La increíble historia de la primera vacuna, de esta forma comenzó la batalla que salvó millones de vidas
De la vaca a la vacuna: la historia del invento que cambió para siempre la salud de la humanidad
Hace más de dos siglos, un hallazgo científico revolucionó la medicina y transformó la historia de la humanidad. En el año 1796, el médico inglés Edward Jenner, movido por la observación y la curiosidad, descubrió que las personas que habían contraído la viruela vacuna —una versión que es leve de la enfermedad que afectaba al ganado— no enfermaban de viruela humana, una dolencia mortal que asolaba Europa en el siglo XVIII.
Aquel experimento tan rudimentario dio origen a la primera vacuna de la historia y sentó las bases de una de las herramientas más poderosas jamás desarrolladas por la ciencia: la inmunización.
La Europa de la época vivía un contexto crítico. El crecimiento demográfico, la expansión de las ciudades así como de las malas condiciones higiénicas creaban el caldo de cultivo perfecto para epidemias devastadoras.
La viruela, con una tasa de mortalidad de hasta el 30%, dejaba cicatrices físicas muy evidentes y emocionales en millones de personas. Jenner, considerado hoy el padre de la inmunología, decidió inocular a un niño con el virus de la viruela vacuna y comprobar su resistencia frente a la enfermedad humana.
El éxito fue inmediato, y en el año 1798 publicó sus resultados, cambiando para siempre la medicina preventiva.
El invento de Jenner no tardó en expandirse. En el año 1800, apenas cuatro años después del primer experimento, la vacuna llegó a España, y pocos años más tarde, el país protagonizó una de las gestas médicas más notables de la historia: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.
Dirigida por Francisco Javier Balmis y José Salvany, partió en el año 1803 desde La Coruña para llevar la vacuna a los territorios del Imperio español, desde América hasta Filipinas. La hazaña, que duró cinco años, se realizó con un método insólito puesto que la vacuna se transportó viva, inoculando de brazo en brazo a un grupo de niños huérfanos que la mantuvieron activa durante el viaje.
Merced a esta expedición, la inmunización contra la viruela se extendió a miles de personas en América y Asia, y se fundaron Juntas Centrales de Vacuna que institucionalizaron la práctica. Fue, sin duda alguna, uno de los primeros programas globales de salud pública, y un símbolo del poder de la ciencia aplicada al bienestar colectivo.
De Jenner a Pasteur: el nacimiento de la era bacteriológica
El siglo XIX trajo una nueva revolución. El afamado químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur descubrió que la inoculación de microorganismos atenuados podía generar protección frente a enfermedades mortales.
En el año 1885, desarrolló la vacuna contra la rabia, marcando un antes y un después en la investigación médica. Pronto le siguieron las vacunas contra el tifus, la peste y el cólera, una enfermedad que azotó España por última vez en 1893.
A pesar de los temores iniciales y de la falta de control en los métodos de producción —por entonces era de una forma y carácter artesanal—, los resultados demostraron su eficacia. Ya en las primeras décadas del siglo XX aparecieron vacunas contra otras enfermedades tales como la difteria, la tosferina y la tuberculosis, enfermedades que durante siglos habían diezmado poblaciones enteras.
El progreso científico del siglo XX consolidó la vacunación como pilar de la salud pública en todo el mundo. La aparición de la vacuna contra la poliomielitis en el año 1955 marcó un hito: la enfermedad, que provocaba parálisis y muerte, fue prácticamente erradicada en gran parte del mundo.
En las décadas siguientes llegaron las vacunas contra otras enfermedades como el sarampión, las paperas, la varicela y la hepatitis B, ampliando la protección a millones de niños y adultos.
A pesar de los movimientos antivacunas y la desinformación que ocasionalmente resurgen, los datos son incuestionables y es que junto con el acceso al agua potable y la mejora de la higiene, las vacunas son responsables del mayor aumento en la esperanza de vida registrado por la humanidad.
La pandemia de COVID-19 recordó al mundo la importancia de todo ello ya que la rápida creación de vacunas basadas en tecnología de ARN mensajero demostró que la innovación sigue siendo la mejor herramienta frente a las amenazas sanitarias globales.
Más de 200 años después del experimento de Jenner, las vacunas siguen siendo hoy el símbolo máximo de la solidaridad científica -con el permiso de las farmacéuticas- un invento nacido de la observación rural que se convirtió en el mayor escudo de la humanidad frente a la enfermedad.