de inflexión llegó después de un alud que causó nuevas víctimas entre los supervivientes. A partir de entonces se intensificaron los intentos por encontrar una salida.

Tras varias exploraciones fallidas, Fernando Parrado y Roberto Canessa emprendieron una marcha decisiva a través de la cordillera.

Durante días avanzaron por un terreno extremadamente hostil hasta alcanzar zonas habitadas. El 21 de diciembre de 1972 fueron vistos por el arriero chileno Sergio Catalán, quien avisó a las autoridades.

La noticia permitió organizar el rescate de quienes permanecían en el lugar del accidente. Al día siguiente, helicópteros chilenos evacuaron a los supervivientes restantes.

La tragedia de los Andes pasó de ser un accidente aéreo a convertirse en un caso histórico de resistencia humana. Más de cinco décadas después, los relatos de quienes regresaron con vida siguen siendo una referencia para comprender hasta dónde puede llegar una persona cuando la supervivencia depende de decisiones extremas y del apoyo del grupo.

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