Albert Einstein y sus estudios sobre los animales.

La carta inédita de Albert Einstein que anticipó uno de los mayores descubrimientos sobre los animales

Un documento escrito en 1949 revela que el físico ya contemplaba la posibilidad de que algunas especies percibieran fenómenos invisibles para el ser humano

·

Mucho antes de que la Ciencia demostrara que algunos animales pueden detectar el campo magnético terrestre, la radiación infrarroja o los campos electromagnéticos, Albert Einstein ya consideraba que ese tipo de capacidades podían existir.

Una carta escrita por el físico en el mes octubre del año 1949, recuperada décadas después por un grupo de investigadores, muestra que imaginó la existencia de procesos sensoriales desconocidos en determinadas especies cuando todavía no había pruebas experimentales que los respaldaran.

El documento fue convenientemente analizado por un equipo dirigido por Adrian G. Dyer, perteneciente a la Universidad de Monash, en Australia, cuyos resultados se publicaron en la revista científica Journal of Comparative Physiology A.

La correspondencia aporta una nueva perspectiva sobre el interés que tenía Albert Einstein por disciplinas alejadas de la física teórica y refleja cómo relacionaba el estudio del comportamiento animal con posibles avances en el conocimiento de la naturaleza.

Albert Einstein y una reflexión adelantada a su época

La carta es una respuesta enviada por Einstein al ingeniero Glyn Davys. Aunque el escrito original de Davys no ha podido localizarse, la respuesta del científico sí se conserva y contiene una reflexión que hoy resulta especialmente llamativa.

En ella, Einstein planteó que el estudio de las aves migratorias y de las palomas mensajeras podría conducir algún día al descubrimiento de procesos físicos todavía desconocidos.

En aquel momento, esa idea carecía de respaldo experimental, ya que la existencia de mecanismos biológicos para detectar el magnetismo terrestre no se demostraría hasta varias décadas más tarde.

Hoy se sabe que numerosas especies poseen capacidades sensoriales que los humanos no comparten. Las serpientes son capaces de localizar presas mediante la radiación infrarroja que emiten sus cuerpos, mientras que los tiburones detectan débiles campos eléctricos y electromagnéticos generados por otros organismos.

Las aves migratorias, por su parte, utilizan información relacionada con el campo magnético terrestre para orientarse durante sus desplazamientos.

Precisamente esta última capacidad comenzó a documentarse con evidencias experimentales muchos años después de que Einstein escribiera aquella carta.

La influencia de Karl von Frisch y el estudio de las abejas

Los investigadores también destacan la importancia que tuvo Karl von Frisch, pionero en el estudio del comportamiento de las abejas y fundador de la propia revista donde apareció el trabajo sobre la carta.

Einstein conocía personalmente al científico y había asistido a algunas de sus conferencias en la Universidad de Princeton. En aquella época, Von Frisch investigaba cómo las abejas utilizaban los patrones de polarización de la luz para orientarse, un descubrimiento que revolucionó el conocimiento sobre la percepción animal.

Ese contexto ayuda a entender el contenido de la correspondencia. A mediados del siglo XX comenzaban a converger disciplinas como la biología, la física y la ingeniería.

Al mismo tiempo avanzaban las investigaciones sobre la ecolocalización de los murciélagos y el desarrollo de tecnologías como el radar, un campo relacionado con la actividad profesional de Davys.

Los autores del estudio consideran que ese entorno científico pudo favorecer el intercambio de ideas entre ambos, así como la intuición de Einstein sobre la existencia de capacidades sensoriales aún desconocidas.

De una hipótesis a aplicaciones tecnológicas actuales

Setenta años después de aquella carta, la investigación sobre los llamados "supersentidos" animales continúa ofreciendo resultados relevantes. Aunque todavía existen incógnitas sobre los mecanismos exactos mediante los que distintas especies perciben el magnetismo o determinadas formas de luz, ese conocimiento ya tiene aplicaciones fuera del ámbito de la zoología.

Los científicos señalan que comprender cómo funcionan estos sistemas biológicos puede servir de inspiración para desarrollar nuevas tecnologías. La denominada ingeniería bioinspirada toma como referencia soluciones presentes en la naturaleza para mejorar sensores, sistemas de navegación o dispositivos ópticos.

El trabajo también pone de relieve una faceta menos conocida de Einstein. Además de revolucionar la física con la teoría de la relatividad, el Nobel alemán mostró un interés constante por otras áreas del conocimiento y mantuvo una actitud abierta hacia preguntas que entonces parecían imposibles de responder.

La carta recuperada no demuestra que predijera de forma precisa los descubrimientos posteriores, pero sí evidencia que contempló seriamente la posibilidad de que los animales percibieran aspectos del entorno inaccesibles para los sentidos humanos.

Décadas después, la investigación confirmó que esa intuición tenía una base sorprendentemente cercana a la realidad y abrió nuevas líneas de estudio sobre cómo la evolución ha dotado a muchas especies de herramientas sensoriales que aún siguen siendo objeto de investigación.

Ver más de Gente