Esqueleto en una tumba romana.
Tumba romana con el "Frankenstein".

Hallan el 'Frankenstein' romano, un cadáver creado con huesos de siete individuos

El “Frankenstein” romano que desconcierta a Europa: arqueólogos descubren un cuerpo formado por siete personas

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Un hallazgo arqueológico en Pommerœul, actual Bélgica, ha reabierto el debate sobre los rituales funerarios en la antigüedad. Lo que durante décadas se consideró la sepultura de un solo individuo de época romana resultó ser una construcción deliberada compuesta con restos humanos de al menos siete personas distintas.

El descubrimiento, avalado por análisis científicos recientes, revela una práctica excepcional que une el mundo neolítico con la era galo-romana.

El "Frankenstein" romano: una tumba distinta a todas las demás

La conocida como tumba 26 fue localizada en los años setenta durante una campaña arqueológica en Pommerœul, dentro del municipio de Bernissart.

En la zona aparecieron 76 enterramientos por cremación fechados entre los siglos II y III después de Cristo, además de una única sepultura por inhumación. Esa singularidad ya llamó la atención de los investigadores.

La tumba se encontraba en un estrato más profundo que las demás, lo que sugería una cronología anterior. Sin embargo, la presencia de una aguja de hueso romana cerca del cráneo llevó a pensar que pertenecía al período imperial. Esa mezcla de indicios cronológicos convirtió el enterramiento en un enigma desde el primer momento.

También sorprendió la posición del cadáver. Mientras los difuntos romanos solían depositarse boca arriba y con las piernas extendidas, este esqueleto aparecía encogido, con una postura flexionada más propia de enterramientos del Neolítico tardío o de la Edad del Bronce. Aquella anomalía impulsó nuevas investigaciones décadas después.

La ciencia confirma un esqueleto ensamblado

Un equipo internacional formado por 14 especialistas aplicó técnicas de arqueología funeraria, análisis osteológico, ADN antiguo y datación por radiocarbono para resolver el misterio. Los resultados fueron concluyentes: los huesos no pertenecían a una sola persona.

Los expertos determinaron que los restos correspondían, como mínimo, a siete individuos diferentes. Entre los fragmentos más antiguos y los más recientes existía una separación temporal de unos 2.500 años. El cráneo fue fechado en época romana, mientras que gran parte del resto del cuerpo pertenecía a momentos mucho más antiguos.

El estudio también detectó que varios huesos habían sido colocados sin conexión anatómica natural. Es decir, no estaban unidos como en un cuerpo real, sino dispuestos manualmente. Esa circunstancia apunta a una manipulación intencionada y no a un simple traslado accidental de restos mezclados por el paso del tiempo.

Las pruebas genéticas reforzaron esa hipótesis. Los individuos representados en la tumba no compartían parentesco directo, lo que descarta la idea de un enterramiento familiar reutilizado. Todo indica que alguien reunió huesos de personas ajenas entre sí para crear una figura humana simbólica.

El posible ritual detrás del “Frankenstein” romano

Los investigadores manejan varias interpretaciones sobre el motivo de este ensamblaje funerario. Una de las más sólidas sostiene que, durante el período romano, comunidades locales reabrieron una tumba neolítica existente y reorganizaron los restos hallados en su interior. Después habrían añadido un cráneo contemporáneo para completar el cuerpo.

Otra posibilidad es que se buscara crear un ancestro simbólico. En muchas sociedades antiguas, los restos humanos tenían valor ritual y servían para legitimar linajes, reforzar la memoria colectiva o establecer vínculos con los antepasados. Bajo esa lógica, unir huesos de diferentes épocas habría sido una forma de representar continuidad entre generaciones.

La postura encogida del cuerpo refuerza esa lectura. Reproduce modelos funerarios mucho más antiguos que los habituales en tiempos romanos, lo que sugiere una mirada consciente hacia tradiciones del pasado. No sería una casualidad, sino un gesto cargado de significado cultural.

Casos parecidos se han documentado en lugares como Cladh Hallan y Cnip Headland, en Escocia, donde también aparecieron cuerpos compuestos con restos de varias personas. Sin embargo, el hallazgo belga destaca por producirse en un contexto romano claramente identificado.

La tumba 26 demuestra que los cementerios antiguos aún guardan secretos capaces de cambiar la visión histórica. Lejos de ser una rareza macabra, este “Frankenstein” romano ofrece una pista valiosa sobre cómo algunas comunidades entendían la muerte, la memoria y la relación con sus ancestros.